domingo, 10 de marzo de 2013

UINA ROMANA II


La semana pasada hablamos de los diferentes vinos conocidos por los antiguos romanos, cuáles eran sus característicos y sabores.

 En esta ocasión hablaremos de otros tipos de vinos e incluso, daremos algunas recetas por si os animáis.

LICORES DE VINO

Una de las características principales de los licores era su dulzura que les hacía más propensos a embriagarse con ellos. 

 Encontramos dos tipos:


a) Hechos por fermentación como passum- vino de pasas: obtenido del prensado de uvas ya secas (uua passa), siguiendo una costumbre griega.

Su receta la leemos en Dioscórides, V, 6, 4:

 “El vino de uvas agraces llamado omphakítēs se prepara particularmente en Lesbos: cuando no está del todo madura la uva y todavía está en agraz, se pone a secar al sol sobre zarzos durante 3 o 4 días, hasta que los racimos se arruguen, y después de exprimirlos, el vino se pone al sol en recipiente de barro. Tiene virtud astringente y estomacal. Es apropiado para los que sufren malas digestiones y relajación de estómago, para las embarazadas con antojos y para los que padecen íleo. Parece que, sorbido, sirve de ayuda también a los que se encuentran en situaciones de pestilencia.
Los vinos de esta especie deben ser de muchos años, pues de lo contrario no son buenos para beber”

b) Obtenidos por cocción, como eran el caroenum- vino de careno: consistía en mosto hervido hasta reducirlo a 2/3 del  volumen inicial. Era un vino denso y muy dulce, que se usaba en lugar de la miel.

El defrutum: era mosto hervido hasta reducirlo a la mitad o a un tercio de su volumen. También se utilizaba como sustituto de la miel por ser más económico.

Y el llamado sapa, obtenido tres reducir el mosto a un tercio.


Sus recetas las leemos en Paladio, XI, XVIII

"Se preparará ahora el "defrito", "careno" y "sapa". Dado que todos se hacen de mosto, de igual guisa, el método será el que hará variar sus propiedades y se denominación. En efecto, el defrito, derivado de "deferveo", se obtiene después de despumarlo mucho, en cuanto espesa; el careno, cuando se haya evaporado un tercio y queden los otros dos; el sapa, cuando queda reducido a un tercio. No obstante, éste mejora cociendo a la vez membrillos y poniendo a arder leña de higuera"

VINOS MIELADOS

Se trataba de vinos endulzados con miel.

 El más famoso era el mulsum consumido durante la gustatio. Su receta nos la han transmitido diferentes autores clásicos como Columela, 12,41: “diez libras de miel por 13 litros de vino”
Paladio 11, 17:”una parte de miel por cuatro de mosto fermentado durante veinte días”

VINOS ARTIFICIALES

Los llamados uina ficticia se obtenían de macerar productos de origen vegetal como plantas, frutas, resinas e infusiones con mosto o con vino.

 Además de utilizarse como bebidas su uso era también medicinal.

En Dioscórides V, 39 encontramos la receta de un vino de ajenjo:
“El vino de ajenjo se prepara de variadas maneras. Unos, mezclan con 48 sextarios de mosto, [un ánfora italiana], una libra de ajenjo del Ponto, lo cuecen hasta que quede la tercera parte; luego, tras verter encima 90 sextarios de vinagre y mezclar con él cuidadosamente media libra de ajenjo, trasvasan la mezcla; y tras filtrarlo una vez se haya asentado, lo almacenan. Otros echan a un ánfora una mina  de ajenjo o lo ponen en remojo en una metreta  de mosto durante tres meses, tras majarlo y atarlo en un paño ralo durante dos meses. Otros toman 3 onzas de ajenjo –algunos 4– y 2 onzas  de cada uno de estos productos: nardo de Siria, canela de Ceilán, canela de China, cálamo aromático, esquenanto, palmera; después de majar la mezcla en un mortero, la echan en una metreta de mosto, que tapan y dejan en reposo durante dos meses [o tres]. Luego, una vez colado y trasvasado, lo almacenan. Otros echan en una metreta de mosto 14 dracmas de nardo céltico y 40 dracmas de ajenjo, tras atarlo dentro de un lienzo, y después de 40 días lo trasvasan.  Otros echan en 20 sextarios de mosto 1 libra  de ajenjo y 2 onzas de resina seca de pino y después de 10 días lo cuelan y lo almacenan.
Es estomacal, diurético, útil para los que padecen del hígado, del riñón, para los que sufren ictericia, y para los de digestión pesada, para los faltos de apetito aquejados de males estomacales, contra la dilatación duradera de los hipocondrios, flatulencias, lombrices redondas, menstruaciones retenidas. Bebido en gran cantidad y seguidamente vomitado va bien contra la ingestión de ajonjera”.

