domingo, 24 de febrero de 2019

USOS MÉDICOS DE LA COL

Hace unos días hablamos del cultivo de la col, una verdura altamente estimada por los antiguos. En esta ocasión nos centraremos en su uso médico y en el gran número de remedios que nos han legado las fuentes clásicas.

USOS MÉDICOS DE LA COL

Comenzaremos con Catón, D.A, 156 que nos habla de las propiedades digestivas de la col: “La col es la hortaliza que supera a todas. Cómela cocida o cruda: si la comes cruda, mójala en vinagre: hace digerir maravillosamente, hace buen vientre y su orina es sana para todo. Si quieres beber mucho y cenar a placer en el banquete, cómela cruda antes de la cena en la cantidad que quieras mojada en vinagre, e igualmente, cuando hayas cenado, come unas cinco hojas: te pondrá como si no hubieras comido nada y beberás  cuanto quieras.
Si quieres vaciar el estómago, coge cuatro libras de col que sea muy tierna; a continuación haz tres puñados iguales y átalos. Después, pon una olla con agua; cuando comience a hervir, mete durante un momento un puñado; dejará de hervir; después, cuando comience a hervir, mételo un poco hasta contar cinco; sácalo. Haz lo mismo con el segundo puñado e igual con el tercero.
Después échalos ***, aplástalos y apártalos en un lienzo, exprime su jugo, aproximadamente una hemina, en un pocillo de barro: échale un grano de sal como un yero y el suficiente comino frito para que dé olor; después, pon el pocillo al sereno de noche. Quien haya de beberlo, lávese con agua caliente, beba agua endulzada con miel y acuéstese sin cenar. Después, por la mañana beba el jugo y pasee cuatro horas,  haga sus quehaceres si tiene alguno. Cuando venga la gana y acucie la náusea, túmbese y púrguese: echará tanta bilis y mucosidad que a él mismo le extrañará de dónde sale tanto. Después, cuando haga de vientre, beba una hemina o un poco más; si hace demasiado, tome dos cucharadas de harina fina, deslíalas en agua, beba un poco y se detendrá. Pero para quienes padezcan de cólicos es menester macerar col en agua; cuando esté macerada, échala en agua caliente, cuécela hasta que se ablande bien y tira el agua.
Después, añade sal y un poquito de comino y añádele también flor de harina de cebada y encima el alimento que se quiera, después cómase; pero si pudiera comer sola la col, cómala. Y si está sin fiebre, dale vino tinto recio: bébalo lo menos aguado posible; si hay fiebre, agua. Haz esto todos los días por la mañana. No le des mucho para que no se hastíe y pueda en adelante comerla a placer. Dala de la misma manera a hombres, mujeres y niños. Ahora trataré de los que orinan con dificultad y de los que orinan gota a gota. Coge una col, échala en agua hirviendo, cuécela un poquito de modo que esté casi cruda; después, tira el agua, no toda. Añádele bastante aceite y sal y un poquito de comino, hazla hervir un poco; después, sorber frío su caldo y comer la propia col para que se digiera lo antes posible; hazlo a diario”


