domingo, 3 de marzo de 2013

UINA ROMANA I




Al igual que en nuestros días el vino jugaba un papel importantísimo en los banquetes romanos, por considerarlo beneficioso para la salud y con un valor sagrado.

Sobre el valor sagrado del vino Varrón L.L 6, 21 nos transmite la frase que se repetía en las Meditrinalia  otorgando al vino ese carácter sacro:"Bebo el vino nuevo, el viejo: me curo la enfermedad nueva, la vieja”

Plutarco, Quaestiones Romanae, 45 sobre el uso del vino en la fiesta de las Vinalia: Eneas, al enterarse de su promesa, consagró el vino a los dioses y después de su victoria reunió lo cosechado y lo vertió ante el templo de Venus. ¿O también esto es un símbolo de que debían celebrar las fiestas sobrios y no bebidos en la idea de que a los dioses les complacían más aquellos que derramaban mucho vino puro que quienes lo bebían?”

Sobre las virtudes del vino en general, Dioscórides, V, 6, 4 nos dice lo siguiente:

“En general, todo vino puro y sin mezcla, de naturaleza seca, es calorífico, fácil de asimilar, estomacal, estimulante del apetito, alimenticio, somnífero, fortificante, causante de buen color. Bebido en bastante cantidad, auxilia a los que tomaron cicuta, o cilantro, o ajonjera, o pharikón, o meconio, o litargirio, o tejo, o acónito, u hongos. También contra las mordeduras de serpientes y picaduras de todo animal que por picar o morder aniquile por enfriamiento o revuelva el estómago. Es eficaz también contra la flatulencia crónica, la mordicación del hipocondrio, la dilatación y relajación del estómago, la fluxión de los intestinos y del vientre.

Y sobre todo, los vinos blancos son adecuados para los que sudan copiosamente y traspiran.

 No obstante, los añejos y dulces son más apropiados para las dolencias que afectan a la vejiga y a los riñones, y se aplican con torundas de lana engrasadas en heridas recientes e inflamaciones; se administran también con provecho en forma de loción contra úlceras malignas, cancerosas y supurantes.

Para el uso en estado de salud, son adecuados los que no tienen agua de mar, los secos y los blancos. De entre éstos se consideran mejores los itálicos, como el falerno, el ‘de Surrento’, el ‘de Cécubo’, el del año, y otros muchos procedentes de la Campania; también el ‘de Pretuttio’, ‘de Hatria’, el siciliano llamado ‘mamertino’; de los vinos griegos, el de Quíos, el lesbio, el Phygelitēs, que se origina en Éfeso.

 Los vinos gruesos y negros sientan mal al estómago, son flatulentos y generan carnes, mientras que los finos y secos son estomacales, menos generadores de carnes; son más diuréticos y provocan dolor de cabeza los muy añejos y blancos. Bebidos en gran cantidad afectan a los nervios.

Los medianos en edad, como a partir de siete años, son los mejores para la bebida. La cantidad delimítese según la edad, la estación del año, la costumbre y la cualidad del vino. El no tener sed y el remojar moderadamente la comida es el mejor precepto.

 Toda embriaguez y particularmente la continuada es dañina, pues los nervios, sitiados día a día, van cediendo, y la excesiva bebida diaria provoca las primeras fases de afecciones agudas. Pero beber vino con moderación algunos días y sobre todo, después de haber bebido agua durante algún tiempo, es beneficioso, ya que cambia el estado constitucional haciendo evacuar secreciones perceptibles e invisibles que circulan por los poros. Es menester, sin embargo, beber agua después de un exceso de vino, pues procura un modo de curación por la combinación de sustancias”. 

En el mismo sentido habla Ateneo en el libro I de Banquete de los eruditos: el vino añejo no sólo es apropiado para la degustación, sino también para la salud, pues ayuda a asimilar mejor los alimentos y, al ser más ligero, es digestivo: infunde vigor a los cuerpos, pone la sangre roja y fluida y procura sueños tranquilos. […] el vino blanco es débil y ligero; el pajizo se digiere más fácilmente por ser desecativo”

Tras este preámbulo, hagamos un repaso de los diferentes vinos consumidos por los romanos según su procedencia y elaboración.

Para empezar Dioscórides, V, 6, 4 nos hace una explicación genérica de los tipos de vinos muy interesante:

“Unos son viejos, dañinos para los nervios y para los demás órganos sensoriales, si bien son más agradables al gusto; por ello no son aconsejables en el caso de los que tienen débil alguna parte de su cuerpo. No obstante, en el caso de su utilización en estado de salud, un poco y aguado, se toma sin experimentar por ello daño alguno.