Encontramos también vinos de flores como Vino de rosas (rosatum):

 Apicio. De Recoq. I, III, 1:Quitar la parte blanca de la extremidad de los pétalos, enfilad éstos en rosarios y ponedlos a macerar durante siete días en el vino. Pasado este tiempo, sacad las rosas de! vino. Preparad de la misma manera otros collares de pétalos frescos, ponedlos a macerar siete días en el vino y luego sacar las rosas como hicisteis con las anteriores. Haced lo mismo una tercera vez, sacad las rosas y filtrad el vino. Cuando vayáis a beberlo, añadidle miel, procurad emplear las rosas de la mejor calidad y que no estén humedecidas por el rocío”

Vino de violetas cuya receta nos ha narrado Paladio, V, V:"Añadir cinco onzas de violetas bien limpias a diez sextarios de vino. Al cabo de treinta días lo colaremos y lo serviremos con miel"

E incluso vinos de especias, hechos tras dejar macerar la semilla durante un periodo de tiempo, como por ejemplo los de perejil, eneldo o hinojo:  

Macerar 40 gr, de semillas de hinojo durante 15 días en un vino tinto. Colar y servir. El resultado es un vino aperitivo excelente”.


Se obtenían tras dejar fermentar el jugo de frutas, excepto las salvajes por ser poco dulces. Se elaboraban y consumían en regiones en las que el clima imposibilitaba el cultivo de viñas.
Muchos de ellos eran considerados medicinales. Algunos ejemplos son:

Vino de granadas que nos ha transmitido Dioscórides, V, 26 que se prepara de  la siguiente manera: toma granadas maduras sin pepitas, exprímelas y almacena su zumo, o, cuécelo hasta que quede de él una tercera parte y almacénalo así”.

Vino de cedro,  Dioscórides V, 36: El vino de cedro, o de enebro (arkeúthinos), o de ciprés (kyparíssinos), o de laurel (dáphninos), o de pino (pitýinos), o de abeto (elátinos) se preparan de la misma forma. Es preciso escindir los ramos de troncos recién cortados, cuando están produciendo el fruto, y ponerlos al sol o en la sala de baño o junto al fuego, de modo que suden todos ellos juntamente, y mezclar una mina con un congio de vino, y, tras mezclarlo bien, dejarlo estar durante dos meses. Después, trasvasarlo, y una vez asoleado, almacenarlo. De estos vinos así preparados se deben colmar los jarros, pues los medio vacíos se agrian. Los vinos medicinales, pese a todo, son inadecuados para los que están sanos. Todos ellos son caloríficos, diuréticos, y un tanto astringentes. El de laurel, no obstante, es el más calorífico. Se hace también un vino del fruto de los cedros mayores. Hay que mezclar media mina de cédrides majadas con un congio de mosto y solearlo durante 40 días. Y después de eso, hay que colarlo y trasvasarlo"

Vino de pera, Dioscórides V, 24:El vino de pera se prepara igual que el de membrillo, pero que no estén las peras demasiado maduras. Y el de algarrobas, el de nísperos y el del fruto del cornejo se preparan igualmente. Todos ellos son astringentes, acerbos, estomacales, y retentivos de los flujos internos”