Catón, D.A, 157 concreta sobre la col pitagórea: “qué virtudes tiene y principios salutíferos.[…] Para todas las heridas e inflamaciones ponla triturada encima: limpiará todas las llagas y las sanará sin dolor; también ablanda las hinchazones y las hace supurar, también limpiará las heridas fétidas y los tumores y los sanará, cosa que otro medicamento no puede hacer. Pero antes de aplicarla, da un lavado con agua caliente abundante: después, aplícala triturada dos veces al día: con ello se quitará el mal olor. El tumor negro da olor y echa una pus sucia; el blanco es purulento, pero fistuloso y supura por dentro bajo la carne. Para heridas de este tipo [4] tritura col; las sanará; es la mejor para heridas de este tipo. Y si hay alguna luxación, aplica calor dos veces al día con agua caliente y ponle encima col triturada; la sanará enseguida; pónsela dos veces al día; quitará los dolores. Si hay contusión, se hinchará; ponle encima col triturada; la sanará. Si se ha producido alguna llaga o carcinoma en los pechos, ponle encima col triturada; lo sanará. Si la llaga no pudiera resistir su aspereza, mézclale harina de cebada y pónsela así encima; sanará todas las llagas de este tipo, cosa que otro medicamento no puede hacer ni limpiar. Si un niño o una niña tuvieran una llaga de este tipo, añádele harina de cebada. Si quieres comerla picada, lavada, seca o espolvoreada de sal y vinagre, no hay nada más saludable. Para que la comas más a placer, rocíala con vinagre endulzado con miel; algo más a placer la comerás lavada, seca, con ruda y coriandro, troceada y espolvoreada de sal. Te hará bien, no dejará que quede en tu cuerpo nada malo y hará buen vientre. Si previamente hubiera dentro algún mal, lo pondrá todo sano y lo hará salir todo de la cabeza y de los ojos y lo  pondrá sano. Es menester comerla por la mañana en ayunas. Si hay bilis negra y se inflama el bazo y si duele el corazón y duele el hígado, los pulmones o el diafragma, en una palabra, lo pondrá todo sano, incluso lo que produzca dolor internamente. Rállale encima silfio: es bueno. En efecto, todas las venas, cuando están hinchadas por el alimento, no pueden llevar la respiración por todo el cuerpo: de ahí surge alguna enfermedad. Cuando por el mucho alimento no se mueve el vientre, si utilizas la col en la debida proporción, como te aconsejo, no sobrevendrá ninguna enfermedad por el abuso de éste. Pero nada disipa tanto la enfermedad articular como la col cruda (si la comes troceada con ruda y coriandro machacados, seca y con laserpicio rallado) y la col en ojimiel y espolvoreada de sal. Si la empleas así, podrás poner a prueba todas las articulaciones. No supone ningún gasto: y si supusiese gasto, no obstante habría que experimentarlo por salud. Es menester comerla por la mañana en ayunas. Si uno está insomne o con debilidad senil, lo pondrás sano con este mismo procedimiento curativo. Pero a un hombre en ayunas dale col asada y aceitada en caliente, con un poco de sal; cuanto más coma, tanto más rápido se pondrá sano de esa enfermedad. Para quienes sufren de cólicos, haz lo siguiente: macera bien la col, échala después en una olla, hazla hervir bien. Cuando esté bien cocida, tira el agua; añádele bien de aceite, un poquito de sal, comino y flor de polenta. Después, hiérvela bien: cuando haya hervido, échala en una escudilla; dásela a comer, si es capaz, sin pan; si no, dale pan blanco, que lo moje ahí. Y si no tiene fiebre, dale a beber vino tinto; se pondrá sano enseguida. Y si alguna vez surge necesidad de ello para quien está débil, lo siguiente puede ponerlo sano: se come la col tal como está escrito arriba, y además esto: conserva la orina del que ha comido col a menudo; caliéntala, mete en ella a esa persona débil; se pondrá sano enseguida con este tratamiento: está comprobado.
Igualmente, si lavas a los niños pequeños en esa orina, nunca se pondrán débiles. Y a quienes tienen la vista poco clara, imprégnaselos con esta orina: verán mejor. Si duele la cabeza o el cuello, lávalos con esa orina caliente: dejarán de doler. Y si la mujer aplica en sus partes fomentos de esta orina, nunca le vendrá tarde el mes; y es menester aplicar así los fomentos: cuando los hayas hecho hervir en una escudilla, pónselos bajo un asiento horadado: que se siente ahí la mujer, cúbrela y envuélvela en ropa.


