domingo, 18 de noviembre de 2012

X JORNADA DE CULTURA CLÁSICA DE SAGVNTVM

Pese a que comenzó el día con una lluvia insistente, los dioses Olímpicos se aliaron para que la X Jornada de Cultura Clásica de Saguntum fuera un éxito.

Un momento de reencuentro con personas queridas que sienten pasión por el mundo antiguo y a las que el mal tiempo no les asusta.

La mañana se desarrolló a la perfección, unas conferencias tan excepcionales que incluso Helios decidió unirse a ellas. 




Por la tarde, se llevaron a cabo diferentes talleres clásicos:

1. Plaza de los dioses. Kike Martínez

2. Danzas griegas. Gemma López

3. "Gesto y Texto". Gemma López


4. παίζομεν ἐλληνιστί. Mario Díaz
 

5. Multi Ludi Latine. Antonio González y Germán González

6. Ubi tu Gaius, ego Gaia. Amparo Moreno

7. A Sapore ad Sapientiam. Charo Marco

8. Incipit Titivillus. Salva Muñoz

9. Tessellae. Lluïsa Bouché y Resu García



De Re Coquinaria quiso estar en la X Jornada.

En esta ocasión el taller titulado A SAPORE AD SAPIENTIAM, "del sabor a la sabiduría", versó sobre cómo era un banquete romano, sus preparativos y su realización, haciendo hincapié en la habilidad que tenían los antiguos  para estimular los sentidos a través de una puesta en escena a modo de representación teatral envuelta de mágica y supersticiones. 
El objetivo principal, aunque difícil de conseguir, era intentar descubrir qué sensaciones embargarían a los participantes en un banquete y darnos cuenta que no serían tan diferentes a las que nosotros sentiríamos hoy en día si pudiéramos viajar en el tiempo.
Tras una introducción sobre los condicionantes para llevar a cabo una recepción perfecta, se recrearon todas las acciones que se realizaban en un banquete romano de cierto lujo, tomando como referencia a diversos autores clásicos como Petronio, Horacio, Suetonio, Marcial, Juvenal y Plinio, entre otros. El taller no se hubiera podido impartir sin la implicación y colaboración de sus participantes que fueron los verdaderos protagonistas de la velada. Así pues,
GRATIAS PLURIMAS OMNIBUS AGO!!!

No faltaron los dulces romanos y el vino de rosas para conmemorar el banquete. Como Luciano nos legó:

"Después vienen los brindis y, pidiendo una copa de gran tamaño, bebe a tu salud, a la tuya, llamándote profesor o lo que sea. Tú, por falta de experiencia, tomando la copa, no sabes qué debes replicar y das entonces una impresión de ordinariez.  Por este brindis, sin embargo, te has granjeado la envidia de muchos de sus viejos amigos"


 Nosotros, sí que supimos por quién brindar...por nosotros mismos:

Feliciter, bene omnibus nobis!!!


Para acabar, los asistentes elaboraron dos tipos de sales que se intercambiaron como señal de hospitalidad y amistad. 

No podemos cerrar nuestra entrada sin enseñaros los nuevos delantales del taller y aprovechar para agradecer a José Vicente y Amparo su ayuda en las gestiones. 

¡Muchas gracias a los dos!




De Re Coquinaria quiere aprovechar la oportunidad para agradecer a los participantes en los talleres que hicieron posible el banquete y a todos aquellos que  ayudasteis en dejar todo preparado y limpio.

Enhorabuena a Lluïsa y a Juanvi por hacer posible esta X Jornada. 
Confiemos en que los dioses se vuelvan a aliar para celebrar la undécima.

Plurimam salutem!!



domingo, 11 de noviembre de 2012

PISCATORES Y SU HERENCIA



Si acudimos a las fuentes clásicas descubrimos rápidamente el aprecio de los romanos por el pescado fresco, principalmente para ser ofrecido en los banquetes lujosos a sus invitados. Para ello era necesaria la destreza de unos pescadores (piscatores) que desde pequeños aprendían el oficio y utilizaban unos sistemas de pesca que no distaban mucho de los empleados en la actualidad. 

Junto al pescado capturado en el mar o en los ríos, conocemos la existencia de viveros, de los que ya hablamos en otra ocasión.