Vino de mirto, Paladio, II, 18: De las bayas se hace un vino de mirto con esta receta: en diez sextarios romanos de vino añejo echas tres sextarios romanos (1/2 l) de grano de mirto triturado, dejándolos a remojo durante 19 días. Después, cuando estén bien exprimidos los granos de mirto, se cuela y en tal vino echas medio escrúpulo de azafrán y uno de hoja, y se sazona todo con 10 libras de miel muy buena”

Otra receta de vino de mirto, Paladio, III, 27: A comienzos de marzo se hará vino de mirto con esta receta: se echa en un recipiente diez sextarios de vino añejo y se añadirá cinco libras de bayas de mirto. Cuando hayan estado mezclados un periodo de 22 días, durante los cuales habrá que agitar el recipiente diariamente, se colará por un cesto de palma y a los diez sextarios en cuestión se añadirá cinco pesos de miel muy buena y muy bien filtrada”

Vino de mirto según una receta griega, Paladio, III, 31: Se echan en un lienzo ocho onzas de bayas de mirto maduras, secadas a la sombra y después machacadas, se dejan en infusión en vino, se unta el recipiente y se tapa; cuando hayan pasado varios días así, se saca y se usa. Este vino es además de curativo reconstituye la debilidad estomacal, inhibe los vómitos de sangre, corta la diarrea y endurece las deyecciones líquidas”

También Dioscórides, V, 31 nos habla de cómo hacer este vino: “El vino de bayas de mirto se debe preparar [así], coge las bayas de mirto negras y bien maduras, májalas, exprime su zumo con la prensa y trasvásalo. Otros también lo cuecen hasta que quede reducido a su tercera parte. Algunos lo ponen previamente a secar al sol y, después de haberlo secado, mezclan con un quénice  de bayas majadas tres cotilas de agua y la misma cantidad de vino añejo seco; y así lo exprimen y lo almacenan. Es bastante astringente y estomacal. Es útil contra el flujo estomacal y de vientre, y asimismo contra las ulceraciones y el flujo interno. Ennegrece también los pelos de la cabeza”

Receta de vino de loto y dátiles. Pol. . XXII, 2 y Plin. HN. XIII, 106: El loto es parecido a los dátiles o a los higos, si se machaca y mezcla con agua, sale un vino semejante al vino con miel. Se bebe sin añadir agua. Se conserva sólo durante 10 días"

Vino de dátiles, Plin. XIV, 102, con el mismo procedimiento que el de loto, pero con dátiles.

También Dioscórides, V, 31 nos transmite la receta:
“Coge dátiles comunes maduros, échalos en un tonel con un agujero en su base y con una caña empegada ajustada en él, deja el orificio tapado con un lienzo. Vierte 3 congios de agua sobre diez quénices de dátiles. Y si no quieres que quede demasiado dulce, echa cinco congios  de agua. Déjalo durante 10 días. Al undécimo día quita el lienzo que taponaba la caña, recoge el vino, dulce y grueso, y almacénalo. Es dulce, pero produce dolores de cabeza; es eficaz contra los flujos porque astringe, por lo que va bien a los que padecen del estómago, o flujos del vientre o a los que escupen sangre. Algunos mezclan de nuevo con los mismos dátiles igual cantidad de agua y luego recogen el caldo y hacen esto tres, cuatro y cinco veces, cuando al fin se vuelve ácido”

Confiando en que el vino no se nos suba en exceso a la cabeza, nos vemos la semana próxima


Plurimam salutem!

*Imágenes propias





domingo, 3 de marzo de 2013

UINA ROMANA I




Al igual que en nuestros días el vino jugaba un papel importantísimo en los banquetes romanos, por considerarlo beneficioso para la salud y con un valor sagrado.

Sobre el valor sagrado del vino Varrón L.L 6, 21 nos transmite la frase que se repetía en las Meditrinalia  otorgando al vino ese carácter sacro:"Bebo el vino nuevo, el viejo: me curo la enfermedad nueva, la vieja”

Plutarco, Quaestiones Romanae, 45 sobre el uso del vino en la fiesta de las Vinalia: Eneas, al enterarse de su promesa, consagró el vino a los dioses y después de su victoria reunió lo cosechado y lo vertió ante el templo de Venus. ¿O también esto es un símbolo de que debían celebrar las fiestas sobrios y no bebidos en la idea de que a los dioses les complacían más aquellos que derramaban mucho vino puro que quienes lo bebían?”

