Han llegado a su fin los Ludi Saguntini MMXXVI y, con ellos, un año más el taller de cocina romana antigua.
Esta entrada va a ser muy personal, pues este año para mi ha tenido un latido especialmente profundo.
Se dice que la cocina es, en esencia, un acto de memoria. Durante más de veinte años, el taller de cocina romana antigua ha sido mi forma de contar historias, de rescatar sabores olvidados y, sobre todo, de transmitir este tesoro culinario al alumnado.
Lo que nació como una modesta propuesta en el aula, terminó convirtiéndose en el proyecto más querido de mi vida profesional.
En un principio, se trataba de realizar sencillas recetas romanas con el alumnado, pero, sin saber cómo sucedió, se convirtió en un taller y encontró su hogar en los Ludi Saguntini.
De esta manera se hizo realidad un pequeño sueño: unir el amor por los fogones y la curiosidad de investigar sobre la cocina romana con el mundo de la docencia.
En la vida, como en la cocina, todo tiene un principio y un final.
A partir de los próximos Ludi Saguntini, los fogones cambian de manos y me hace inmensamente feliz saber que este legado, que tanto he cuidado y amado, seguirá vivo en las manos de unas maravillosas compañeras. Unas manos llenas de ilusión y nuevas ideas, que sabrán mantener viva la llama del taller para seguir escribiendo su historia, porque el conocimiento es un fuego que no se apaga cuando se comparte.
Quiero agradecer de corazón a todos los centros educativos que, a lo largo de estos años, han pasado por el taller. Cada grupo, cada alumno, cada docente ha dejado una huella imborrable, dando sentido a cada jornada y llenando este espacio de vida.
Y mi gratitud también a todos los locales de Sagunto, en especial a la Comunidad de Regantes, que durante tantos años me ha cedido el lugar donde, en la semana de los Ludi, este taller ha podido existir, respirar y cobrar vida.
Dejo el taller con el corazón lleno, emocionado, sabiendo que todo lo vivido permanece. Porque hay cosas que no terminan, simplemente continúan, transformadas, en otras manos, con nuevos planteamientos.
No obstante, el regalo más valioso de todos es el pensar que quizás haya aportado mi granito de arena en la divulgación del mundo antiguo, aunque solo haya sido por el tiempo que dura un banquete romano.
Pero no se trata de un adiós definitivo, pues nos seguiremos leyendo en el blog DE RE COQUINARIA, al que ahora podré dedicar, con el mismo entusiasmo que hasta ahora, mucho más tiempo.
Plurimam salutem!


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