La col silvestre tiene muchísima fuerza. Es menester secarla y machacarla bien menuda. Si quieres purgar a alguien, que no cene el día anterior; dale por la mañana en ayunas col triturada y cuatro ciatos de agua. Ninguna otra cosa lo purgará tan bien, ni el eléboro ni la escamonea, y sin peligro. Y debes saber que es saludable para el cuerpo. A los que desconfías de sanar, los sanarás. Quien se haya purgado con esta purga, trátalo de la siguiente manera: dásela en poción líquida durante siete días. Cuando quiera comer, dale carne de asno; si no quiere comer, dale col cocida y pan, y que beba vino ligero diluido, que se lave poco y emplee ungüentos. Quien se haya purgado así, dispondrá de una salud duradera y no le vendrá ninguna enfermedad a no ser por su culpa. Y si alguien tiene una llaga repulsiva o reciente, rocía esta col silvestre con agua y pónsela encima: lo sanarás. Y si hay una fístula, introdúcele una torunda de col; si no cabe la torunda, dilúyela, métela en una ampolla, átale una caña y aprieta para que entre en la fístula; eso la sanará enseguida. Y para todas las llagas viejas y recientes, aplícala triturada con miel: las sanará. Y si entra un pólipo en la nariz, pon en  unas pinzas col silvestre seca triturada y métela en la nariz y respira hacia dentro lo más que puedas: en tres días caerá el pólipo y, cuando haya caído, haz lo mismo no obstante unos cuantos días para curar completamente las raíces del pólipo. Si oyes poco con los oídos, tritura col con vino, exprime el jugo, instílalo tibio dentro del oído: advertirás enseguida que oyes más. Aplica col al impétigo de sarna: lo sanará y no hará llaga”

Paladio, TA 14, 6, 1 nos comenta que la berza es un gran benefactor  para tratar las enfermedades de las vacas: “Son síntomas de indigestión los eructos frecuentes, crujidos de tripas, falta de apetito, tensión nerviosa, y escasa agudeza visual; debido a ello el buey no rumia ni se limpia a lametazos. Servirán de medicación dos congios de agua caliente y a continuación treinta cogollos de berza cocidos y administrados con vinagre, si bien durante un día deben abstenerse de cualquier otro alimento”


Paladio, TA 14, 9, 1 para curar la fiebre del buey: “Al buey que tiene fiebre conviene dejarlo sin comer durante un día; al siguiente, extraerle un poco de sangre, en ayunas, bajo la cola; dejando de por medio una hora, echar treinta coles de berza de tamaño mediano cocidas en aceite y garo, a modo de insalivante, y darles esta dieta en ayunas durante cinco días”

Paladio, TA 14, 39, 1 para engordar a los bueyes: “Se conseguirá engordar a los bueyes si cuando vuelven de pastar se les dan coles rociadas con vinagre fuerte; luego, paja cribada mezclada con salvado de trigo candeal durante cinco días; al sexto, cuatro cótilas de cebada molida, añadiéndolas a la alimentación a lo largo de seis días seguidos. Durante el invierno  tomarán  alimento después del canto del gallo y, además, hacia el amanecer”

Paladio, TA 14, 28, 1 habla del uso de la berza para  “la mula que está en celo se le da berza cruda”

Dioscórides 2, 120, nos habla sobre los usos medicinales de la berza cultivada (krámbē hēmeros): “Berza cultivada. [Otros ‘berza de huerta’ (krámbē kepaía); los romanos brassica] Si se come justo escaldada es buena para el vientre, mientras que la recocida retiene el vientre y todavía más la cocida dos veces o en lejía. Sienta peor al estómago y es más acre la que se coge en verano; la de Egipto es incomible por su amargor. Comida, ayuda a los que sufren de ambliopía y temblores. Si se toma como postre, hace desaparecer el malestar de la borrachera y del vino. Si se come el troncho resulta más digestivo y diurético; conservada salada se digiere mal y perjudica el vientre. {2} Su jugo crudo bebido con lirio y natrón ablanda el vientre; bebido con vino ayuda a los mordidos por víbora; con harina de alholva y vinagre a los gotosos y a los que sufren de las articulaciones; conviene para llagas sucias y antiguas, en emplasto; instilado solo, por la nariz, purga la cabeza de humores. Aplicado directamente con harina de cizaña, provoca la menstruación. Sus hojas en cataplasma, solas o con harina de cebada, son eficaces contra cualquier inflamación o hinchazón; cura también las erisipelas, ampollas nocturnas y lesiones leprosas; con sal arrancan los carbuncos; también detienen la caída de los pelos de la cabeza; [cocidas y mezcladas con miel tienen efecto en las úlceras invasivas de las gangrenas]; {3} comidas crudas con vinagre benefician a los que padecen del bazo; masticadas o bebiendo su zumo, restablecen de la afonía; su decocción bebida activa el vientre y la menstruación. La flor impide la concepción aplicada en supositorio vaginal después del parto. Su semilla, especialmente de la berza que se produce en Egipto, si se bebe, expulsa las lombrices. Se mezcla también para hacer antídotos contra venenos de alimañas y se usa para limpiar la cara y las pecas. Sus tallos verdes ligeramente quemados con sus raíces, envueltos en grasa de cerdo rancia, hacen cesar los dolores recurrentes de costado en aplicación directa”