El vino nuevo es flatulento, indigesto, provocador de malos sueños, diurético. El vino de edad mediana ha escapado a las desventajas de los otros dos, por lo que se ha de elegir en los casos de empleo tanto en estado de salud como en la enfermedad.

Además el blanco es sutil, se asimila bien y sienta bien al estómago. El negro es grueso y difícil de digerir y provoca embriaguez y aumento de carnes. El rojizo, al ser intermedio, tiene virtud intermedia con relación a cada uno de los otros. No obstante, debe elegirse el blanco tanto en caso de salud como de enfermedad.

SEGÚN SU CALIDAD

También difieren en calidad: el vino dulce es de componente grueso y de difícil transpiración, inflativo del estómago, perturbador del vientre y del intestino, como también el mosto, aunque embriaga menos y es apto para la vejiga y los riñones.

El vino seco es más diurético, produce dolores de cabeza y embriaguez. El astringente es el mejor para la asimilación de los alimentos, y asienta el vientre y los demás flujos. El suave afecta menos a los nervios y es menos diurético. El mezclado con agua marina sienta mal al estómago, produce sed, es dañino para los nervios, laxante del vientre e inadecuado para quienes convalecen de una enfermedad.

El vino dulce que se hace de uva secada al sol, o tostada en los sarmientos y luego exprimida, se llama ‘crético’ (Krētikós) o ‘sin pisar’ (prótropos) o ‘pramnio’ (Prámneios) o ‘cocido’ (síraios), por obtenerse a base de mosto cocido, o se llama ‘cocción’ hépsēma.

El negro, llamado melampsíthios, es grueso y muy alimenticio, mientras que el blanco es más delgado y el de color intermedio tiene también la virtud intermedia. Cualquiera de ellos es astringente, hace recuperar el pulso, es eficaz contra todos aquellos venenos mortales que aniquilan por ulceración, si se bebe mezclado con aceite y luego se vomita; también para el envenenamiento por meconio, por pharikón , por veneno de flechas, cicuta y la leche coagulada; también lo es para la vejiga y para los riñones afectados de mordicación y úlceras. Pero son los más flatulentos y sientan mal al estómago.

El melampsíthios, particularmente, es apropiado para los flujos del vientre. El blanco es más molificativo del vientre que los demás. El que contiene yeso es dañino para los nervios, produce pesadez de cabeza, es ardiente, inadecuado para la vejiga, pero es más apto que los demás contra los venenos mortales. Los que contienen pez o resina de pino son caloríferos y digestivos, pero inapropiados con eméticos. Los llamados ‘sin añadidos’ (aparákhytoi), pero tienen mezcla de ‘cocción’ (hépsēma), provocan plétora, son embriagadores, flatulentos, dificultan la transpiración y sientan mal al estómago”


Hipócrates en su Tratado sobre la dieta en las enfermedades agudas, 50 también nos habla de los beneficios del vino según su tipología:

Es preciso establecer cómo hay que usar en las enfermedades agudas el vino dulce y el seco, el tinto y el blanco, señalando lo siguiente: el vino dulce es menos pesado y se sube menos a la cabeza que el seco, es más laxante para el intestino que el otro, y provoca hinchazón del bazo e hígado. No es recomendable más que para los que sufren de bilis amarga, pues les da sed. Produce también flato en el intestino superior, aunque desde luego al inferior no le perjudica en proporción a los gases. […]Este vino dulce es también, por lo general, menos diurético que el blanco seco, pero, en cambio, favorece más que el otro la salida de esputos. Cuando da sed al beberlo, su acción expectorante es de mayor eficacia que la del blanco seco, y si no da sed, mayor.[…]

En las enfermedades agudas se podría usar el vino blanco claro y el tinto seco para los siguientes casos: si el vino no se ha subido a la cabeza, ni hay en ella pesadez; si la expectoración no tiene dificultades de salida, ni hay retención de orina, y si las heces están bastante húmedas y contienen briznas, convendría, en estos casos y otros parecidos, beber los vinos citados y dejar de tomar el blanco. Hay también que tener en cuenta que, sí está rebajado con agua, va a producir menos daño a las partes superiores y a la vejiga, y si es puro, favorecerá más al intestino”

 Continuaremos con la tipología de los vinos según su origen. En general los mejores vinos eran los procedentes de la Campania como el conocido Falerno, del que ya hablamos en otra ocasión.