Para conocer cuáles eran las cualidades de un buen pescador, Opiano, De la pesca, III, 30, nos dice lo siguiente:

“Ante todo el pescador debería tener cuerpo  y  miembros a la vez ágiles y fuertes, ni excesivamente gordos ni faltos de carne. Porque, frecuentemente, para sacarlos a tierra, debe luchar con poderosos peces, dotados de desmesurada fuerza mientras se mueven y ruedan en los brazos de su madre mar.

Y es necesario que el pescador salte de una roca, y trepe por ella ágilmente; y, cuando el trabajo del mar está en su apogeo, debe recorrer aprisa un largo camino, y zambullirse en lo más profundo, y, permaneciendo entre las olas como sobre la tierna, demorarse en las faenas, en las cuales los hombres en el mar se esfuerzan con intrépido corazón.

También el pescador debería ser de astuto ingenio y sabio, puesto que muchas y variadas son las tretas de que se valen los peces cuando se encuentran con los imprevistos engaños; y debería ser muy audaz e intrépido, y prudente, y no debería amar la saciedad del sueño, sino observar con atención, con su corazón en vela y ojos abiertos; y debería sobrellevar bien la borrasca de Zeus y la estación sedienta de Sirio, ser aficionado al trabajo y amante del mar. Así él tendría éxito en la pesca y sería grato a Hermes”.

Junto a este talante, era conveniente a su vez, buscar la protección divina y en concreto, del dios de mar, Posidón-Neptuno para que todo fuera perfecto y que los pescados capturados no se escaparan de las redes:  

“Cuando los atunes son capturados en batidas realizadas en el Ponto… y cuando, por consiguiente, están ya cogidos en la red y sin poder escapar, todos los pescadores dirigen sus plegarias a Poseidón, ahuyentador de males. Y yo pretendo explicar de dónde le viene al dios este nombre, porque me he preguntado a mi mismo muchas veces qué les indujo a aplicarle este apelativo.  

Piden al hermano de Zeus, dominador del mar, que no permita que pez espada ni delfín lleguen como viajeros acompañantes de la tropa de atunes. Pues, muchas veces, el egregio pez espada rompe la red y hace que toda la multitud de peces escape libre. También el delfín es una criatura nefasta para las redes, porque es también hábil para romperlas”. (Eliano Pesca, XV, 6)

Si con la ayuda del dios marino no era suficiente se podía acudir a Hermes- Mercurio con otra invocación por ser el que proporcionó los trucos para una pesca dichosa: 

“Tú mismo ¡oh señor!, fuiste el primero en idear los artificios de los pescadores de mente prodigiosa, y en revelar la ejecución de los variados procedimientos de pesca, urdiendo el destino para los peces. […]

¡Oh Hermes, glorioso en el consejo, a ti especialmente te veneran los pescadores! Por eso, invocándote a ti con los dioses que ayudan en la captura, yo persigo la gloriosa canción de la afortunada pesca”. (Opiano, De la pesca, III, 1)


Protegidos por los dioses protectores, los piscatores ya podían salir a la captura de peces con todos aquellos instrumentos necesarios para pescar: 

 “Cuatro métodos de captura en el mar han ideado los pescadores. Algunos se deleitan con los anzuelos, y de este grupo unos pescan con largas cañas a las que se han atado un sedal de crin de caballo bien trenzado, otros simplemente arrojan un torzal de lino sujeto a sus manos; y otros se recrean con linos emplomados, o con linos de los que penden muchos anzuelos.
Otros prefieren disponer redes, y de éstas hay las llamadas redes arrojadizas, y las llamadas de arrastre: rastras, y redondeadas redes de bolsa, y redes barrenderas; a otras las llaman redes de cubierta, y con las redes barrederas hay las llamadas redes de suelo, y redes arrojadizas redondeadas, y las corvas redes que pueden contener toda clase de pesca; innumerables son las variadas clases de tales redes de astutos senos. Otros tienen sus mentes más puestas en nasas que proporcionan alegría a sus dueños mientras duermen tranquilamente, y espléndida ganancia les espera con pequeño esfuerzo. Otros con el tridente provisto de largas puntas hieren a los peces desde la tierra o desde una barca, según lo deseen. La medida adecuada y la recta norma de todos  estos instrumentos las conocen exactamente los que efectúan estos trabajos”.  (Opiano, De la pesca, III, 72)

 En esta cita de Opiano, De la pesca, I, 53 se resume perfectamente cuáles serían las técnicas de pesca empeladas en la antigüedad:  

“La fuerza de los pescadores se asienta en endebles cabellos y curvados anzuelos de bronce, cañas y redes”.