Sobre la berza silvestre (krámbē agría), Dioscórides 2, 121 podemos leer estos usos médicos: “[La llaman los romanos brassica rustica.] En general crece en lugares junto al mar y en precipicios; se parece a la cultivada pero es más blanca, más espesa y amarga. Su troncho cocido en lejía no sabe mal. Sus hojas en cataplasma tienen virtud de soldar las heridas y de disipar las inflamaciones e hinchazones”


Ateneo, IX, 370 se refiere a la col como: "adivina entre las verduras, los de antaño.
Quizás Nicandro llama ≪adivina≫ (mantis) a la berza por ser sagrada, ya que también en Hiponacte, en los yambos, se dice más o menos lo siguiente [fr. 107, 47-49 Deg.]:

Mas el, escapándose, suplico a la berza de siete hojas, en cuyo honor solía sacrificar Pandora en las Targelias, a modo de chivo expiatorio, un pastel hecho a molde.

Y Ananio, por su parte, dice [IEGII, fr. 4] : Y a ti es a quien más quiero de los hombres con mucho, !si, por la berza! 

Tambien Teleclides, en Los pritanes [PCG VII, fr. 29], dice ≪!Si, por las berzas!≫. 

Y Epicarmo, en Tierra y mar [PCG I, fr. 22 (26 R-N)]: ≪! Si, por la berza!≫. Eupolis, en Los que se sumergen [PCG V, fr. 84, 2]: ≪! Si, por la berza!≫. Se pensaba, por otra parte, que era de origen jonio este juramento. Y no es extraño que algunos juraran por la berza, cuando hasta Zenon de Citio [SVFI, test. 32 a] el fundador de la estoa, remedando el juramento de Sócrates por el perro, juraba él también por la alcaparra, según afirma Empedo, en sus Memorables [FHG IV, pag. 403], En otro orden de cosas, en Atenas a las parturientas se les preparaba berza para comer, como una especie de antídoto. Por ejemplo, Efipo, en Geriones, dice [PCG Y , fr. 3]:

Entonces, como es que no hay ninguna corona ante las puertas, ni el olor de la grasa golpea la punta extrema de la nariz, siendo las Anfidromias? En ellas se acostumbra a tostar lonchas de queso del Quersoneso, y a hervir una col resplandeciente de aceite, y a cocer costillas de gruesos corderos, y a desplumar palomas y tordos junto con pichones, y a devorar sepias al tiempo que calamares, y a machacar vigorosamente tentáculos en cantidad, y a beber numerosas copas sin rebajar"



A continuación vamos a enumerar sus enormes beneficios terapéuticos

Contra inflamaciones externas, excrecencias carnosas, la erisipela, la lepra, temblores o tiritonas de frío, la diarrea, inflamaciones externas y excrecencias carnosas 

Es diurético y un gran laxante intestinal 

Mitiga el dolor articular 

Previene la esterilidad femenina y provoca la menstruación

Expulsa humores 

Para las mordeduras de alimañas y víboras 

Para ampollas nocturnas 

Para expulsar parásitos intestinales, gusanos, tenia 

Para la agudeza visual 

Para la pleuritis, la tráquea y la afonía

Para limpiar heridas 

Para el mal de la gota 

Forma de aplicación

Emplasto, cataplasma

Aplicado con otros medicamentos

Aplicado con sal

Aplicado directamente tras quemar o tostar

Bebido con agua o vino

Bebido con otros medicamentos

Decocción con agua

Instilación

Jugo

Supositorio vaginal

Usos cosméticos

Para evitar la caída del cabello

Otros usos

Para evitar la embriaguez 

Efectos secundarios

Mala digestión y pesadez de vientre

Como podemos comprobar son muchas sus propiedades , así que.... ¡a comer col!