TIPOS DE VINOS

 SEGÚN LUGAR DE PROCEDENCIA

En Dioscórides, V, 6, 4 leemos una perfecta clasificación de los vinos según su origen:

 “El que parece ser el primer vino de los de Italia, el llamado ‘falerno’ (Phalerînos), cuando se ha hecho añejo es de muy fácil digestión, hace recuperar el pulso, retiene el vientre y es estomacal, pero inadecuado para la vejiga, debilitador de la vista, y no conveniente beberlo en abundancia.

El ‘albano’  (Albanós) es de componente más grueso que el falerno, es bien dulce, provoca inflación de estómago, no colabora igualmente a la digestión, es menos nocivo para los nervios. Cuando se hace añejo, también éste se vuelve seco.

 El ‘de Cécubo’ (Kaíkoubos), que es dulce, es de componente más grueso que el albano, genera carnes y buen color, es inadecuado para la digestión.

El ‘de Surrento’  (Syrentînos) es bastante seco, por lo que sujeta el flujo de los intestinos y del estómago y afecta menos a la cabeza, disuelve los humores. Cuando se hace añejo, se vuelve más estomacal y más suave.

El ‘de Hatria’ (Adrianós) y el ‘mamertino’ (Mamertînos), de origen siciliano, son por igual gruesos, moderadamente astringentes, se vuelven añejos más rápidamente y afectan menos los nervios por su propia ligereza.

El ‘de Pretuttio’ (Praitytianós), también él transportado de los terrenos del Adriático, es oloroso, más delicado, por lo que se bebe en abundancia sin notarse, y conserva la ebriedad durante bastante tiempo [y el sopor].

 El llamado ‘de Istro’  (Istrikós) se parece al ‘de Pretuttio’, aunque es más diurético.

 El ‘de Quíos’ (Khîos) es más flojo que los precedentes, agradable de beber, alimenticio, embriagador en menor grado, retenedor de fluxiones, es útil para remedios de los ojos.

El ‘lesbio’ (Lésbios) se asimila bien, es más ligero que el de Quíos y sienta bien al vientre. Posee la misma virtud que el que se origina en Éfeso y se llama Phygelitēs.
El de Asia menor, procedente del monte Tmolo, llamado mesōgítēs, es provocador de dolores de cabeza y dañino para los nervios.

El ‘de Cos’ y ‘de Clazomene’, por tener abundante componente de agua de mar, se estropean fácilmente y son flatulentos, perturbadores del vientre y dañan los nervios”


Según esta explicación intentaremos hacer una clasificación:

- SUAVES Y LIGEROS

 El de Marsella, muy suave y flojo

    “Cuando tu espórtula elimine de su lista a cien ciudadanos puedes ponerles vino ahumado de Marsella”.  (Marcial, Xenia)

El caleno, muy recomendable para la salud por su ligereza.

El Venafrum, procedente de Capua, también muy saludable por ser suave.

En el Lacio encontramos el Tiburtino, ligero aunque mejora con los años. 

De la zona de la Sabina encontramos el sabino, muy suave y ligero, según Marcial X, 49 de baja calidad.

El Formiato, semejante al priverno, poco madurado. 

El mársico  seco y saludable y el beneventano, el mejor de la zona.

En la Venecia, encontramos el de Hadria, muy aromático.

En la Umbria, tenemos según Marcial XIII, 120 al espoletino parece que era dulce y de color dorado.

    “Preferirás vinos viejos de las tinajas de Espoleto a beber los mostos de Falerno.” (Marcial, Xenia)

El vino de Ancona, en el Piceno, era considerado de calidad, aunque calificado por Plinio como graso.

Los vinos de Bari y Tarento, de Abulia, el primero seco y mejorable con los años, el segundo más dulce y saludable para el estómago.

    “Que el Aulon notable en lanas y feraz en viñedos te proporcione a ti sus vellones y a mí sus vinos.” (Marcial, Xenia)

En Lucania, tenemos el Buxentum y el Turios, citados por Galeno y Plinio, el primero es digestivo.

El érboulos, sólo citado por Galeno como un vino que con el tiempo se clarifica como un blanco pajizo.

- CON CUERPO Y GRAN CALIDAD POR SUS AÑOS DE CRIANZA

El famoso caldo de Falerno, procedente de la Campania, era un vino muy apreciado, de crianza, gran cuerpo  y aspereza.