No obstante, para profundizar más en el tema, Eliano en su libro Sobre la pesca, XII, 43 nos comenta estos sistemas de captura:

 Hay, según se dice, cuatro métodos de pesca, a saber, la red, el arpón, la nasa y el anzuelo.
 La pesca mediante red proporciona riqueza y se parece a la captura de un campamento y a la toma de prisioneros, y requiere variedad de utensilios, como soga, sedal de lino blanco y negro, cuerda hecha de junco, corchos, plomo, madera de pino, correas, zumaque y una piedra, papiro, cuerno, una nave de seis remos, torno con su manubrio, una kottàné, tambor, hierro, madera y pez. Y caen en la red diferentes especies de peces, en bandadas numerosas y variadas.

La pesca con arpón es la más varonil de todas y requiere un pescador de gran fortaleza. Necesita tener un arpón bien recto de madera de pino, cuerdas de esparto y *** Necesita también un pequeño bote y vigorosos remeros con buenos brazos.
La pesca con nasa es una pesca que requiere mucha astucia y plan bien meditado. Parece poco recomendable  a personas libres. Necesita juncos secos, sauzgatillo, una piedra ancha, áncoras, algas marinas, hojas de junco y de ciprés, corchos, trozos de madera, un cebo y una pequeña barca.

La pesca con anzuelo es la pesca más perfecta y la más apropiada a los hombres libres. Se necesita crin de caballo de color negro, rojo y gris. Si las crines son teñidas, los pescadores eligen las que están teñidas en gris azulado y en púrpura marina. Porque todas las demás -dicen- son malas. Utilizan también las cerdas erectas de los jabalíes, y también el lino y gran cantidad de bronce; cuerdas de esparto y plumas especialmente blancas, negras y polícromas. Utilizan, asimismo, los pescadores lana carmesí y lana teñida de púrpura, corchos,  trozos de madera. Son necesarios también hierro y otros materiales, entre ellos, cañas bien desarrolladas y enjutas, juncos que han sido mojados, tallos de hinojo, frotado, liso, una caña de pescar de madera de cornejo, los cuernos y el pellejo de una cabra. Unos peces son capturados mediante un método, otros con otro.”

A continuación hagamos una relación de todos los métodos de pesca en la antigüedad:

 Para la pesca con redes se empleaba el algodón, junco, cáñamo y lino, atados a corchos, madera de pino y lastres de plomo, piedra o hierro. 

Los tipos de redes encontradas en las fuentes eran la sagena que consistía en dos redes paralelas de mallas anchas entre ellas había otra de más fina pero más tupida.  

La llamada gángamon consistente en un armazón de hierro y una tupida red  en forma de saco que gracias a una soga gruesa se sujetaba a la embarcación. Allí se guardaban las capturas frescas hasta llegar a puerto. 

La hypoché utilizada para aguas no muy profundas. Se trataba de una red abierta que se  empleaba para la pesca de langostinos o camarones.

La cálymma que podría ser una especie de red arrojadiza, pero la información no es muy concreta.

La denominada sphoiron que al lanzarla, caía en forma circular sobre el agua.

Al igual que en la actualidad también tenía un sistema de redes fijas instaladas junto a la costa que interceptaban el paso de los peces guiados hasta allí por los pescadores gracias al empleo del fuego: 

“Al igual que durante la noche los astutos pescadores con sus rápidas barcas guían la pesca hasta la red, llevando encendidas antorchas; y los peces tiemblan al contemplarlas, y no soportan el giratorio destello”. Opiano, De la caza, IV, 140:

Para la pesca con anzuelo se empleaba un cebo artificial de plomo con forma de delfín y también una caña con un cordel que llevaba un sedal de crin de caballo y un anzuelo de bronce con forma curva. Los cebos solían hacerse con una mezcla de harina, queso y leche cuajada. Para este sistema de pesca la paciencia era un gran aliado:  