Plurimam salutem!


domingo, 10 de febrero de 2019

¡A LA RICA COL!


Sobre la col son muchas las citas que encontramos en la antigüedad. Veamos qué nos cuentan los autores clásicos sobre esta sabrosa hortaliza.

Por lo que respecta a su nomenclatura encontramos diferentes términos para referirse a la col, como son BRASSICA, CAULIS, (H)OLUS , su uso variaba según se hiciere mención del tronco o de la planta entera.  En griego palabras como  KRÁMBE O RHÁPHANOS.
  
VARIEDADES DE COLES

Ateneo, IX, 370 nos hace una relación de los tipos de berza: “Eudemo de Atenas, en su obra Sobre las verduras, dice que hay tres especies de berza, la llamada salobre (halmyrls), la de hoja lisa y la de hoja de perejil (selinoussa).
Por su buen sabor se considera mejor la salobre. Crece en Eretria, Cime, Rodas, y tambien en Cnido y Efeso.
La de hoja lisa —afirma— se da en todas las regiones. La de hoja de perejil toma el nombre por su forma rizada, ya que es parecida al perejil en esto y en su aspecto compacto.
Teofrasto, por su parte, escribe así [Historia de las plantas VIII 4, 4]: Un tipo de col (me refiero a la berza39), es el de hoja lisa, y otro, el silvestre.
Dífilo de Sifnos, por otro lado, dice: Se produce una berza excelente y riquísima en Cime; en Alejandría, en cambio, amarga. La semilla traída de Rodas a Alejandría en el mismo ano da la berza sabrosa, pero con el tiempo vuelve a adquirir las características propias de la región. Y Nicandro, en las Geórgicas [fr. 85 G.- Sch.]: Lisa es la berza, pero en ocasiones la silvestre viene a dar en los arriates sembrados y crece abundante en hojas, o rizada y ramosa con crepitantes pétalos, o tirando a purpura y con aspecto de greñas, y el brote descolorido de color verde claro, que se parece a las suelas con las que arreglan las sandalias remendadas.

Leemos en Teofrasto, H.P, VII, 4, 4 que Hay tres clases de coles: la de hoja tupida, la de hoja suave y la clase silvestre. Esta última tiene pequeña, suave y redondeada la hoja, tiene muchas ramas y muchas hojas, posee, además, un gusto acre y medicinal; por esto, los médicos la usan para el vientre. También en las dos primeras clases parece que hay diferencias, en cuanto que una de ellas carece de semilla o sólo la tiene de mala calidad. En general, la berza de hoja tupida tiene mejor sabor que la de hoja rala y tiene hojas más grandes”

También Catón, D.A, 157 nos habla de los tipos: “Primeramente es menester que conozcas qué variedades de col existen y cómo es su naturaleza. Lo combina todo para una buena salud y siempre cambia: con el calor, con la sequedad e igualmente con la humedad, con lo dulce, con lo amargo y con lo ácido; pero la col que se llama «de siete hojas» comprende en su naturaleza todo ello mezclado. Ahora, para que conozcas la naturaleza de ellas, la primera es la que se denomina «lisa»: es grande, de hojas anchas y tallo grande, tiene una naturaleza robusta y una gran fuerza. La segunda es rizada, se llama «apiacon»: ésta es buena por su naturaleza y por su aspecto y es más eficaz para sanar que la que se ha descrito arriba. E igualmente está la tercera, que se llama «suave», de tallos menudos, tierna, y la más ácida de todas ellas, de escaso jugo y muy fuerte; y primeramente debes saber que de todas las coles ninguna es tan medicinal.