Sobre las virtudes del vino en general, Dioscórides, V, 6, 4 nos dice lo siguiente:

“En general, todo vino puro y sin mezcla, de naturaleza seca, es calorífico, fácil de asimilar, estomacal, estimulante del apetito, alimenticio, somnífero, fortificante, causante de buen color. Bebido en bastante cantidad, auxilia a los que tomaron cicuta, o cilantro, o ajonjera, o pharikón, o meconio, o litargirio, o tejo, o acónito, u hongos. También contra las mordeduras de serpientes y picaduras de todo animal que por picar o morder aniquile por enfriamiento o revuelva el estómago. Es eficaz también contra la flatulencia crónica, la mordicación del hipocondrio, la dilatación y relajación del estómago, la fluxión de los intestinos y del vientre.

Y sobre todo, los vinos blancos son adecuados para los que sudan copiosamente y traspiran.

 No obstante, los añejos y dulces son más apropiados para las dolencias que afectan a la vejiga y a los riñones, y se aplican con torundas de lana engrasadas en heridas recientes e inflamaciones; se administran también con provecho en forma de loción contra úlceras malignas, cancerosas y supurantes.

Para el uso en estado de salud, son adecuados los que no tienen agua de mar, los secos y los blancos. De entre éstos se consideran mejores los itálicos, como el falerno, el ‘de Surrento’, el ‘de Cécubo’, el del año, y otros muchos procedentes de la Campania; también el ‘de Pretuttio’, ‘de Hatria’, el siciliano llamado ‘mamertino’; de los vinos griegos, el de Quíos, el lesbio, el Phygelitēs, que se origina en Éfeso.

 Los vinos gruesos y negros sientan mal al estómago, son flatulentos y generan carnes, mientras que los finos y secos son estomacales, menos generadores de carnes; son más diuréticos y provocan dolor de cabeza los muy añejos y blancos. Bebidos en gran cantidad afectan a los nervios.

Los medianos en edad, como a partir de siete años, son los mejores para la bebida. La cantidad delimítese según la edad, la estación del año, la costumbre y la cualidad del vino. El no tener sed y el remojar moderadamente la comida es el mejor precepto.

 Toda embriaguez y particularmente la continuada es dañina, pues los nervios, sitiados día a día, van cediendo, y la excesiva bebida diaria provoca las primeras fases de afecciones agudas. Pero beber vino con moderación algunos días y sobre todo, después de haber bebido agua durante algún tiempo, es beneficioso, ya que cambia el estado constitucional haciendo evacuar secreciones perceptibles e invisibles que circulan por los poros. Es menester, sin embargo, beber agua después de un exceso de vino, pues procura un modo de curación por la combinación de sustancias”. 

En el mismo sentido habla Ateneo en el libro I de Banquete de los eruditos: el vino añejo no sólo es apropiado para la degustación, sino también para la salud, pues ayuda a asimilar mejor los alimentos y, al ser más ligero, es digestivo: infunde vigor a los cuerpos, pone la sangre roja y fluida y procura sueños tranquilos. […] el vino blanco es débil y ligero; el pajizo se digiere más fácilmente por ser desecativo”

Tras este preámbulo, hagamos un repaso de los diferentes vinos consumidos por los romanos según su procedencia y elaboración.

Para empezar Dioscórides, V, 6, 4 nos hace una explicación genérica de los tipos de vinos muy interesante:

“Unos son viejos, dañinos para los nervios y para los demás órganos sensoriales, si bien son más agradables al gusto; por ello no son aconsejables en el caso de los que tienen débil alguna parte de su cuerpo. No obstante, en el caso de su utilización en estado de salud, un poco y aguado, se toma sin experimentar por ello daño alguno.

El vino nuevo es flatulento, indigesto, provocador de malos sueños, diurético. El vino de edad mediana ha escapado a las desventajas de los otros dos, por lo que se ha de elegir en los casos de empleo tanto en estado de salud como en la enfermedad.

