domingo, 26 de abril de 2009

LA HIERBA DE MERCURIO, EL HINOJO

El hinojo (en griego, márathos, en latín foeniculum vulgare), considerado la "hierba de Mercurio" junto a la lavanda, la valeriana y la verónica, era una de las plantas medicinales más utilizada en la antigüedad para mejorar la visión. Además era considerado el alimento de los dioses por adquirir conocimiento gracias a su consumo.



Sabemos por las fuentes que el conocimiento de sus virtudes para la vista procede de la contemplación de la naturaleza, al ver que las serpientes utilizan esta hierba para frotarse los ojos. En este sentido nos cuenta Plinio, VIII, 99: “La serpiente, cubierta con una membrana durante su letargo invernal, se desprende de ésta cuando se hace un estorbo con jugo de hinojo y aparece brillante en primavera. Comienza a desprenderse de ella por la cabeza y tarda por lo menos un día y unan noche, dándole la vuelta de forma que la parte de la membrana que había estado hacia dentro esté ahora hacia fuera. El mismo animal, al nublarse su vista en el escondite de invierno, se aplica como ungüento, frotándose con los ojos con ella, la hierba marathum y recupera la visión.”

Así pues, esta hierba era utilizada por los hombres para remediar sus problemas visuales: “El zumo exprimido de los tallos y de las hojas, secado al sol, se usa útilmente en los fármacos oftálmicos que sirven para la agudeza visual.

Se exprime, también con el mismo uso, el zumo de la simiente verde aún, con las hojas y con los retoños, y también, la raíz en su primer brote”.

“En la parte occidental de Iberia, el hinojo destila un zumo semejante a la goma. Los lugareños lo cortan por el medio del tallo en la floración y lo acercan al fuego, para que por medio del calentamiento, como una exudación, secrete la goma. Ésta es más eficaz que el zumo para las medicinas oftálmicas.” Dioscórides, III, 70.


Sabemos que en algunas civilizaciones las madres tras masticar flores de hinojo, escupen sobre los ojos de sus bebés para alejarles problemas visuales. Esta idea estaría vinculada a su utilización mágica y para ahuyentar el “mal de ojo” elaborando, durante la época medieval, el agua de San Juan (llamada así por aplicarle también el nombre de hierba de S. Juan). También se trenzaban coronas que se colgaban en las puertas durante el solsticio de verano para alejar los malos espíritus.

A su vez, tenía un uso vigorizante entre los soldados romanos, utilización que podemos leer en el libro del Kamasutra para dar vigor sexual al mezclar su jugo en partes iguales con miel, regaliz, mateca, azúcar y leche.


Aunque sus principales cualidades eran la oftálmica y la mágica, también presentaba otros beneficios para la salud:

“Comida, tiene virtud de acrecentar la leche; también la simiente cocida en tisana o bebida”

“La decocción de su cima, bebida es conveniente para los dolores de riñones y para la vejiga, por ser diurética”

“Con vino se administra para las mordeduras de serpientes. […] Sus raíces, majadas y aplicadas como cataplasma con miel, curan las mordeduras caninas

“Provoca los menstruos y bebida con agua fría, aleja la náusea y el ardor de estómago en los procesos febriles” Dioscórides, III, 70

Como cualquier otra planta estaba vinculada a fiestas y divinidades; en el caso del hinojo aparece en la civilización griega unida a la fiesta de las Adonías, en honor a Adonis y cuyo objetivo primordial era la petición de lluvia durante el equinoccio de primavera. En esta celebración se plantaban semillas de hinojo en tiestos de barro que se colocaban alrededor de la efigie de Adonis. La fiesta daba su fin con el lanzamiento de las macetas al río. Su rápida germinación y envejecimiento por el calor estaba unida al fallecimiento y resurrección de Adonis.


También sabemos que esta planta simbolizaba la victoria y prosperidad por dos acontecimientos importantes. En primer lugar, Prometeo, protector de la humanidad que entregó el fuego a los hombres, se lo robó a los dioses en un tallo de hinojo, por lo que simboliza el triunfo del ingenio y del progreso.

