jueves, 9 de abril de 2009

LECTISTERNIA





Durante estos días en la antigua Roma daban comienzo los Ludi Megalenses, una fiesta en honor a la diosa Cibeles, la madre de todos los dioses.


Esta festividad se realizó a partir del año 204 a.C, tras la Segunda Guerra Púnica, cuando el pueblo romano trajo desde Tracia, por indicación de los Libros Sibilinos, la estatua de la divinidad Mater Magna al tempo de la Victoria en el Palatino.


Muchas eran las celebraciones que se llevaban a cabo como procesiones, juegos escénicos, en el circo carreras de carros, ofrendas a la diosa, banquetes de diferentes tipos,... En nuestro caso nos vamos a centrar en el tema culinario de las Megalesia.


Sabemos por las fuentes clásicas que se practicaban intercambios de comidas entre plebeyos y patricios (mutationes). El gasto en estas comidas era tan elevado que fue necesario promulgar un decreto para fijar una cantidad máxima a gastar en este convite: "Hace poco leí en las Conjeturas de Ateyo Capitón un antiguo decreto del senado en el cual los principales de la ciudad que en los Juegos Megalenses conforme a un antiguo rito mutitarent (esto es, se invitaran mutuamente a banquetes), se les ordenaba que juraran ante los cónsules, con las palabras prescritas, que en una cena no harían gasto mayor de ciento veinte ases, exceptuados las legumbres, la harina y el vino; que no usarían vino extranjero, sino patrio y que en el convivio servirían la mesa con un peso de plata mayor a cien libras. Pero después de este senadoconsulto fue promulgada la ley Fania, la cual concedió gastar en los Juegos Romanos, así como en los Juegos de la Plebe, en las Saturnales y en ciertos otros días, cien ases cada día; treinta en otros diez días de cada mes y diez, en todos los demás días”. (Gelio, II, 24)

Se sabe también que el plato más servido era el queso mezclado con hierbas (¿moretum?) en recuerdo de la simplicidad con la que se alimentaban los antiguos romanos: "No consideran vergonzoso servir un plato de hierbas en la mesa de la diosa. ¿Hay alguna razón para ello? Se dice que los antiguos consumían leche pura y hierbas que la tierra producía espontáneamente- dijo. Se mezcla queso blanco con hierba majada para que la diosa primitiva conozca los alimentos primitivos" (Ov. fast. IV, 368)


No obstante, lo más especial de esta conmemoración era la realización de un lectisternio, pero veamos en qué consistía un LECTISTERNIUM.


Se trataba de un rito propiciatorio en honor a los dioses que estaban presentes en el banquete de manera simbólica con sus imágenes, reclinados en los lechos (lecti pulvinaria), de ahí su etimología, lectum sternere. En el caso de estar sentados, en lugar de recostados, se llamaba SELLISTERNIUM de la palabra latina sellae.


Es bien conocida la costumbre entre los antiguos griegos y romanos de ofrendar a los dioses antes y después de las comidas, como vemos reflejado en Catón. CXXXII. [I] “La ofrenda de comida hay que hacerla de esta manera: ofrenda a Júpiter Dapal una vasija de vino de cualquier tamaño. Aquel día, fiesta para toros y bueyes y para los que harán la ofrenda.

Cuando sea necesario ofrendar dirás así: “Júpiter Dapal, lo que hay que ofrendarte en casa y familia mía: una vasija de vino en copa pequeña. Seas, pues, magnificado por esta vianda de sacrificio”.

Lávate las manos, después toma el vino: [2] “Júpiter Dapal, seas magnificado por esta vianda de sacrificio, seas magnificado por vino de ofrenda”. Dale, si te parece, a Vesta.

Vianda a Júpiter: asado, moneda, urna de vino. Conságrala a Júpiter castamente, con sus contactos <rituales>. Después, completa la ofrenda de comida, siembra mijo, panizo, ajo, lenteja”

Comprobada la costumbre de ofrendar a los dioses, por qué esta celebración religiosa en la que los dioses están presentes simbólicamente en el banquete. Se cree que el origen de esta práctica se encontraba en elmundo griego que intentaba congraciarse con los dioses por medio de ofrendas, sacrificios y banquetes honoríficos para que abandonasen su ira, aunque hay autores que consideran que esta tradición era paleo-itálica pues se han encontrado vestigios de diferentes rituales que podrían considerarse el origen de los lectisternios, como por ejemplo, la colocación de alimentos en unos lechos de madera ubicados en el atrio para Pilumnus y Picumnus guardianes de las parturientas.