Además el blanco es sutil, se asimila bien y sienta bien al estómago. El negro es grueso y difícil de digerir y provoca embriaguez y aumento de carnes. El rojizo, al ser intermedio, tiene virtud intermedia con relación a cada uno de los otros. No obstante, debe elegirse el blanco tanto en caso de salud como de enfermedad.

SEGÚN SU CALIDAD

También difieren en calidad: el vino dulce es de componente grueso y de difícil transpiración, inflativo del estómago, perturbador del vientre y del intestino, como también el mosto, aunque embriaga menos y es apto para la vejiga y los riñones.

El vino seco es más diurético, produce dolores de cabeza y embriaguez. El astringente es el mejor para la asimilación de los alimentos, y asienta el vientre y los demás flujos. El suave afecta menos a los nervios y es menos diurético. El mezclado con agua marina sienta mal al estómago, produce sed, es dañino para los nervios, laxante del vientre e inadecuado para quienes convalecen de una enfermedad.

El vino dulce que se hace de uva secada al sol, o tostada en los sarmientos y luego exprimida, se llama ‘crético’ (Krētikós) o ‘sin pisar’ (prótropos) o ‘pramnio’ (Prámneios) o ‘cocido’ (síraios), por obtenerse a base de mosto cocido, o se llama ‘cocción’ hépsēma.

El negro, llamado melampsíthios, es grueso y muy alimenticio, mientras que el blanco es más delgado y el de color intermedio tiene también la virtud intermedia. Cualquiera de ellos es astringente, hace recuperar el pulso, es eficaz contra todos aquellos venenos mortales que aniquilan por ulceración, si se bebe mezclado con aceite y luego se vomita; también para el envenenamiento por meconio, por pharikón , por veneno de flechas, cicuta y la leche coagulada; también lo es para la vejiga y para los riñones afectados de mordicación y úlceras. Pero son los más flatulentos y sientan mal al estómago.

El melampsíthios, particularmente, es apropiado para los flujos del vientre. El blanco es más molificativo del vientre que los demás. El que contiene yeso es dañino para los nervios, produce pesadez de cabeza, es ardiente, inadecuado para la vejiga, pero es más apto que los demás contra los venenos mortales. Los que contienen pez o resina de pino son caloríferos y digestivos, pero inapropiados con eméticos. Los llamados ‘sin añadidos’ (aparákhytoi), pero tienen mezcla de ‘cocción’ (hépsēma), provocan plétora, son embriagadores, flatulentos, dificultan la transpiración y sientan mal al estómago”


Hipócrates en su Tratado sobre la dieta en las enfermedades agudas, 50 también nos habla de los beneficios del vino según su tipología:

Es preciso establecer cómo hay que usar en las enfermedades agudas el vino dulce y el seco, el tinto y el blanco, señalando lo siguiente: el vino dulce es menos pesado y se sube menos a la cabeza que el seco, es más laxante para el intestino que el otro, y provoca hinchazón del bazo e hígado. No es recomendable más que para los que sufren de bilis amarga, pues les da sed. Produce también flato en el intestino superior, aunque desde luego al inferior no le perjudica en proporción a los gases. […]Este vino dulce es también, por lo general, menos diurético que el blanco seco, pero, en cambio, favorece más que el otro la salida de esputos. Cuando da sed al beberlo, su acción expectorante es de mayor eficacia que la del blanco seco, y si no da sed, mayor.[…]

En las enfermedades agudas se podría usar el vino blanco claro y el tinto seco para los siguientes casos: si el vino no se ha subido a la cabeza, ni hay en ella pesadez; si la expectoración no tiene dificultades de salida, ni hay retención de orina, y si las heces están bastante húmedas y contienen briznas, convendría, en estos casos y otros parecidos, beber los vinos citados y dejar de tomar el blanco. Hay también que tener en cuenta que, sí está rebajado con agua, va a producir menos daño a las partes superiores y a la vejiga, y si es puro, favorecerá más al intestino”

 Continuaremos con la tipología de los vinos según su origen. En general los mejores vinos eran los procedentes de la Campania como el conocido Falerno, del que ya hablamos en otra ocasión.