En segundo lugar, nos cuenta la historia que los griegos vencieron a los Persas en Maratón sobre un campo de hinojos (de ahí su nombre en griego). Desde entonces, los vencedores coronaban sus cabezas con guirnaldas de hinojo.

Su uso culinario en la antigüedad era variado. Sus brotes y hojas se empleaban como verdura en ensaladas. Sus semillas como condimento, como por ejemplo, las aceitunas que se solían curtir en salmuera con hinojo, para aderezar con hinojo, perejil y semillas de adormidera los panes o para condimentar el vino tinto.

VINO DE HINOJO

Macerar 40 gr, de semillas de hinojo durante 15 días en un vino tinto. Colar y servir. El resultado es un vino aperitivo excelente.

Es muy aconsejable el consumo del hinojo por creerla transmisora de valentía y por prolongar la vida al ser muy diurética, antimicrobiana y antiséptica.


Plurimam salutem!

*Imágenes propias

jueves, 9 de abril de 2009

LECTISTERNIA





Durante estos días en la antigua Roma daban comienzo los Ludi Megalenses, una fiesta en honor a la diosa Cibeles, la madre de todos los dioses.


Esta festividad se realizó a partir del año 204 a.C, tras la Segunda Guerra Púnica, cuando el pueblo romano trajo desde Tracia, por indicación de los Libros Sibilinos, la estatua de la divinidad Mater Magna al tempo de la Victoria en el Palatino.


Muchas eran las celebraciones que se llevaban a cabo como procesiones, juegos escénicos, en el circo carreras de carros, ofrendas a la diosa, banquetes de diferentes tipos,... En nuestro caso nos vamos a centrar en el tema culinario de las Megalesia.


Sabemos por las fuentes clásicas que se practicaban intercambios de comidas entre plebeyos y patricios (mutationes). El gasto en estas comidas era tan elevado que fue necesario promulgar un decreto para fijar una cantidad máxima a gastar en este convite: "Hace poco leí en las Conjeturas de Ateyo Capitón un antiguo decreto del senado en el cual los principales de la ciudad que en los Juegos Megalenses conforme a un antiguo rito mutitarent (esto es, se invitaran mutuamente a banquetes), se les ordenaba que juraran ante los cónsules, con las palabras prescritas, que en una cena no harían gasto mayor de ciento veinte ases, exceptuados las legumbres, la harina y el vino; que no usarían vino extranjero, sino patrio y que en el convivio servirían la mesa con un peso de plata mayor a cien libras. Pero después de este senadoconsulto fue promulgada la ley Fania, la cual concedió gastar en los Juegos Romanos, así como en los Juegos de la Plebe, en las Saturnales y en ciertos otros días, cien ases cada día; treinta en otros diez días de cada mes y diez, en todos los demás días”. (Gelio, II, 24)

Se sabe también que el plato más servido era el queso mezclado con hierbas (¿moretum?) en recuerdo de la simplicidad con la que se alimentaban los antiguos romanos: "No consideran vergonzoso servir un plato de hierbas en la mesa de la diosa. ¿Hay alguna razón para ello? Se dice que los antiguos consumían leche pura y hierbas que la tierra producía espontáneamente- dijo. Se mezcla queso blanco con hierba majada para que la diosa primitiva conozca los alimentos primitivos" (Ov. fast. IV, 368)


No obstante, lo más especial de esta conmemoración era la realización de un lectisternio, pero veamos en qué consistía un LECTISTERNIUM.


Se trataba de un rito propiciatorio en honor a los dioses que estaban presentes en el banquete de manera simbólica con sus imágenes, reclinados en los lechos (lecti pulvinaria), de ahí su etimología, lectum sternere. En el caso de estar sentados, en lugar de recostados, se llamaba SELLISTERNIUM de la palabra latina sellae.