Plinio H.N, 19, 41 desarrolla mucho mejor las variedades de coles: “El repollo y la col rizada, que en la actualidad son las más apreciadas de todas las hortalizas, se consideraban poco respetables entre los griegos; pero Catón,  por el contrario, canta las alabanzas maravillosas de la col, las propiedades medicinales de las cuales vamos a ampliar debidamente en cuando venimos a tratar de ese tema. Catón distingue tres variedades de la col; el primero, una planta con hojas bien abiertas, y un tallo grande; un segundo, con hojas crujientes, al que le da el nombre de "apiaca"; y un tercero, con un tallo delgado, y una hoja suave y tierna, que con él es la más baja de todas […] El repollo, también, es uno de esos artículos tan apreciados por los epicúreos; por lo cual no estará mal si hablamos de él con mayor extensión. […]Otro tipo se conoce como el repollo Tritian: en dinero y mano de obra cuesta el doble que cualquiera de los otros. Las otras variedades de la col son numerosas: está la col de Cumania, con hojas que se encuentran cerca del suelo y una cabeza amplia y abierta; la col  Aricinian , también, de una altura no mayor, pero con hojas más numerosas y más delgadas; esta última se considera la más útil de todas, ya que debajo de casi todas las hojas hay pequeños brotes arrojados, propios de este variedad. El repollo, de nuevo, de Pompeya es considerablemente más alto, el tallo, que es delgado en la raíz, aumenta de espesor a medida que se eleva entre las hojas, que son menos numerosas y más estrechas; El gran mérito de esta col es su notable ternura, aunque no puede soportar el frío. La col de Bruttium, por otro lado, se desarrolla mejor para el frío; las hojas son notablemente grandes, el tallo delgado y el sabor picante. Las hojas, una vez más, de la col  Sabine  están crujientes a tal punto que excitan nuestra sorpresa, y su grosor es tal que casi agota el tallo; en la dulzura, sin embargo, se dice que supera a todos los demás.
Últimamente se han puesto de moda las coles conocidas como "Lacuturres";  se cultivan en el valle de Aricia, donde antes había un lago, que ya no existe, y una torre que aún está en pie. La cabeza de esta col es muy grande, y las hojas son casi sin número, algunas de ellas son redondas y lisas, y otras largas y nervudas; de hecho, no hay repollo que corra a una cabeza más grande que esta, con la única excepción de la variedad tritiana, que tiene una cabeza a veces tanto como un pie de espesor, y arroja su cymæ la última de todas.
En todo tipo de coles, la escarcha contribuye muy materialmente a su dulzura; pero es probable que produzca lesiones considerables, si no se tiene cuidado de proteger la médula cortándolas de forma oblicua. Esas plantas que están destinadas a la semilla nunca se cortan.
Hay otro tipo, una vez más, que se tiene en estima peculiar, y que nunca excede la altura de una planta herbácea; se la conoce con el nombre de "halmyridia" por la circunstancia de que solo crece en la orilla del mar. Se mantendrá verde y fresco incluso durante un largo viaje, si se tiene cuidado de no tocar el suelo desde el momento en que se corta, sino de colocarlo en recipientes de petróleo recientemente secados, y luego taparlos para efectivamente excluye todo el aire. El repollo, también, es uno de esos artículos tan apreciados por los epicúreos; por lo cual no estará mal si hablamos de él con mayor extensión. Para obtener plantas igualmente notables por su tamaño y sabor, se debe tener cuidado en primer lugar para sembrar la semilla en el suelo que ha tenido un par de vueltas hacia arriba, y luego seguir los brotes cuando aparecen por encima del suelo moldeándolos, se tiene cuidado de tirar la tierra sobre ellos a medida que aumentan en la exuberancia, y de dejar que nada más que la cumbre aparezca por encima de la superficie. Este tipo se conoce como el repollo Tritian: en dinero y mano de obra cuesta el doble que cualquiera de los otros.

