domingo, 21 de octubre de 2012

VINO DE FALERNO I


Uno de los vinos más famosos del mundo romano era el de Falerno. Venerado y citado en numerosas fuentes clásicas en esta ocasión vamos a centrarnos en él para conmemorar así la llegada de la temporada de vendimia.

Comenzaremos por su NOMBRE que bien nos comenta Isidoro, Etimologías, XX, 3, 6: “su denominación procede de Falerno, región de Campania, en donde se elaboran unos vinos de gran calidad”
La primera mención de este vino se encontró en la inscripción de un ánfora fechada con el año 102 a.C que decía   “fal mas”, es decir, Falernum Massicum.

Se trataba de un vino producido en la región de Campania (cerca de Nápoles), en el antiguo monte Falerno, donde se asentó la tribu Falerna, conocido también como el monte Másico, así nos lo dice Marcial, Xenia, cuando habla del vino de Falerno: Este Másico ha venido de las prensas de Sinuesa. ¿Preguntas bajo qué cónsul se envasó?  Aún no existía.”

En el mismo sentido podemos leer en otros autores:

 Horacio, Odas, I, 20, 9: Tú beberás el vino Cécubo, y el sano jugo de las uvas que ha exprimido una prensa de Galeno. En cuanto a mí, los caldos de mis copas nada deben a las viñas de Falerno ni a las colinas de Formio”

Varrón, De agricultura. I, 2, 5: “Por otro lado, ¿qué productos útiles existen que no crezcan en Italia, e incluso a la perfección? ¿Qué espelta voy a comparar a la Campania, qué al trigo de Apulia, qué vino de Falerno,…?”

Plinio, HN, XIV, 4, 38:Del territorio de Falerno nace el  famoso vino llamado Falerno”

Sigamos con las CARACTERÍSTICAS de este caldo.

Sabemos por las fuentes clásicas que era uno de los vinos más apreciados en los banquetes romanos. Era un vino de crianza, de gran cuerpo y aspereza.  Un vino descrito con estas cualidades “ardens, forte, thermos, severum et oinodes”.

Este vino se extraía principalmente de la uva tinta llamada aglianico procedente del mundo griego y que llegó a Italia entre los siglos VII al VI a.C. De ella hay referencias en Homero, Ilíada, XVIII, 561:”Representó también un villa muy cargada de uvas, bella, áurea, de la que pendían negros racimos y que de un extremo a otro sostenían argénteas horquillas”

Su vendimia era tardía, finales de septiembre-octubre, cuando la uva ya estaba muy madura, lo que le proporcionaría una graduación elevada, con el consecuente peligro: “es el único vino que prende cuando se le aplica una llama”,  según afirmaba Plinio el Viejo.

Era calificado con el adjetivo de “inmortal”, debido la estima que se le tenía. Marcial, Epigramas, IX, 93: “¿Por qué te retrasas, muchacho, en escanciar el inmortal Falerno? Duplica tres copas de un cántaro más antiguo. Ahora dime: ¿Quién será el dios en cuyo honor te ruego, Cataniso, que me sirvas seis ciatos? “Será César”

Marcial, Epigramas, XI, 36: “Escancia el inmortal Falerno; tales votos reclaman un cántaro de vino viejo. Bebamos cinco, seis y ocho vasos para que sea completo el nombre de Cayo Julio Próculo”

Tras la lectura de Plinio HN, XIV, 16, 95 se deduce la importancia que tuvo este vino, pues era servido en momentos especiales, hecho que nos hace pensar sobre su elevado precio del que hablaremos después:”Y, además, hizo César, siendo dictador, en el banquete de celebración de su triunfo hizo repartir en cada mesa una jarra de vino de Falerno. César también Falerno en su triunfo sobre Hispania, incluso en el banquete durante su tercer consulado él sirvió Falerno junto al de Quíos, de Lesbos y Mamertino: esto es conocido por ser la primera ocasión en que cuatro tipos de vino se servían”

Varrón, De agricultura. I, 65 menciona también su valor:Hay diferentes  vinos, el vino de Falerno, por ejemplo, es  más valioso cuando tiene muchos años e incluso más que los han mantenido en reserva”

Evidentemente no todos podían permitirse el lujo de servir este vino por lo que debían acudir a otros más económicos. Horacio, Odas. I, XX, 8-11 nos lo muestra: “Luego tú continuarás bebiendo cécubo y uva pisada en una prensa calena: mis copas, en cambio, no las llenan ni las vides filtradas de Falerno ni tampoco las colinas de Formias”.