    “Este Másico ha venido de las prensas de Sinuesa. ¿Preguntas bajo qué cónsul se envasó?  Aún no existía.” (Marcial, Xenia)

El Estatano, más suave que el de Falerno, pero con grandes semejanzas a él.

El de Lesbos, considerado un vino de calidad, tiene un sabor salado por su proximidad al mar.

El vino de Quios, un vino tinto, de grandes beneficios para la salud.

De Nápoles, el trebélico, de gran sabor y firmeza.

  El de Sorrento, era uno de los más importantes  de Italia, al mismo nivel que el de Falerno o el estatano y caleno, por su cuerpo y su sabor.

“¿Bebes vino de Sorrento? No lo bebas ni en pintados vasos múrrinos ni en vasos de oro; estos vinos te indicarán las copas que les convienen". (Marcial, Xenia)

El nomentano, con una maduración de 5 años.

    “Las vendimias de Nomentum te proporcionan este vino mío; si te estima Quinto los beberás más finos” (Marcial, Xenia)

De la misma calidad era el de Aequana.


- BAJA CALIDAD

El ager Trifolinus, con gran poso terroso por su escasa filtración, se consideraba un vino de baja calidad.

    “Confieso que no soy vino de los de primera calidad de Trifolio, pero quizá figure entre los vinos en el séptimo lugar.” (Marcial, Xenia)

- DULCES



El Albano era muy famoso, conocían dos variedades: uno dulce y otro más seco, aunque era tan dulce que daba sopor al consumirlo.

“Las viñas que se recrean en el monte de Julo te envían este dulce vino procedente de las bodegas del César.” (Marcial, Xenia)

El Labicum, dulce y consistencia grasa.

El Cécubo dulce, de crianza y digestivo. 

    “El generoso Cécubo se fermenta en los campos de Amicas  cerca de Fundi y la vid reverdece nacido en plena laguna.” (Marcial, Xenia)

De los alrededores de Roma procede el Veliterno, dulce y ligero.

El signino, era un vino blanco y astringente.

    “¿Beberás vino de Signia que estriñe los vientres sueltos? Para que no lo constriña demasiado procura moderar la sed.” (Marcial, Xenia)

- MUY FUERTES

El priverno, Plinio lo considera muy fuerte y un poco cabezón.

El de Fundi, la opinión sobre él varía, para unos era fabuloso, para otros, no recomendable para banquetes por atacar al estómago por ser fuerte.

    “El plácido Otoño del consulado de Opimio trajo estos vinos de Fundi: este cónsul manejó por sí mismo las prensas y bebió su mosto. (Marcial, Xenia)
 
Otros vinos citados en Marcial son:

VINO DE SETIA
    “Setia, que inclinada mira a la campiña pontina, envió desde una pequeña ciudad estos viejos cántaros de vino.” (Marcial, Xenia)

VINO MAMERTINO
    “Si te dan un ánfora de vino de Mesina de vejez de Néstor, puede llevar cualquier nombre”. (Marcial, Xenia)

 VINO TARRACONENSE
    “Tarragona, que tan sólo debe ceder en vinos a los de Campania, ha producido éstos que rivalizan con los de Etruria” (Marcial, Xenia)

VINO DE PELIGNIO
    “Los colonos  pelignios te envían un vino marso turbio; pero no lo bebas tú;  que lo beba tu liberto”. (Marcial, Xenia)

VINO CERETANO
    “Que te sirva Nepote vino ceretano; tú creerás que es de Setia; no lo hace servir a todo el mundo; lo bebe tan sólo con tres invitados.” (Marcial, Xenia)

 Tras este paseo por la geografía antigua nos tomaremos un pequeño descanso para tratar la próxima semana otros tipos de vinos.

Plurimam salutem!

*Imágenes propias

domingo, 24 de febrero de 2013

UNA ENSALADA REFRESCANTE



Esta semana haremos una receta encontrada en Compilaciones médicas, IV, 4, 1 libro del médico Oribasio de Pérgamo.  

Se trata de una sencilla ensalada de repollo.