Sea cual sea su origen, Tito Livio en V, 13, nos relata que la primera vez que llevó a cabo un lectisternium en Roma fue en el año 399 a.C. para aplacar una peste. Fueron los duúnviros los que tomaron la decisión tras consultar los Libros Sibilinos: Como no se encontraba ni la raíz ni el final de aquel azote irremediable, un senadoconsulto dispuso que se acudiese a los libros sibilinos. Los duúnviros encargados de las celebraciones religiosas hicieron un lectisternio, el primero en la ciudad de Roma; durante ocho días aplacaron a Apolo y Latona y a Diana, Hércules. Mercurio y Neptuno, tendiendo tres lechos con la mayor suntuosidad que por entonces era posible”.
En la colocación de los dioses se sigue la costumbre griega de ubicar en los lechos ceremoniales a los dioses siguiendo estas uniones: a Apolo con Latona, Hércules con Diana, Mercurio con Neptuno. También se sigue a los helenos en la concepción de dichos banquetes sagrados para calmar la cólera de los dioses que envían calamidades o fenómenos inexplicables, por lo que era necesario llevar a cabo procurationes.
Muchos fueron los lectisternia realizados para congraciarse con los dioses, aunque uno de los más famosos se celebró en el año 217 a.C, citado por las fuentes por tener como invitados a todos los Olímpicos; de este modo nos lo narra Livio, XXII, 9
:”Había que consultar a los propios dioses sobre qué expiaciones aplacarían la cólera divina y logró que se ordenase a los decénviros consultar los libros sibilinos, cosa que no suele decretarse a no ser cuando se tiene noticia de prodigios tenebrosos. Los decénviros, consultados los libros del destino, informaron a los senadores que el voto que se había hecho a Marte con motivo de aquella guerra no se había realizado en debida forma y había que hacerlo de nuevo desde el principio y con mayor solemnidad; además, había que prometerle con voto a Júpiter unos grandes juegos, y a Venus Ericina y a la Inteligencia, un templo, y celebrar una rogativa y un banquete sagrado […] Se celebró luego un banquete sagrado durante tres días, encargándose de su organización los decénviros de los sacrificios; a la vista de todos había seis lechos sagrados, dedicados uno a Júpiter y Juno, otro a Neptuno y Minerva, un tercero a Marte y Venus, el cuarto a Apolo y Diana, a Vulcano y Vetsa el quinto, el sexto a Mercurio y Ceres”

Esta celebración, única en Roma, fue recreada por Augusto al llevar a cabo un banquete (“la cena de los doce dioses”) en el que los invitados vestidos de dioses, imitaban a las deidades. Este convite fue criticado por el pueblo por considerarlo un perjurio, así nos lo transmite Suetonio, Aug. 70, 1: “Se habló mucho también de una cena secreta que dio, y que todo el mundo llamaba “de los doces dioses”; en ella los invitados disfrazados de dioses y diosas y el propio Augusto ataviado como Apolo, como le reprochan no sólo las cartas de Antonio, que enumera con la mayor mordacidad los nombres de todos ellos, sino también los versos anónimos y muy conocidos:

Tan pronto como la mesa de esos desaprensivos contrató a un director escénico


y Malia vio a seis dioses y a seis diosas,


mientras César representaba si impía imitación de Febo,


mientras se banqueteaba con nuevos adulterios de los dioses,


todas las divinidades se alejaron de la tierra


y el mismo Júpiter abandonó su dorado trono.


La extrema escasez y el hambre que por entonces padecía Roma aumentaron las murmuraciones sobre esta cena, y al día siguiente se elevaron gritos de protesta de que los dioses se habían comido todo el trigo y de que César era realmente Apolo, pero Apolo el Verdugo


Con el tiempo los lectisternia fueron muy frecuentes y son abundantes las citas clásicas al respecto:

Livio, VIII, 22:“Vino a continuación un año no señalado por ningún acontecimiento en el exterior ni en el interior […] si exceptuamos el reparto de carne al pueblo efectuado por Marco Flavio en los funerales de su madre”


Livio, XXI, 62: “En Roma ocurrieron aquel invierno muchos prodigios. […] Por estos prodigios se ordenó a los decénviros que consultasen los libros sibilinos. […] Así pues se ordenó hacer un lectisternio en Cere, donde se habían roto las tablillas de la suerte; también se decretó un lectisternio a la Juventud en Roma”


Livio, XXII, 1: “Las noticias de los prodigios, llegadas de muchos sitios incrementaron los temores. […] A continuación se dio crédito también a prodigios menores. […] después de consultar los decénviros los libros sibilinos, en la forma que a través de los oráculos manifestasen los dioses que era de su agrado. Se acordó que se celebrase un lectisternio- cuyos lechos además habilitaron los senadores- y un banquete público”


Livio, VII, 27: “Para que le felicidad no fuese completa una epidemia atacó a la población y obligó al Senado a ordenar a los decénviros que consultasen los libros sibilinos; siguiendo una indicación suya tuvo lugar un lectisternio”


Livio, XXIX, 14:”Para expiar estos portentos hubo un día de rogativas y un novenario sacro porque habían llovido lluvias”


Livio, XLI, 28: “Se ofrecieron aquel año bastantes espectáculos de gladiadores de poco importancia los demás, destacando sólo uno entre ellos, el que ofreció Tito Flaminino con ocasión de la muerte de si padre, con distribución de carne al pueblo, banquete sagrado y espectáculos teatrales durante cuatro días.”