“El pescador de caña se sienta en las rocas cerca del mar y con sus curvadas cañas y mortíferos anzuelos, tranquilamente, se apodera del pez de reflejos variados; y se alegra cuando, traspasándolo con las puntas de bronce, se lleva a través del aire al palpitante danzarín marino que salta alto sobre las profundidades”.  (Opiano, De la caza, I, 57)

Para la pesca con nasas se  usaba una especie de cestos hechas con mimbre, esparto o juncos entretejidos. Servían para pescar calamares, langostas, anguilas, bogavantes, y quisquillas siempre ayudados de un cebo. También se utilizaba una especie de corona de púas llamada calamarera o potera: 

“Como cuando los pescadores colocan una nasa para engañar a los peces, trenzada con esparto de Salamina, y en su interior ponen un pulpo o mújol tostado al fuego; el olor llega a las bajas riberas y conduce a los peces espontáneamente a la nasa, y ellos son incapaces de salir de nuevo y encuentran una terrible muerte”. (Opiano, De la caza, IV, 225)




La pesca con arpón o tridente era la más difícil por precisar de una gran fuerza y valor 
para manejar el arpón hecho de madera de pino que sujetaba a su mano con una gruesa 
cuerda. Se empleaba en la pesca del delfín: 

“El pescador hiere a un hijo suyo con el arpón Y mientras el delfín herido conserva su 
vigor, el pescador afloja la cuerda para que aquél no pueda romperla a causa de su violencia y para que a él mismo no le sobrevengan dos infortunios, a saber, que el delfín se marche
 con el dardo y que él quede burlado en su propósito; cuando advierte el pescador 
que el cetáceo se cansa y está algo debilitado por la herida, lleva la barca despacio 
cerca y saca a tierra su presa.” (Eliano, Pesca, I, 18)


Y también del pez espada:

 Tras decir esto, expone el método de captura del pez espada,…Se sitúa en el lugar de anclaje un oteador común para todos los botes movidos a dos remos; cada embarcación la tripulan dos hombres. Uno de ellos dos acciona los remos; el otro que está a proa se queda inmóvil con el arpón. El oteador le señala la presencia del pez espada, […] el hombre lo hiere de cerca; luego arranca el arpón del cuerpo de la presa, pero dejando en él la punta, que tiene forma de anzuelo, está ajustada al asta de manera muy floja y, además, lleva atado un hilo que le aflojan al animal herido hasta que se cansa en su esfuerzo por escapar. Después lo arrastran hasta tierra o lo cargan en el bote, […]   (Polibio, Historias, XXXIV, 3, 1-8) 
                                                                    
Sabemos que, al igual que en la actualidad, se empleaba un método de pesca u otro según la especie que se fuera a capturar.

Así pues, una vez más vemos clara  nuestra herencia que nadie debe olvidar.

Plurimam salutem!

*Imágenes propias



domingo, 4 de noviembre de 2012

UN MENÚ ROMANO SIN EXCESOS



  
Para acompañar al vino de Falerno no hay nada mejor que un buen menú romano, así pues, si os apetece pasar un domingo en compañía de Apicio he aquí unos sencillos y ricos platos.

¿Os animáis?

   Comenzaremos con una receta de PUERROS MADUROS, Apicio III, X, 1  que pueden servirse enteros o como si fuera una crema.
  
Ingredientes:

Aceite
Agua
Garum
Puerros
Sal
Vino puro

Elaboración:

       Mezclar agua y aceite con un puñado de sal. Cocer en ella los puerros y luego sacarlos. Aliñar con aceite, garum y vino puro. Servir así.

Como plato central tomaremos un POLLO FRONTONIANO, Apicio, V, 12:

Ingredientes:

Aceite
Ajedrea
Cilantro
Eneldo
Garum
Pimienta
Pollo
Puerros
Vino cocido o defritum

Elaboración:

Preparar un pollo, sazonarlo con garum mezclado con aceite, echar un manojo de eneldo, ajedrea, puerros y cilantro verde y ponerlo a cocer. Cuando haya cocido retíralo de la salsa, colócalo en una fuente y añade defritum. Servir con pimienta.