TIPOS DE VINOS

 SEGÚN LUGAR DE PROCEDENCIA

En Dioscórides, V, 6, 4 leemos una perfecta clasificación de los vinos según su origen:

 “El que parece ser el primer vino de los de Italia, el llamado ‘falerno’ (Phalerînos), cuando se ha hecho añejo es de muy fácil digestión, hace recuperar el pulso, retiene el vientre y es estomacal, pero inadecuado para la vejiga, debilitador de la vista, y no conveniente beberlo en abundancia.

El ‘albano’  (Albanós) es de componente más grueso que el falerno, es bien dulce, provoca inflación de estómago, no colabora igualmente a la digestión, es menos nocivo para los nervios. Cuando se hace añejo, también éste se vuelve seco.

 El ‘de Cécubo’ (Kaíkoubos), que es dulce, es de componente más grueso que el albano, genera carnes y buen color, es inadecuado para la digestión.

El ‘de Surrento’  (Syrentînos) es bastante seco, por lo que sujeta el flujo de los intestinos y del estómago y afecta menos a la cabeza, disuelve los humores. Cuando se hace añejo, se vuelve más estomacal y más suave.

El ‘de Hatria’ (Adrianós) y el ‘mamertino’ (Mamertînos), de origen siciliano, son por igual gruesos, moderadamente astringentes, se vuelven añejos más rápidamente y afectan menos los nervios por su propia ligereza.

El ‘de Pretuttio’ (Praitytianós), también él transportado de los terrenos del Adriático, es oloroso, más delicado, por lo que se bebe en abundancia sin notarse, y conserva la ebriedad durante bastante tiempo [y el sopor].

 El llamado ‘de Istro’  (Istrikós) se parece al ‘de Pretuttio’, aunque es más diurético.

 El ‘de Quíos’ (Khîos) es más flojo que los precedentes, agradable de beber, alimenticio, embriagador en menor grado, retenedor de fluxiones, es útil para remedios de los ojos.

El ‘lesbio’ (Lésbios) se asimila bien, es más ligero que el de Quíos y sienta bien al vientre. Posee la misma virtud que el que se origina en Éfeso y se llama Phygelitēs.
El de Asia menor, procedente del monte Tmolo, llamado mesōgítēs, es provocador de dolores de cabeza y dañino para los nervios.

El ‘de Cos’ y ‘de Clazomene’, por tener abundante componente de agua de mar, se estropean fácilmente y son flatulentos, perturbadores del vientre y dañan los nervios”


Según esta explicación intentaremos hacer una clasificación:

- SUAVES Y LIGEROS

 El de Marsella, muy suave y flojo

    “Cuando tu espórtula elimine de su lista a cien ciudadanos puedes ponerles vino ahumado de Marsella”.  (Marcial, Xenia)

El caleno, muy recomendable para la salud por su ligereza.

El Venafrum, procedente de Capua, también muy saludable por ser suave.

En el Lacio encontramos el Tiburtino, ligero aunque mejora con los años. 

De la zona de la Sabina encontramos el sabino, muy suave y ligero, según Marcial X, 49 de baja calidad.

El Formiato, semejante al priverno, poco madurado. 

El mársico  seco y saludable y el beneventano, el mejor de la zona.

En la Venecia, encontramos el de Hadria, muy aromático.

En la Umbria, tenemos según Marcial XIII, 120 al espoletino parece que era dulce y de color dorado.

    “Preferirás vinos viejos de las tinajas de Espoleto a beber los mostos de Falerno.” (Marcial, Xenia)

El vino de Ancona, en el Piceno, era considerado de calidad, aunque calificado por Plinio como graso.

Los vinos de Bari y Tarento, de Abulia, el primero seco y mejorable con los años, el segundo más dulce y saludable para el estómago.

    “Que el Aulon notable en lanas y feraz en viñedos te proporcione a ti sus vellones y a mí sus vinos.” (Marcial, Xenia)

En Lucania, tenemos el Buxentum y el Turios, citados por Galeno y Plinio, el primero es digestivo.