Las otras variedades de la col son numerosas: está la col de Cumania, con hojas que se encuentran cerca del suelo y una cabeza amplia y abierta; la col  Aricinian, también, de una altura no mayor, pero con hojas más numerosas y más delgadas; esta última se considera la más útil de todas, ya que debajo de casi todas las hojas hay pequeños brotes arrojados, propios de este variedad. El repollo, de nuevo, de Pompeya es considerablemente más alto, el tallo, que es delgado en la raíz, aumenta de espesor a medida que se eleva entre las hojas, que son menos numerosas y más estrechas; El gran mérito de esta col es su notable ternura, aunque no puede soportar el frío. La col de Bruttium, por otro lado, se desarrolla mejor para el frío; las hojas son notablemente grandes, el tallo delgado y el sabor picante. Las hojas, una vez más, de la col  Sabine  están crujientes a tal punto que excitan nuestra sorpresa, y su grosor es tal que casi agota el tallo; en la dulzura, sin embargo, se dice que supera a todos los demás.
Últimamente se han puesto de moda las coles conocidas como "Lacuturres";  se cultivan en el valle de Aricia, donde antes había un lago, que ya no existe, y una torre que aún está en pie. La cabeza de esta col es muy grande, y las hojas son casi sin número, algunas de ellas son redondas y lisas, y otras largas y nervudas; de hecho, no hay repollo que corra a una cabeza más grande que esta, con la única excepción de la variedad tritiana, que tiene una cabeza a veces tanto como un pie de espesor, y arroja su cymæ la última de todas.
En todo tipo de coles, la escarcha contribuye muy materialmente a su dulzura; pero es probable que produzca lesiones considerables, si no se tiene cuidado de proteger la médula cortándolas de forma oblicua. Esas plantas que están destinadas a la semilla nunca se cortan.
Hay otro tipo, una vez más, que se tiene en estima peculiar, y que nunca excede la altura de una planta herbácea; se la conoce con el nombre de "halmyridia" por la circunstancia de que solo crece en la orilla del mar. Se mantendrá verde y fresco incluso durante un largo viaje, si se tiene cuidado de no tocar el suelo desde el momento en que se corta, sino de colocarlo en recipientes de petróleo recientemente secados, y luego taparlos para efectivamente excluye todo el aire. Hay unos que son de la opinión de que la planta llegará a su madurez más pronto si se pone algo de algas marinas en la raíz cuando se trasplanta, o si no se puede tomar tanta cantidad de nitrato como con tres dedos; y otros, de nuevo, salpican las hojas con semilla de trébol y nitro machacados.  Nitre también preserva el verdor de la col cuando se cocina, un resultado que también se garantiza mediante el modo Apicultor de hervir, o en otras palabras, remojando las plantas en aceite y sal antes de cocinarlas.

[… Hay otro tipo de col silvestre, también, la lapsana,  que se ha hecho famosa desde los triunfos del difunto emperador Julius, como consecuencia de las canciones y bromas de sus soldados más particularmente; porque en las líneas alternativas cantadas por ellos, solían reprocharle haberlos hecho vivir de lapsana en el asedio de Dyrrhachium, y reunirlo en la escala parsimoniosa en la que solía recompensar sus servicios. La lapsana no es más que una cyma salvaje.”

Podemos resumir los tipos en los siguientes: la col rizada (llamada también selinas o apiaca), la col lisa con diferentes tonalidades (llamada levis, lea o halmyris) y la col silvestre.

CULTIVO Y SIEMBRA

Paladio, TA, 2, 14, 5 nos habla de cuándo es conveniente sembrarlas. Indica varios meses, pero afirma que se puede sembrar a lo largo del año: “[En enero] también en este mes y durante todo el año, pueden sembrarse coles pero preferiblemente en los que está recomendada”

Paladio, TA 3, 24, 5-7: Además, en este mes [febrero], se sembrarán coles, que también pueden sembrarse durante todo el año

Paladio, TA 4, 9, 5; “En marzo, también ahora se siembran o plantan muy bien la mostaza y las coles”

Paladio, TA 5, 3, 1; “En abril, también a últimos del presente mes, casi pasada la primavera, podemos sembrar la berza que servirá de col, ya que pasó la época de los bretones”

Paladio, TA 10, 13, 1 concreta cuándo es mejor plantar los diferentes tipos de coles: “En septiembre es época conveniente plantar la col para tras plantarla a comienzos de noviembre; de ésta podrá obtenerse en invierno el cogollo y en primavera el brécol”

Sobre cómo cultivar las coles, Paladio, TA 3, 24, 5-7 explica: Quieren tierra grasa y muy arada; temen la arcilla y la grava; no se dan bien en sablón ni en arenas si no se les echa continuamente agua. La col aguanta cualquier clase de clima, mayormente el frío. Plantadas cara al austro salen antes, cara al septentrión después; pero en esta posición la col gana en sabor y en tamaño. Se da bien en los declives y por eso deben disponerse las plantas por los escalones de los bancales. Desean abono y sachadura. Se desarrollan más plantándolas separadas.