Para terminar tomaremos un delicioso postre, TORTILLA DE LECHE. Apicio VII, XIII, 8:

Ingredientes:


Aceite
Huevos
Leche
Miel
Pimienta

 Elaboración:

 Batir cuatro huevos, un cuarto de litro de leche, una cucharada de aceite hasta que se mezclen completamente. Poner en una sartén un poco de aceite, calentar e incorporar la mezcla que se había preparado. Cuando haya cuajado por un lado, se le da la vuelta, se unta con miel, se espolvorea pimienta y se sirve.

                                              


Recordemos los sabios consejos de Plutarco con respecto a la moderación en las comidas: “las cosas más baratas son siempre las más sanas para el cuerpo y que nos debemos cuidar, sobre todo, de los excesos en la comida, en la bebida y en la buena vida, cuando tengamos próxima una fiesta, la visita de unos amigos o cuando estemos esperando un banquete con algún alto personaje y una relación social ineludible, preparando así nuestro cuerpo en el buen tiempo de manera conveniente y boyante contra la tormenta que le amenaza. Pues es una ardua tarea el mantenerse en banquetes y francachelas en la moderación y costumbres propias sin parecer, con gran disgusto, desagradable y molesto a todos. Por ello, para no añadir fuego al fuego, según se dice, saciedad a la saciedad, vino al vino, se debe imitar con seriedad aquella broma sutil de Filipo… que, al darse cuenta de la situación, mandó aviso a cada uno de sus amigos, pidiéndoles que se reservaran para el pastel. Ellos, obedeciéndole y esperando lo que había de venir, comieron moderadamente de lo que les habían servido. La comida, en efecto, fue suficiente para todos. Precisamente de esta forma nos debemos preparar a nosotros mismos de antemano para estas relaciones sociales obligatorias, dejando espacio en nuestro cuerpo para los alimen­tos exquisitos, para las golosinas y sí, ¡por Zeus!, también para una borrachera, trayendo para estas cosas un apetito reciente y bien dispuesto.

Buen consejo

Plurimam salutem!
*Imágenes propias


domingo, 28 de octubre de 2012

VINO FALERNO II

La semana pasada hablamos sobre la etimología y las peculiaridades del vino de Falerno. En esta ocasión nos centraremos en los tipos de falerno y sus usos.

Eran varios los tipos de falerno que se producían.

 Según Galeno había dos, uno tinto dulce y otro pajizo que era seco. Estas diferencias se deben al viento del sur durante la época de la vendimia. Ateneo, I, 26, d:”Hay dos variedades, el seco y el dulce; éste se vuelve así cuando soplan vientos del sur en la época de la vendimia, por lo que también resulta más oscuro. Por el contrario, el que no se vendimia en esas condiciones es seco y pajizo de color”

No obstante, Plinio HN, XIV, 8, 62 hace referencia a tres variedades:”Otro tipo es el perteneciente al distrito de Falerno, y en lo particular a la finca de Fausto por la atención prestada en su cultivo, pero la reputación de este distrito también está pasando de moda por culpa de prestar más atención a cantidad que a la calidad. El distrito Falerno comienza en el puente de Campania al girar a la izquierda para llegar a la Colonia Urbana de Sila, adjunto a Capua, y la finca Fausto comienza alrededor de cuatro kilómetros de la aldea de Caedicium, que está aproximadamente a seis millas de Sinuessa. Ningún otro vino tiene un rango más alto en la actualidad. Es el único vino que prende cuando una llama se le aplica. Tiene tres variedades una seca (austerum), una dulce y el otro un vino tenue. Algunas personas distinguen tres cosechas: Cauciniana que crece en la parte superior de la colina, Faustiana medio camino para arriba, y en Falerniana en la parte inferior. Tampoco debe omitirse que ninguna de las uvas que producen el famoso vino son agradables para comer”

Con respecto a sus usos hemos de destacar dos: el culinario y el medicinal.

Su uso culinario, evidentemente, solía ser degustado a lo largo de la  prima mensa o plato fuerte de la cena, en el que se servían las aves (tordos, perdices, lirones, tórtolas, pollos, etc.), carnes (cordero, cabrito, cerdo, jabalí, etc.) y pescados (salmonetes, anguilas, lenguados,...).