 Las coles estaban muy bien consideradas entre los antiguos. Conocían todas sus variedades, las cocían y aprovechaban su caldo para espesar las salsas e incluso para dar sabor a sus guisos.
 Las usaban con fines curativos para purgar el estómago como bien nos indica Catón, CLVI:

Toma cuatro péndulos de col muy ligera, haz tres manojos iguales y átalos. Después pon al fuego una olla con agua: cuando comience a hervir, pon durante un rato un manojo; cesará de hervir; cuando empiece de nuevo a hervir, déjalo un poco hasta que cuentes hasta cinco y retíralo. [3] Haz eso mismo con el otro manojo y con el tercero. Después sácalos, pícalos, ponlos dentro de un paño y saca el jugo, casi una hemina, dentro de tiestos; añade un grumo de sal como una alubia y comino tostado, tanto que de olor: entonces ponlo a la serena de la noche. El que lo tenga que beber que lo tome bien caliente, que beba agua con miel, sin cenar. [4] Después, por la mañana, beba el jugo y camine cuatro horas; que haga lo que tenga que hacer. Cuando se deba de acostar que vacíe el estómago. Vaciará tanta hiel y mucosidad, que el mismo se admirará de dónde sale tanto. Después, que beba una hemina o un poco más: si aún va, que coja dos porciones de harina fina, que la disuelva en agua y que beba un poco: se le interrumpirá”.
 
Una utilización curiosa era para evitar la embriaguez del vino si se tomaba antes de beber, siguiendo una costumbre de los egipcios y, si se tomaba después, eliminaba la resaca del exceso del vino.
RECETA CLÁSICA

 “Cortar el repollo con un cuchillo bien afilado, después lavarla y escurrirla bien. Al repollo troceado, añadir coriandro y ruda picada. A continuación, aderezar con vinagre mielado y una ralladura de silphium”

Para hacer el vinagre mielado (oxymeli) podemos seguir las indicaciones de varios autores:

 Dioscórides, V, 14

 “El ojimiel se prepara así: toma 5 cotilas de vinagre, una mina  de sal marina, 10 minas de miel, 10 cotilas de agua, mézclalo todo y cuécelo hasta que haya echado a hervir diez veces. Y tras haberlo dejado enfriar, échalo en jarros.
El ojimiel ingerido parece que arrastra los humores gruesos, siendo beneficioso para los afectados de ciática, para los que sufren de las articulaciones y los epilépticos. Socorre, asimismo, a los mordidos por la víbora llamada “eslizón”, a los que bebieron meconio o ajonjera. Es un provechoso gargarismo contra las anginas.”
 

Plinio, 23, 29

“De Dieuches aprendemos la manera en que oxymeli fue elaborado por los antiguos. En un caldero se ponen diez minas de miel, cinco heminas de vinagre viejo, una libra y un cuarto de sal marina, y cinco sextarios de agua de lluvia, la mezcla se hierve. Luego todo junto se cocina unas diez veces, después de lo cual se vierte fuera. Asclepíades, sin embargo, condenó esta preparación. Aún así, sin embargo, se admite generalmente que era útil para la cura de las picaduras causadas por la serpiente, actúa como un antídoto al opio y al muérdago. Se emplea también, caliente,  para hacer gárgaras para amigdalitis y enfermedades de los oídos, y para afecciones de la boca y la garganta, para todos estos fines”.

Galeno, 4, 6

“Hervir miel hasta que comience a espumar, desespumar bien, añadir bastante vinagre hasta conseguir que esté ni demasiado fuerte ni demasiado dulce. Hervir de nuevo.  Se utiliza mezclado con agua siguiendo las pautas del vino mezclado con agua”

ADAPTACIÓN DE LA RECETA

Ingredientes

Un repollo
30 ml. de vinagre de uvas
120 gr. de miel
Unas hojas de coriandro fresco (que podemos dejar un ratito en maceración con aceite de oliva)
Unas hojas de ruda que puede ser sustituida por hinojo.
Un poco de sal
Una pizca de polvo de asafoetida

Elaboración

Primero haremos el vinagre mielado siguiendo las instrucciones de Galeno:
Herviremos la miel, desespumamos y después añadimos el vinagre. Hervimos de nuevo conjuntamente hasta que reduzca un poco.

Después cortamos el repollo, lo lavamos y escurrimos bien. Añadimos las hierbas picadas, tres cucharadas de vinagre, un poco de asafoetida y si queremos, una pizca de sal.



También podemos aderezar la ensalada de repollo siguiendo las recetas de Apicio:

“Repollo aderezado con comino, sal, vino añejo y aceite. Si se desea se puede añadir también pimienta, menta y cilantro".

“Aderezar con piñones asados y pasas. Servir con un poco de aceite, sal y un poco de pimienta espolvoreada”.

Prosit!

Plurimam salutem!

*Imágenes propias