Y la misma idea la vemos en el epigrama de Marcial, X, 36: “Todo lo que encierran las ahumadas bodegas de esta falsificadora Marsella, los cántaros que adquirieron solera gracias al fuego, viene regalado por ti, Numa: envías estos crueles venenos a tus desdichados amigos a través de los mares, por larguísimos caminos; y no por un precio módico, sino por lo que quedaría muy satisfecho un jarro de Falerno o de Setia codiciado de la bodega que lo guarda. Me parece ya saber por qué no vienes a Roma después de tanto tiempo: es que no quieres beber tus vinos.”


Con respecto al precio según comentamos antes, era muy elevado. Si acudimos al edicto de Diocleciano sabemos que un sextarius de vino de Falerno costaba 30 denarios. Otro testimonio que ratifica este dato es un grafiti encontrado en la taberna de Hedone de Pompeya, que decía: "Puedes tomar una bebida aquí por solo una moneda (as). Por dos, un vino mejor y por cuatro monedas, uno de Falerno”

Una de las características distintivas de este vino era el tiempo de crianza. Sobre sus años de elaboración leemos lo siguiente en Macrobio, Saturnalia, II, 3, 2 comentando una cena de Cicerón en casa de Damasipo: “Bebed este falerno; tiene cuarenta años”, “Lleva bien su edad, replicó Cicerón”

Petronio, Satiricón, 34, 6 también hace mención de sus años de crianza:”A continuación traen dos ánforas de cristal cuidadosamente selladas, de cuyo cuello pendía una etiqueta  que decía: «Falerno Opimiano de cien años”. Mientras leemos los títulos, Trimalción da unas palmadas con sus manos    y dice: “¡qué pena!, ¡el vino vive más tiempo  que el hombre! Por tanto a beber como esponjas. El vino es la vida. Os doy verdadero Opimiano. Ayer no lo puse tan bueno, aunque los invitados eran mucho más distinguidos.”

Esa madurez que le caracterizaba fue reseñada varias veces por Horacio,  Sátiras II, 2, 115: “Si con mil tinajas  -mejor trescientas mil- de vino de Quíos y añejo Falerno en la bodega, bebiera acre vinagre”

Horacio, Odas, II, 3:” ¡Bien hayas vivido tina pertinaz tristeza, ya en los días festivos, tumbado en lejana pradera, hagas tu felicidad con un Falerno de añeja solera!”

No obstante, Galeno pide para él un envejecimiento largo de no menos de diez años, pero que no tenga tampoco demasiados, pues las consecuencias eran producir dolor de cabeza y alterar los nervios a los que lo consumían. Ateneo, I, 26, c:Según Galeno, el vino de Falerno está listo para beber pasados diez años, y (en su plenitud) desde los quince hasta los veinte; el que sobrepasa este tiempo produce dolor de cabeza y ataca el sistema nervioso”.

Cicerón, Brutus, 287 comenta la importancia de los años de crianza: Como un hombre que no volvería a escoger su vino tan nuevo como haber sido repudiado en la cosecha anterior, ni tan excesivamente viejo como para datar su edad desde el consulado de Opimio [121 a.C] o Anicio [160 a.C]. 'El último', que va a decir, 'tiene el precio más alto.' - Muy probable, pero cuando se tiene demasiada edad, pierde ese sabor delicioso que agrada al paladar…pero esos son las mejores cosechas…Así son ellos, pero la excesiva edad, no nos da la suavidad que nosotros buscamos, sino que no realmente no se puede beber”

Su elaboración era en ánforas, no en barricas de madera, hecho que producía una oxidación importante en el vino, de ahí su característico color oscuro. Algunas veces para acelerar su crianza, se dejaba a la intemperie en jarras de barro durante un periodo largo de tiempo para que el sol disminuyera su contenido alcohólico (quizás unos 30 grados) y su aspereza.