Siguiendo la costumbre griega, tomaban el vino mezclado con miel para aportarle más dulzor, así lo leemos en Macrobio, Saturnalia, VII, 12, 9: “si quieres lograr una excelente mezcla de vino y miel, debes mezclar miel fresca del Himeto y vino añejo de Falerno”

En el mismo sentido habla  en Horacio, Sátiras, II, 2, 15- 16: “No bebas más que miel del Himeto diluida en Falerno”

Horacio, Sátiras, II, 4, 24:”Aufidio solía mezclar miel con Falerno fuerte: mal, porque en venas vacías no conviene meter nada que no sea cosa suave.”

Marcial, XI, 50, 7: “Mieles de Ática, vosotras enturbiáis el Falerno como néctar; esta bebida merece ser escanciada por Ganímedes.”

Y también con agua, Marcial, I, CVL: “A menudo echas agua al vino, Rufo, y si un íntimo amigo te invita a beber, como cosa extraordinaria bebes una onza de Falerno muy aguado. ¿Es que Nevia te ha prometido una noche feliz y prefieres delicias ya sabidas de seguros asaltos? Mas suspiras, callas, gimes. Es que ella no ha querido. Ya puedes entonces hacer repetidas libaciones y ahogar las penas en vino puro. ¿A qué preocuparse?  Preciso te será dormir.”

Horacio, Odas. II, XI, 13-20: “¿Por qué, recostándonos bajo un esbelto plátano, o bajo este mismo pino, así, de cualquier manera, no ceñimos con rosas olorosas nuestros canos cabellos y, mientras aún podemos, perfumados con nardo asirio, bebemos?[...] ¿quién será, muchacho, el primero en apagar esta copa de ardiente falerno con el agua que corre en abundancia?”


Al ser un vino de gran calidad se utilizaba también para mezclas, de manera que un vino de mala calidad podía llegar a ser mejor al combinarlo con las heces del Falerno por tratarse de un caldo con altas propiedades. Los ejemplos más conocidos eran unir uno duro y aromático con otro más suave, ligero y sin aroma como los vinos de Heraclea y Eritrea o el áspero Falerno con el ligero de Quíos.

De ello nos hablan muchos autores clásicos:

Horacio, Sátiras, I, 10, 24:”Mas la charla que armoniza ambas lenguas es más suave que mezclar un Quíos con un Falerno”

Marcial, I, 18: “¿Cómo puede gustarte, Tuca, mezclar el viejo Falerno y el mosto reservado en tinajas del Vaticano? ¿Es que los malos vinos te han hecho algún gran favor? ¿O es que te hicieron algún mal los mejores caldos?  Para mí la cosa es sencilla: es un crimen degollar el Falerno y agregar tóxicos mortales al vino de Campania.  Puede que tus convidados merezcan la muerte, pero no un ánfora tan preciosa.”

Pero sabemos un uso curioso que nos cuenta Horacio, Sátiras, II. 4, 19: “Si te sorprende de repente un huésped por la tarde, para que la dura gallina no se le resista al paladar, serás de los entendidos ahogándola viva en mosto Falerno”

Con respecto a su uso médico podemos leer en Dioscórides, V, 6, 6: El que parece ser el primer vino de los de Italia, el llamado ‘falerno’ (Phalerînos), cuando se ha hecho añejo es de muy fácil digestión, hace recuperar el pulso, retiene el vientre y es estomacal, pero inadecuado para la vejiga, debilitador de la vista, y no conveniente beberlo en abundancia”.

Y Plinio, XXII, 43, 87  que habla del uso del vino para paliar el mal olor de axilas:”se corrige al hervir una onza de la raíz de scolymus, con tres heminas de vino Falerno. Se toma en ayunas después del baño y de nuevo después de la comida, una dosis de un cyathus durante un tiempo. Jenócrates asegura un resultado extraordinario, pues se ha demostrado que el mal olor pasa fuera de las axilas por medio de la orina

 Además de otros usos médicos:” En el pasado hubo una fuerte preferencia por el vino de Sorrento, seguido del de Albano o Falerno… pero hay que recordar que los vinos comienzan a adulterarse tan pronto son vertidos en las cubas. En consecuencia, el pensamiento más común hoy en día es que el mejor vino es el libre de impurezas… Si alguien hace hincapié también en la prueba de la edad, el Falerno es saludable cuando es no demasiado nuevo ni demasiado viejo, su mediana edad comienza cuando tiene quince años. Tomado como una  bebida fría es bueno para el estómago, pero con agua caliente no lo es. Para la tos crónica y asimismo, para las altas fiebres se ingiere con gran beneficio con el estómago vacío. Ningún vino acelera tanto la acción de las venas. Astringente a los intestinos, pone carne en el cuerpo. Se cree que este vino perjudica la visión y no es beneficioso para los nervios o ni para la vejiga” (Plinio, HN, XXIII, 20, 33- 35)

Tras la erupción del Vesubio las vides quedaron sepultadas y, pese a su nueva plantación con el paso de los años, el Falerno perdió su alto rango.