Es bien conocida la costumbre entre los antiguos griegos y romanos de ofrendar a los dioses antes y después de las comidas, como vemos reflejado en Catón. CXXXII. [I] “La ofrenda de comida hay que hacerla de esta manera: ofrenda a Júpiter Dapal una vasija de vino de cualquier tamaño. Aquel día, fiesta para toros y bueyes y para los que harán la ofrenda.

Cuando sea necesario ofrendar dirás así: “Júpiter Dapal, lo que hay que ofrendarte en casa y familia mía: una vasija de vino en copa pequeña. Seas, pues, magnificado por esta vianda de sacrificio”.

Lávate las manos, después toma el vino: [2] “Júpiter Dapal, seas magnificado por esta vianda de sacrificio, seas magnificado por vino de ofrenda”. Dale, si te parece, a Vesta.

Vianda a Júpiter: asado, moneda, urna de vino. Conságrala a Júpiter castamente, con sus contactos <rituales>. Después, completa la ofrenda de comida, siembra mijo, panizo, ajo, lenteja”

Comprobada la costumbre de ofrendar a los dioses, por qué esta celebración religiosa en la que los dioses están presentes simbólicamente en el banquete. Se cree que el origen de esta práctica se encontraba en elmundo griego que intentaba congraciarse con los dioses por medio de ofrendas, sacrificios y banquetes honoríficos para que abandonasen su ira, aunque hay autores que consideran que esta tradición era paleo-itálica pues se han encontrado vestigios de diferentes rituales que podrían considerarse el origen de los lectisternios, como por ejemplo, la colocación de alimentos en unos lechos de madera ubicados en el atrio para Pilumnus y Picumnus guardianes de las parturientas.


Sea cual sea su origen, Tito Livio en V, 13, nos relata que la primera vez que llevó a cabo un lectisternium en Roma fue en el año 399 a.C. para aplacar una peste. Fueron los duúnviros los que tomaron la decisión tras consultar los Libros Sibilinos: Como no se encontraba ni la raíz ni el final de aquel azote irremediable, un senadoconsulto dispuso que se acudiese a los libros sibilinos. Los duúnviros encargados de las celebraciones religiosas hicieron un lectisternio, el primero en la ciudad de Roma; durante ocho días aplacaron a Apolo y Latona y a Diana, Hércules. Mercurio y Neptuno, tendiendo tres lechos con la mayor suntuosidad que por entonces era posible”.
En la colocación de los dioses se sigue la costumbre griega de ubicar en los lechos ceremoniales a los dioses siguiendo estas uniones: a Apolo con Latona, Hércules con Diana, Mercurio con Neptuno. También se sigue a los helenos en la concepción de dichos banquetes sagrados para calmar la cólera de los dioses que envían calamidades o fenómenos inexplicables, por lo que era necesario llevar a cabo procurationes.
Muchos fueron los lectisternia realizados para congraciarse con los dioses, aunque uno de los más famosos se celebró en el año 217 a.C, citado por las fuentes por tener como invitados a todos los Olímpicos; de este modo nos lo narra Livio, XXII, 9
:”Había que consultar a los propios dioses sobre qué expiaciones aplacarían la cólera divina y logró que se ordenase a los decénviros consultar los libros sibilinos, cosa que no suele decretarse a no ser cuando se tiene noticia de prodigios tenebrosos. Los decénviros, consultados los libros del destino, informaron a los senadores que el voto que se había hecho a Marte con motivo de aquella guerra no se había realizado en debida forma y había que hacerlo de nuevo desde el principio y con mayor solemnidad; además, había que prometerle con voto a Júpiter unos grandes juegos, y a Venus Ericina y a la Inteligencia, un templo, y celebrar una rogativa y un banquete sagrado […] Se celebró luego un banquete sagrado durante tres días, encargándose de su organización los decénviros de los sacrificios; a la vista de todos había seis lechos sagrados, dedicados uno a Júpiter y Juno, otro a Neptuno y Minerva, un tercero a Marte y Venus, el cuarto a Apolo y Diana, a Vulcano y Vetsa el quinto, el sexto a Mercurio y Ceres”