Otra de las peculiaridades era la calidad y exquisitez que le proporcionaban los años de crianza. Así pues, sabemos que esta zona de Italia aparece nombrada por Varrón, Antigüedades humanas, XI según nos ha transmitido Macrobio, Saturnalia, III, 16, 13 como el lugar que producía alimentos de gran valor: “lo atestigua Marco Varrón quien al enumerar cuáles eran los mejores alimentos de Italia y en qué regiones se producían dijo:”los mejores productos de cada región son: el trigo de Campania, el vino de Falerno, el aceite de Casino, los higos de Túsculo, la miel de Tarento y el pescado del Tíber”

También Estrabón, en su Geografía, V, 4, 3 habla de esta región:Es Campania, además, donde los romanos consiguen sus mejores vinos, el vino de Falerno.”
A veces su gran valor no cura las dolencias del alma como bien nos cuenta Horacio, Odas, III, 1:”Pues si para endulzar el dolor, no valen ni el mármol de Frigia ni el uso de vestidos de púrpura más resplandecientes que los astros, ni la viña de Falerno ni el perfume de Persia, ¿por qué atraer la envidia, elevando muy alto con la nueva moda las puertas de mi atrio? ¿Por qué cambiar mi valle de la Sabina por riquezas más agobiantes?”
También Ateneo, I, 33, a-b  comenta la calidad de este vino y las consecuencias de su alto contenido alcohólico: “Los más ricos vinos son el albano de Italia y el falerno, que como ha envejecido y tiene mucho tiempo, es como una droga y adormece muy rápidamente”

En el mismo sentido hablan Persio, Sátira I: “¡Y seguimos roncando todo el tiempo que sea necesario para dormir la pesada borrachera de Falerno mientras la sombra del reloj de sol roza ya la quinta división!”;  Horacio, Odas, II, 11, 19: “¿Por qué no, tumbado bajo este elevado plátano, bajo este excelso pino, sin más preocupaciones y en tanto que aún podamos, no coronar nuestros plateados cabellos con olorosas rosas, y con nardos asirios perfumados, beber? El vino disipa las roedoras cuitas. ¿Qué muchacho será el más ágil para extinguir en las copas el ardor de Falerno con esta fresca corriente?  Y Tibulo, II, 1, 27-28 que menciona el peligro de embriaguez:”Saca el viejo Falerno de la gris oscuridad y rompe el sello de la botella. Estás en desgracia, pues ¿quién llegará a casa sobrio desde el día de la celebración o encontrará su puerta sin volver sobre sus pasos?”

También en Horacio, Epístolas, I, 14, 34 podemos observar:”desde media mañana estaba achispado de claro Falerno”

Por el contrario, Marcial, II, 78 no entiende cómo se puede despreciar un vino de tal calidad: “No te placen, Bético, ni los salmonetes ni los tordos; tampoco la liebre o el jabalí son de tu gusto; haces ascos de los panecillos y de los pasteles, y Libia y Fasis no envían sus aves precisamente para ti. En cambio devoras alcaparras y cebollas nadando en nauseabunda salmuera y el magro de un dudoso pernil; te encantan los arenques y el escabeche de atún con su piel blanca; bebes vinos resinosos y despreciaste el Falerno. Me sospecho que tu estómago debe tener no sé qué vicio secreto. ¿Pues cómo se comprende que comas carroña?”

