domingo, 1 de noviembre de 2015

CEREMONIAS FUNERARIAS PRIVADAS

Coincidiendo con el Día de Todos los Santos, en el que los familiares van a rendir culto a sus seres queridos, dedicar unas líneas a las ofrendas fúnebres que se llevaban a cabo en la Antigua Roma en honor a sus difuntos dentro del ámbito privado.


 El pater familias, como sacerdote del hogar y representante de la unidad familiar, debía tener la responsabilidad de llevar a cabo estas fiestas en honor a los dioses Manes de la familia. 



DÍA DEL ENTIERRO



Al finalizar el entierro del difunto se sacrificaba a Ceres una cerda (porca praesentanea) y se llevaba a cabo un banquete funerario, silicernium, consistente en huevos, apio, habas, legumbres, lentejas, sal y aves de corral. 



AL NOVENO DÍA- FIN DEL PERIODO DE LUTO



A los nueve días del entierro e indicando el fin del periodo de luto, los familiares y amigos se reunían en una Cena Novendiales.



Horacio, Epodos, 17, 49: “Ya que no estas manchada por indignos progenitores, ni esparces, como hechicera advertida, las cenizas de los pobres en los sepulcros a los nueve días de su muerte. Tus manos son puras, tu pecho compasivo, tu vientre fecundo, y la matrona lava tus ropas teñidas de sangre cada vez que te levantas del lecho ágil y sana después de haber dado a luz



Se realizaba en los triclinios o biclinios adosados a la pared de muchas tumbas. Estos comedores estaban decorados con imágenes de pájaros, flores, retratos, escenas que recordaban la ocupación del fallecido, escenas de banquetes o mitológicas, mosaicos blancos y negros, etc.; imágenes hermosas con las que se recordaba los momentos perfectos pasados con los seres queridos.



 En algunas tumbas además de comedor, había adosados una cocina y un pozo.

 Si el monumento funerario no disponía de bancos de obra para comer, había un espacio para llevar muebles portátiles, en los que era necesario poner también una silla para el fallecido.



Muchos de estos comedores no estaban cerrados al público, sino que rodeados de un hermoso jardín, los caminantes podían observar estas reuniones e incluso se han encontrado inscripciones invitando a comer y beber, tanto al muerto como a sus familiares y visitantes.



Estos banquetes se llevaban siempre a cabo durante la noche y, los invitados debían ir ataviados con vestidos blancos. Solían acabar con cantos, música y danzas.



Petronio, Satiricón, 65 y 66, nos describe la cena fúnebre que celebró Escissa en honor a uno de sus esclavos, al que a título póstumo concedió la libertad: “Bueno, pero ¿qué es lo que habéis cenado?-pregunta Trimalción: Recuerdo que empezamos por un cerdo coronado con salchichas; a su alrededor había morcillas y además butifarras, y también mollejas muy bien preparadas; todavía había alrededor acelgas y pan casero, de harina integral, que, para mí, es mejor que el blanco. […] el plato siguiente fue una tarta fría cubierta de exquisita miel caliente de España. […] a su alrededor había garbanzos y altramuces, nueces a discreción y una manzana por persona. […] Como plato fuerte tuvimos un trozo de oso. […] si el oso puede comerse a la humana criatura con mayor razón el hombre puede comerse al oso. Por último tuvimos queso tierno, mistela, un caracol por persona y unos trozos de tripa, y unos higadillos al plato, y huevos con caperuza y nabos, y mostaza y un plato de mierda: ¡Basta ya Palamedes! (* frase que se empleaba para finalizar las enumeraciones) También pasaron una bandeja con aceitunas aliñadas. […] En cuanto al jamón se lo perdonamos".