Esta celebración, única en Roma, fue recreada por Augusto al llevar a cabo un banquete (“la cena de los doce dioses”) en el que los invitados vestidos de dioses, imitaban a las deidades. Este convite fue criticado por el pueblo por considerarlo un perjurio, así nos lo transmite Suetonio, Aug. 70, 1: “Se habló mucho también de una cena secreta que dio, y que todo el mundo llamaba “de los doces dioses”; en ella los invitados disfrazados de dioses y diosas y el propio Augusto ataviado como Apolo, como le reprochan no sólo las cartas de Antonio, que enumera con la mayor mordacidad los nombres de todos ellos, sino también los versos anónimos y muy conocidos:

Tan pronto como la mesa de esos desaprensivos contrató a un director escénico


y Malia vio a seis dioses y a seis diosas,


mientras César representaba si impía imitación de Febo,


mientras se banqueteaba con nuevos adulterios de los dioses,


todas las divinidades se alejaron de la tierra


y el mismo Júpiter abandonó su dorado trono.


La extrema escasez y el hambre que por entonces padecía Roma aumentaron las murmuraciones sobre esta cena, y al día siguiente se elevaron gritos de protesta de que los dioses se habían comido todo el trigo y de que César era realmente Apolo, pero Apolo el Verdugo


Con el tiempo los lectisternia fueron muy frecuentes y son abundantes las citas clásicas al respecto:

Livio, VIII, 22:“Vino a continuación un año no señalado por ningún acontecimiento en el exterior ni en el interior […] si exceptuamos el reparto de carne al pueblo efectuado por Marco Flavio en los funerales de su madre”


Livio, XXI, 62: “En Roma ocurrieron aquel invierno muchos prodigios. […] Por estos prodigios se ordenó a los decénviros que consultasen los libros sibilinos. […] Así pues se ordenó hacer un lectisternio en Cere, donde se habían roto las tablillas de la suerte; también se decretó un lectisternio a la Juventud en Roma”


Livio, XXII, 1: “Las noticias de los prodigios, llegadas de muchos sitios incrementaron los temores. […] A continuación se dio crédito también a prodigios menores. […] después de consultar los decénviros los libros sibilinos, en la forma que a través de los oráculos manifestasen los dioses que era de su agrado. Se acordó que se celebrase un lectisternio- cuyos lechos además habilitaron los senadores- y un banquete público”


Livio, VII, 27: “Para que le felicidad no fuese completa una epidemia atacó a la población y obligó al Senado a ordenar a los decénviros que consultasen los libros sibilinos; siguiendo una indicación suya tuvo lugar un lectisternio”


Livio, XXIX, 14:”Para expiar estos portentos hubo un día de rogativas y un novenario sacro porque habían llovido lluvias”


Livio, XLI, 28: “Se ofrecieron aquel año bastantes espectáculos de gladiadores de poco importancia los demás, destacando sólo uno entre ellos, el que ofreció Tito Flaminino con ocasión de la muerte de si padre, con distribución de carne al pueblo, banquete sagrado y espectáculos teatrales durante cuatro días.”


Livio, XXXIX, 46: “A comienzos de este año falleció el Pontífice Máximo P. Licinio Craso […] con motivo del funeral se hizo una distribución de carne, combatieron 120 gladiadores y se celebraron 3 días de juegos funerarios y un banquete a continuación de los juegos. Durante éste, cuando estaban colocados por todo el foro los triclinios, se desencadenó una tempestad con grandes aguaceros que obligó a la mayoría a plantar tiendas en el foro”

Con el tiempo en los templos se crearon unos lecti pulvinaria permanentes en los que los dioses estaban presentes simbolizados por sus estatuas de bronce, cera o mármol. También se podían emplear efigies de madera o ramas de hierbas sagradas atadas (verbena, laurel, olivo,…) que con máscaras de cera adquirían la semblanza del dios al ir provisto de su atributo o símbolo correspondiente.