Presentaba un gran aroma, Juvenal, Sátira VI: “Mientras tanto los míseros convidados se consumen de hambre y de sueño. Al final ella acude, encendido su rostro. Está tan sedienta que vaciará enteramente el enóforo colocado a sus pies, y que contiene una jarra íntegra. Más tarde, cuando se ponga a cenar, beberá un segundo sextario. Después que lo haya vomitado, y habiéndole desembarazado el estómago, vaya a parar al suelo, se le abrirá un hambre devoradora. Ríos de vino se escurren por los mármoles, y la bandeja dorada despide perfume de Falerno, pues ella bebe y vomita (...). El esposo se marea y cierra sus ojos para contener la bilis”.

Sobre su fuerza, otra de sus singularidades, leemos estas referencias en los autores clásicos:
Horacio, Odas, I, 27: ¿Queréis que yo participe también en las libaciones del áspero Falerno?”

Catulo, Carmina, XXVII, 1:”Muchacho escanciador del añejo falerno, sírveme copas de vino más fuerte, como manda la ley de la reina Postumia, más cargada que los cargados hollejos. Y vosotras, marchad de aquí a donde os plazca, aguas claras, perdición del vino; emigrad junto a los serios: aquí hay tioniano puro”.

Esta semana nos hemos centrado en su etimología y características, la próxima entrega versará sobre los tipos y sus usos.

Plurimam salutem!

 *Imágenes propias
 

domingo, 14 de octubre de 2012

DODRA, UNA SALSA ROMANA





En la antigua Roma existió una salsa poco conocida llamada dodra, de la que tenemos constancia gracias al autor latino Ausonio que en sus Epigramas, 19, 20 y 21 nos transmitió su receta.

Antes de conocer los componentes que la constituyen veamos el por qué de su nombre. 

La palabra dodra procede del término dodrans que era una moneda que correspondía a la novena parte (9/12) de un as romano. 
Dodrans era la contracción de *de-(qua)drans. Así pues, la salsa tomó su nombre por los nueve ingredientes que lo formaban.




Ausonio nos legó en tres poemas que hacían referencia a esos nueve componentes como origen de su denominación: 

“La «dodra» se hace con un «dodrante». Ponlo así: caldo, agua, vino, sal, aceite, pan, miel, pimienta, hierba: nueve”. (Ausonio, Epigramas, 19)

“«Me llamo dodra». ¿Por qué? «Llevo nueve ingredientes». ¿Cuáles son? «Caldo, algua, miel, vino, pan, pimienta, hierba, aceite, sal»”. (Ausonio, Epigramas, 20)

“Yo, «dodra», que soy bebida y número, tengo miel, vino, aceite, pan, sal, hierba, caldo, agua, pimienta”. (Ausonio, Epigramas, 21)

En las tres recetas se repiten sus nueve componentes que alfabéticamente eran los siguientes: aceite, agua, caldo, hierba, miel, pan, pimienta,  sal y vino.

Esta salsa ser tomada como si fuera una crema o simplemente como un caldo más espeso.

Veamos una posible adaptación de la receta:

INGREDIENTES:

  •   Cuatro cucharadas de aceite de oliva 
  •     Agua para el caldo
  •      100 ml de caldo de verduras (por ejemplo, apio, judías, col, nabo, zanahoria,…
  •     Una pizca de orégano, perejil, tomillo y comino
  •      Dos rebanadas de pan
  •      1 cucharada de miel
  •     Una pizca de pimienta
  •      Una pizca de sal
  •     1 vaso de vino blanco
ELABORACIÓN:

  •   CALDO, a modo de bebida: Hacer un caldo de verduras y colar bien. Añadir al caldo las hierbas picadas. Mientras tanto poner las rebanadas de pan en remojo con el vino blanco. Añadirlas al caldo para espesarlo. Batir bien y servir condimentando con sal, pimienta, aceite y miel.   
                                                                                         
  • CREMA: Cocer las verduras frescas con un poco de agua y sal.  Añadir a la cocción las hierbas picadas. Mientras tanto poner las rebanadas de pan en remojo con el vino blanco. Añadirlas a las verduras ya cocidas. Batir bien y servir condimentando con sal, pimienta, aceite y miel.
 

Prosit!

Plurimam salutem!

Dibujo moneda extraído de esta página