sábado, 21 de abril de 2007

VINALIA



El 23 de Abril, ante diem IX Kalendas Maias, era un día festivo para los antiguos romanos. Se celebraban los VINALIA. Consistía en una fiesta vinculada a la viña y en honor a Júpiter, aunque, según nos explica Ovidio en Fasti, IV, 863 y ss, en un principio estaba dedicada a la diosa Venus:
He hablado de Pales y ahora voy a hablar de los Vinalia; pero entre una y otra fiesta hay un día por medio. Muchachas del pueblo, celebrad la divinidad de Venus. Venus es apropiada para los requerimientos de las que tienen muchas profesiones. Ofreced incienso y pedid belleza y el favor popular, pedid palabras amables y convenientes a las bromas, ofreced a la señora la hierbabuena que ella agradece y el arrayán que es lo suyo y cuerdas de junco ocultas en montones de rosas. Ahora es oportuno visitar el templo vecino a la puerta Colina; el nombre lo tiene de la colina siciliana. Cuando Claudio barrió con las armas a la aretúside Siracusa y te conquistó con la guerra a ti, Érice, Venus fue trasladada en virtud de un oráculo de la longeva Sibila, y prefirió que se la venerase en la ciudad de su origen. Así pues, ¿me preguntáis por qué llaman al festival de Venus los Vinalia y por qué motivo pertenece este día a Júpiter? Había guerra por ver quién seria el yerno de la latina Amata, si Eneas o Turno. Turno se atrajo la ayuda de los etruscos. Mecencio era ilustre y, con las armas en las manos, feroz, y, si grande a caballo, a pie era más grande aún; Turno y los rútulos intentaron atraérselo a su partido. Frente a esos intentos, habló de la siguiente manera el caudillo etrusco: «El valor que poseo me ha costado caro; pongo por testigos mis heridas y las armas que tantas veces manché con mi sangre. Tú, que pides mi auxilio, reparte conmigo una recompensa que no es grande: los próximos mostos de tus lagares. El asunto no requiere tardanza alguna: a vosotros os corresponde dar, a nosotros, vencer.
¡Cómo desearía Eneas que yo me hubiera negado a esto!». Los rútulos estuvieron de acuerdo. Mecencio se puso las armas; Eneas se las puso, y habló Júpiter: «El enemigo ha prometido su vendimia al rey tirreno; ¡tú, Júpiter, te llevarás el mosto de la viña del Lacio!». Prevalecieron los votos mejores. El soberbio Mecencio sucumbió y atronó la tierra con su pecho rabioso. Había llegado el otoño, manchado con las uvas prensadas: hicieron entrega del vino debido a Júpiter, su acreedor. Desde entonces el día se llamó de los Vinalia.
Júpiter reclama ese día y disfruta participando en su fiesta.

Esta celebración se llevaba a cabo dos veces al año, el 19 de Agosto, los Vinalia Rustica, y el 23 de Abril, los Vinalia Priora o Urbana.

En los Vinalia Rustica se rogaba a la divinidad por las uvas que comenzaban a madurar y coincidía con el día en el que se iniciaba la vendimia. La fiesta de la vendimia la abría el Flamen Dialis, cuando ante el altar exprimía con sus manos un racimo de uvas.

Los Vinalia Priora cerraban el ciclo vitícola. Se hacían libaciones al dios con el vino de la cosecha anterior, para mostrarle que ya se había terminado el caldo de esta cosecha y era necesario velar por la siguiente, esperando que la divinidad, como dios que proporciona las lluvias y las tormentas, se cuidara de las inclemencias del tiempo y les fuera propicio.



Como punto y final de esta festividad, una breve explicación de las diferentes maneras utilizadas por los antiguos romanos para mejorar el vino:


  • Mezclar con miel, tras echarle harina de cebada o de trigo o harina de legumbres. Esta unión proporcionaba sabor y aroma, además de ser considerada un buen reconstituyente y con uso medicinal.
  • Añadir sólo miel (mulsum). O bien miel y flores (por ejemplo, el vino de rosas o de violetas).
  • Añadir hierbas como tomillo, poleo, canela, azafrán, anís, menta,… Se obtenía un vino muy aromático que no embriagaba en exceso.
  • Mezclar con agua dulce para eliminar la aspereza del vino y aumentar su volumen. La proporción de agua sobrepasaba a la de vino (1ó 2 de vino por 5 ,4 ó 3 partes de agua). Se podía refrescar la mezcla con agua de nieve o agua fría, gracias a unos recipientes con doble cámara en los que se colocaba la nieve sin que entrara en contacto con el vino o también se podía añadir el agua directamente al vino por medio de unas cestas de tela para eliminar las posibles impurezas del agua de nieve.
Como decían los romanos:

"In vino veritas"



Plurimam salutem!