Virgilio, Eneida, V, 77 y ss: “Luego, nace la aurora en el noveno día, iniciaré los juegos con regatas, […] Al punto se iniciará una inmenso cortejo hacia el sepulcro. La libación de rúbrica derrama sobre el suelo: dos vasos de vino puro, dos de leche fresca, dos de sangre de víctimas y en torno flores rútilas vierte, mientras dice: ¡Padre, yo te saludo![…] Con nuevo ardor renueva el sacro rito dudoso si tal vez sería el genio de aquel paraje o familiar espíritu servidor de su padre”. Sacrifica dos bidentes ovejas, dos lechones y dos toretes de atezados lomos. Luego vertiendo vino, el alma evoca del magnánimo Anquises a que suban de Aqueronte sus sagrados Manes”





El difunto también participaba del banquete en su honor, gracias a unos tubos de libación, a través de los cuales se les proporcionaban las ofrendas de flores (principalmente, rosas y violetas) e incienso y libationes.





Petronio, Satiricón, 65 y 66: “De todos modos pasamos un día muy agradable, aunque se nos obligó a verter sobre los pobres huesos del difunto la mitad de la bebida



Suetonio, Nerón, 57: Murió a los 32 años. Hubo quienes adornaron durante largo tiempo su tumba con flores, en primavera y en verano y expusieron en la tribuna de las arengas estatuas que lo representaban vestido con la toga pretexta”

 Las libaciones se hacían con las manos bien limpias. Se ayudaban de una pátera (platillo) y de un oinoché (jarra de vino) para llevar a cabo la ofrenda y así, invocar a los Manes, tras golpear la tierra con el pie, se gritaba, alto y claro, fórmulas rituales del tipo:





Salvete, Di Manes!

¡Oh dioses Manes,

vosotros que os habéis ido antes,

venid a nuestro hogar, dioses ancestrales

guiadnos y cuidadnos cuando nosotros

vayamos por los antiguos caminos,

para que seáis engrandecidos con esta ofrenda,

aceptad nuestro sacrificio/ libación u ofrenda!



FIESTAS EN HONOR AL MUERTO       



Además se celebraban fiestas privadas para conmemorar el dies natalis o el dies mortis del difunto, para ello se practicaban banquetes en las tumbas. El realizar estos banquetes en los mismos sepulcros animaba a visitar a los muertos, por lo que se potenciaba el recuerdo y la memoria colectiva.




Sabemos gracias a Ovidio, Fasti, II  que los Manes se conformaban con cosas pequeñas: “También las tumbas tienen su honor. Aplacad las almas de los padres y llevad pequeños regalos a las piras extintas. Los Manes reclaman cosas pequeñas; agradecen el amor de los hijos en lugar de ricos regalos. La profunda Estigio no tiene dioses codiciosos. Basta con una teja adornada con coronas colgantes, unas avenas esparcidas, una pequeña cantidad de sal, y un trigo ablandado convino y violetas sueltas. Pon estas cosas en un tiesto y déjalas en medio del camino. No es que prohíba cosas más importantes, sino que las sombras se dejan aplacar con éstas; añade plegarias y las palabras oportunas en los fuegos que se ponen.”




Los alimentos que se les ofrendaban a los muertos eran sencillos: cereales, lentejas, habas, vino puro, miel, leche, sangre, agua, aceite de oliva, queso, sal, huevos, frutas rojas (granada), pasteles de miel, gachas, etc. Alimentos no perecederos, alimentos primarios que a lo largo de la historia, han proporcionado vida y fertilidad a la Humanidad. 


A su vez, también se realizaban sacrificios de animales como ovejas negras, terneros negros, toros, cachorros de perros negros, gallos, etc. Lo normal es que fueran de color oscuro por estar vinculados a la oscuridad del mundo subterráneo. El animal deberá ser colocado con su cabeza hacia el suelo. A los Manes se les ofrece la sangre de la víctima, pues se creía que los espíritus se alimentaban de esta sangre (algunas veces, salada) y el animal a ofrendar se quemaba.



Buen día de Todos Santos



Plurimam salutem!