Para finalizar acudimos a  Silius Italicus, Punica, VII, 162 y ss  que narra una leyenda sobre el origen del vino falerno, que fue llevado a la Campania directamente por el dios Baco en agradecimiento por la hospitalidad de un pobre hombre de esta región llamado Falerno: “Aníbal…se dirigía a devastar Campania. Apenas había entrado en el rico campo Falerno, tierra fértil que nunca ha engañado al agricultor, los viñedos por las manos enemigas, estaban reducidos a cenizas.
Baco, no nos está permitido callar aquí tus beneficios. Cuán grande que sea el motivo de mis cantos, recordaré que es a ti a quien se debe el zumo sagrado de Falerno, cuyas vides,  cargadas de racimos, producen este néctar que pone sus prensas en un alto rango.  El pámpano entrelazado todavía no proyectaba su sombra en las campiñas, entonces sin follaje. Acostumbrados a saciar su sed en una fuente o en las orillas de un río, los hombres no sabían hacer su brebaje más agradable… El feliz azar llegó a estos lugares, al pedir hospitalidad cuando se dirigía  a la orilla de Calpes…Este dios no se avergüenza de entrar en una pobre choza ni de llamar a una puerta humilde. Falerno lo recibe en su cabaña ahumada, y le pone una mesa delante del hogar, al uso de estos tiempos cuando reinaba la pobreza, feliz de recibir a un extranjero  sin saber que era un dios. Tan hospitalario como sus padres, le sirve con una diligencia alegre,…aporta todo lo típico de los días de fiesta: alimentos en canastas, frutas húmedas de rocío, que se apresura a ir a recoger en su jardín regado con agua clara, a esto une leche, panales, los dones de Ceres; pero no mancha su mesa con la sangre de ningún animal. Comienza por ofrecerle a Vesta las primicias de todos estos platos, y las echa en medio de las llamas. Halagado por las atenciones del anciano, no quisiste, Baco que tu licor faltara en esta mesa. De repente las copas de haya, al gran asombro de tu huésped, se llenan de un vino humeante; es el precio de la hospitalidad del pobre. Un licor rojo  fluye de los vasos groseros que servían para recibir la leche y, en el roble cavado en forma de copa, el racimo destila un vino de un perfume delicioso.
"Acepta, dijo Baco, los dones que no te fueron conocidos y que harán un día famoso el nombre de Falerno, que en lo sucesivo cultivará la vid”. Entonces el dios se dio a conocer. Una corona de hiedra ciñó su frente, sus cabellos cayeron en rizos sobre sus mejillas, una copa ancha apareció suspendida de su mano derecha y una vid que descendía de su tirso verdoso, abrazó la mesa de su follaje báquico.
Y tú, Falerno, no te resistes a los encantos del alegre licor: después de beber varias copas, te ríes, tropiezas, tu lengua espesada se agita, la cabeza se aturde con humos de Baco, y  sólo puedes agradecer al dios balbuceando palabras inarticuladas. El sueño, el compañero del dios, viene para cerrar por fin tus párpados vencidos. Tan pronto como el aliento de los caballos del sol evapora el rocío, Másico aparece cubierto a lo lejos de vides florecientes, asombrado de llevar estos nuevos follajes y estos racimos que se colorean a los rayos del sol. Esta será su gloria; y desde este tiempo el rico Tmolus, la ambrosía de las copas azucaradas de Ariusia, el vigoroso Methymna cedieron a las prensas de Falerno.
Aníbal devastaba entonces esta comarca, y llevaba por todas partes el estrago. Deseaba con ansia teñir su espada de sangre…”

Preciosa leyenda

Plurimam salutem! 



 *Imágenes propias