Livio, XXXIX, 46: “A comienzos de este año falleció el Pontífice Máximo P. Licinio Craso […] con motivo del funeral se hizo una distribución de carne, combatieron 120 gladiadores y se celebraron 3 días de juegos funerarios y un banquete a continuación de los juegos. Durante éste, cuando estaban colocados por todo el foro los triclinios, se desencadenó una tempestad con grandes aguaceros que obligó a la mayoría a plantar tiendas en el foro”

Con el tiempo en los templos se crearon unos lecti pulvinaria permanentes en los que los dioses estaban presentes simbolizados por sus estatuas de bronce, cera o mármol. También se podían emplear efigies de madera o ramas de hierbas sagradas atadas (verbena, laurel, olivo,…) que con máscaras de cera adquirían la semblanza del dios al ir provisto de su atributo o símbolo correspondiente.


Las fuentes clásicas nos hablan en todo momento de las cabezas de los dioses (capita deorum) que podían ser de bronce, cera, madera o mármol, así nos lo indicaLivio, XL, 59:“Recomenzaron los Juegos Romanos a causa de los prodigios que habían ocurrido. La Tierra tembló, en los templos públicos donde tenían lugar el lectisternio las cabezas de los dioses que estaban sobre los lechos se dieron la vuelta, y el plato con cubierto que estaba colocado delante de Júpiter se cayó de la mesa. También se interpretó como un prodigio que los ratones habían probado antes las aceitunas. Para expiar estos prodigios la única medida que se adoptó fue la reinauguración de los juegos”


Sus efigies, e incluso, a veces, sólo sus símbolos, estaban recostadas sobre un lectus o pulvinar (diván), cubierto con telas. Podían recostar su brazo izquierdo sobre un pulvinus o almohadón, Livio, XXIV, 10: “Estos portentos fueron conjurados, por indicación de los arúspices, con víctimas mayores, y se decretó una rogativa pública a todos los dioses que tenían cojines sagrados en Roma”

Ante ellos, sobre una mensa repositoria se colocaban las viandas sagradas.


A partir de Augusto los lectisternios fueron sustituidos por selisternios en los que los dioses estaban sentados en lugar de recostados.


Para acabar tomar las hermosas palabras de Horacio, Odas, I, 37:


“Nunc est bibendum, nunc pede libero


pulsanda tellus, nunc Salioribus


ornare pulvinar deorum


tempus erat dapibus, sodales”


“Ya es momento de beber, ya es momento de golpear el suelo

con ritmo si cadenas. Ya era hora de poder adornar

el lecho de los dioses con los manjares

salios, compañeros”


N.B: Para más tener información sobre las celebraciones de los LUDI MEGALENSES podéis acudir al blog HORTUS HESPERIDUM, en el que Amparo os contará más curiosidades sobre esta festividad.

A su vez, recomendaros la lectura del post de Isabel Barceló, Mujeres de Roma, en el que describe la Pompa Megalense que se intentó recrear el pasado viernes 3 de abril con motivo de los Ludi Saguntini y la Mostellaria en lengua latina.

FELIZ SEMANA SANTA A TOD@S

NOS VEMOS DESPUÉS DE LAS FIESTAS

Plurimam salutem!


4 comentarios:

Isabel Romana dijo...

Hola Charo, qué post tan buenísimo sobre los banquetes de los dioses. Me admira la cantidad de información que manejas y con cuánta habilidad la presentas.
He puesto en el último post (sobre el nacimiento de Mecenas) una fotografía tuya. No he puesto tu nombre, sólo que eres una matrona de la Domus Baebia, pero con todo, si no te apetece que esté ahí, me lo dices y la sustituiré por alguna escultura. Espero que me llames esta semana. Besitos, guapa, y gracias por el enlace.

Charo Marco dijo...

Isabel, gracias por tu comentario, como siempre, eres muy amable.
No tengo problemas con el tema de la foto, todo lo contrario, es un honor representar a la Domus Baebia acompañada de tus hermosas narraciones.
Estamos en contacto.

Gracias a tí, por todo el respaldo que estás prporcionando a la Domus Baebia. Eres nuestra gran embajadora.

Besos

El llano Galvín dijo...

Hola Charo!!
Enhorabuena por tu texto, como siempre magníficamente documentado. Es muy interesante el hecho de que pudiesen sustituir la imagen divina por un elemento simbólico; en algunas representaciones pictóricas romanas aparece este hecho.
Te he visto muy elegante como matrona romana.
Un beso!!

Charo Marco dijo...

Hola Llano Galvín, gracias por tu comentario. Resulta muy curioso e interesante el tema de los lectisternia.

Gracias
Saludos