También Columela, Agricultura, 11, 3, 23 habla también sobre su siembra: “Se siembran hacia las calendas de Septiembre, o mejor en Febrero antes de las de Marzo, aunque se puede confiar a la tierra en los lugares secos y templados, como son los marítimos de Calabria y Apulia, hacia los idus de Enero”

La col se debe trasplantar cuando tenga seis hojas, no poniéndola sin untar antes su raíz con estiércol líquido, y haberla envuelto en tres tirillas de alga. […] Y el mejor tiempo de hacer este trasplante en los países fríos y lluviosos, es después de los idus de Abril. Cuyas plantas, después de puestas, así que hayan asido, escardándolas y estercolándolas las más veces que el hortelano pueda, se fortifican mejor, y dan tallos y repollos más gruesos. Algunas personas ponen esta hortaliza en los sitios más abrigados desde las calendas de Marzo: pero la mayor parte de ella sube a formar repollo, y cuando se la ha cortado una vez, no da después tallo grueso el invierno.
Pero podrás trasplantar los tallos muy gruesos aunque sea dos veces; y si haces esto dicen que dan más simiente y más gruesa”

Plinio H.N, 19, 41 enumera cómo hay que sembrarlas: Para obtener plantas igualmente notables por su tamaño y sabor, se debe tener cuidado en primer lugar para sembrar la semilla en el suelo que ha tenido un par de vueltas hacia arriba, y luego seguir los brotes cuando aparecen por encima del suelo moldeándolos, se tiene cuidado de tirar la tierra sobre ellos a medida que aumentan en la exuberancia, y de dejar que nada más que la cumbre aparezca por encima de la superficie. Las coles se pueden sembrar todo el año, ya que encontramos que se cortan en todos los períodos del año; Sin embargo, el mejor momento para sembrar es en el equinoccio de otoño, y generalmente se trasplantan tan pronto como quedan cinco hojas visibles. En la primavera siguiente al primer corte, la planta produce brotes, conocidos por nosotros como "cymæ".  Estos brotes, de hecho, son pequeños brotes lanzados desde el tallo principal, de una calidad más delicada y tierna que la col en sí. El exquisito paladar, sin embargo, de Apicio  rechazó estos brotes para la mesa, y su ejemplo fue seguido por el fastidioso Drusus Cæsar; quien no escapó, sin embargo, de las censuras de su padre, Tiberio, por ser demasiado agradable. Después de que las cymæ han hecho su aparición, el repollo arroja sus brotes de verano y otoño, y luego los de invierno; después de lo cual, se produce una nueva cosecha de cymæ, no existiendo ninguna planta tan productiva como esta, hasta que, por fin, se agota por su extrema fertilidad. Una segunda vez para sembrar coles es inmediatamente después del equinoccio de primavera, las plantas de este crecimiento se trasplantan a fines de la primavera, para que no se vuelvan brotes antes de llegar a la cima: y una tercera siembra se lleva a cabo alrededor del solsticio de verano, el trasplante se realiza en verano si el suelo está húmedo, pero, si está demasiado seco, en otoño. Cuando la humedad y el estiércol se suministran en pequeñas cantidades, el sabor de la col es aún más agradable, pero cuando se suministran en mayor abundancia, las plantas alcanzan un tamaño mayor. El estiércol de los asnos es el mejor adaptado para su crecimiento […] Hay un método para injertar vegetales cortando los brotes y el tallo, y luego insertando en la médula la semilla de otra planta; un plan que ha sido adoptado incluso con el pepino silvestre. ”


En esta ocasión nos hemos centrado en sus variedades y cultivo. En otra entrada veremos sus usos. 
Plurimam salutem!