El érboulos, sólo citado por Galeno como un vino que con el tiempo se clarifica como un blanco pajizo.

- CON CUERPO Y GRAN CALIDAD POR SUS AÑOS DE CRIANZA

El famoso caldo de Falerno, procedente de la Campania, era un vino muy apreciado, de crianza, gran cuerpo  y aspereza.

    “Este Másico ha venido de las prensas de Sinuesa. ¿Preguntas bajo qué cónsul se envasó?  Aún no existía.” (Marcial, Xenia)

El Estatano, más suave que el de Falerno, pero con grandes semejanzas a él.

El de Lesbos, considerado un vino de calidad, tiene un sabor salado por su proximidad al mar.

El vino de Quios, un vino tinto, de grandes beneficios para la salud.

De Nápoles, el trebélico, de gran sabor y firmeza.

  El de Sorrento, era uno de los más importantes  de Italia, al mismo nivel que el de Falerno o el estatano y caleno, por su cuerpo y su sabor.

“¿Bebes vino de Sorrento? No lo bebas ni en pintados vasos múrrinos ni en vasos de oro; estos vinos te indicarán las copas que les convienen". (Marcial, Xenia)

El nomentano, con una maduración de 5 años.

    “Las vendimias de Nomentum te proporcionan este vino mío; si te estima Quinto los beberás más finos” (Marcial, Xenia)

De la misma calidad era el de Aequana.


- BAJA CALIDAD

El ager Trifolinus, con gran poso terroso por su escasa filtración, se consideraba un vino de baja calidad.

    “Confieso que no soy vino de los de primera calidad de Trifolio, pero quizá figure entre los vinos en el séptimo lugar.” (Marcial, Xenia)

- DULCES



El Albano era muy famoso, conocían dos variedades: uno dulce y otro más seco, aunque era tan dulce que daba sopor al consumirlo.

“Las viñas que se recrean en el monte de Julo te envían este dulce vino procedente de las bodegas del César.” (Marcial, Xenia)

El Labicum, dulce y consistencia grasa.

El Cécubo dulce, de crianza y digestivo. 

    “El generoso Cécubo se fermenta en los campos de Amicas  cerca de Fundi y la vid reverdece nacido en plena laguna.” (Marcial, Xenia)

De los alrededores de Roma procede el Veliterno, dulce y ligero.

El signino, era un vino blanco y astringente.

    “¿Beberás vino de Signia que estriñe los vientres sueltos? Para que no lo constriña demasiado procura moderar la sed.” (Marcial, Xenia)

- MUY FUERTES

El priverno, Plinio lo considera muy fuerte y un poco cabezón.

El de Fundi, la opinión sobre él varía, para unos era fabuloso, para otros, no recomendable para banquetes por atacar al estómago por ser fuerte.

    “El plácido Otoño del consulado de Opimio trajo estos vinos de Fundi: este cónsul manejó por sí mismo las prensas y bebió su mosto. (Marcial, Xenia)
 
Otros vinos citados en Marcial son:

VINO DE SETIA
    “Setia, que inclinada mira a la campiña pontina, envió desde una pequeña ciudad estos viejos cántaros de vino.” (Marcial, Xenia)

VINO MAMERTINO
    “Si te dan un ánfora de vino de Mesina de vejez de Néstor, puede llevar cualquier nombre”. (Marcial, Xenia)

 VINO TARRACONENSE
    “Tarragona, que tan sólo debe ceder en vinos a los de Campania, ha producido éstos que rivalizan con los de Etruria” (Marcial, Xenia)

VINO DE PELIGNIO
    “Los colonos  pelignios te envían un vino marso turbio; pero no lo bebas tú;  que lo beba tu liberto”. (Marcial, Xenia)

VINO CERETANO
    “Que te sirva Nepote vino ceretano; tú creerás que es de Setia; no lo hace servir a todo el mundo; lo bebe tan sólo con tres invitados.” (Marcial, Xenia)

 Tras este paseo por la geografía antigua nos tomaremos un pequeño descanso para tratar la próxima semana otros tipos de vinos.

Plurimam salutem!

*Imágenes propias