Las fuentes clásicas nos hablan en todo momento de las cabezas de los dioses (capita deorum) que podían ser de bronce, cera, madera o mármol, así nos lo indicaLivio, XL, 59:“Recomenzaron los Juegos Romanos a causa de los prodigios que habían ocurrido. La Tierra tembló, en los templos públicos donde tenían lugar el lectisternio las cabezas de los dioses que estaban sobre los lechos se dieron la vuelta, y el plato con cubierto que estaba colocado delante de Júpiter se cayó de la mesa. También se interpretó como un prodigio que los ratones habían probado antes las aceitunas. Para expiar estos prodigios la única medida que se adoptó fue la reinauguración de los juegos”


Sus efigies, e incluso, a veces, sólo sus símbolos, estaban recostadas sobre un lectus o pulvinar (diván), cubierto con telas. Podían recostar su brazo izquierdo sobre un pulvinus o almohadón, Livio, XXIV, 10: “Estos portentos fueron conjurados, por indicación de los arúspices, con víctimas mayores, y se decretó una rogativa pública a todos los dioses que tenían cojines sagrados en Roma”

Ante ellos, sobre una mensa repositoria se colocaban las viandas sagradas.


A partir de Augusto los lectisternios fueron sustituidos por selisternios en los que los dioses estaban sentados en lugar de recostados.


Para acabar tomar las hermosas palabras de Horacio, Odas, I, 37:


“Nunc est bibendum, nunc pede libero


pulsanda tellus, nunc Salioribus


ornare pulvinar deorum


tempus erat dapibus, sodales”


“Ya es momento de beber, ya es momento de golpear el suelo

con ritmo si cadenas. Ya era hora de poder adornar

el lecho de los dioses con los manjares

salios, compañeros”


N.B: Para más tener información sobre las celebraciones de los LUDI MEGALENSES podéis acudir al blog HORTUS HESPERIDUM, en el que Amparo os contará más curiosidades sobre esta festividad.

A su vez, recomendaros la lectura del post de Isabel Barceló, Mujeres de Roma, en el que describe la Pompa Megalense que se intentó recrear el pasado viernes 3 de abril con motivo de los Ludi Saguntini y la Mostellaria en lengua latina.

FELIZ SEMANA SANTA A TOD@S

NOS VEMOS DESPUÉS DE LAS FIESTAS

Plurimam salutem!


domingo, 5 de abril de 2009

UN AÑO MÁS...



Tras una semana intensa los LUDI SAGUNTINI cierran su XIII edición.



La semana ha pasado como un suspiro y, pese al cansancio, la satisfacción es grande. Este año habían algunas novedades, entre ellas la Domus Baebia Saguntina como sede permanente de los Talleres de Ludere et Discere.

Es cierto que el tiempo no nos ha acompañado algunos días, pero al final, con la ayuda de Hermes, se ha ido solucionando.

El broche de honor de esta edición ha sido la puesta en escena de la obra de Plauto Mostellaria representada íntegramente en latín, con una Pompa en honor a la diosa Cibeles (Ludi Megalenses) . No sólo se representó en latín, sino que todo el teatro retrocedió en el tiempo. Las caveas atestadas de cientos de personas ataviadas a la romana, vendedores proclamando sus mercancías, tema musical compuesto para la ocasión: Pergraecamini, ...

Aunque el comienzo de la edición número trece hacía presagiar ciertos problemas: ubicación de los talleres, lluvias, resbalones, dolencias, etc, los dioses Olímpicos nos dieron una tregua.

Desde De Re Coquinaria agraceder la paciencia, la colaboración y la comprensión de los participantes, el respaldo de las instituciones y dar las gracias de todo corazón a mis compañer@s y alumn@s del IES Ausiàs March de Manises que pese a la distancia, siempre están presentes en el corazón (muchas gracias por el detalle de las flores, son muy hermosas).
Gratias plurimas!
Salutem!