domingo, 8 de octubre de 2006

INEDIA




Hace unos días hemos podido escuchar en las noticias la polémica que ha surgido en las pasarelas de moda por el tema de la estética y la alimentación. Estos debates para fijar el límite y las bases de una buena nutrición ya eran tenidos en la Antigüedad, de tal manera que podemos acudir a los clásicos para saber cuál era el concepto de nutrición y de dietética entre los antiguos griegos y romanos.

Hipócrates afirma:

“No puede el ser humano mantenerse sano sólo comiendo, sino que tiene además que practicar ejercicios” (Diaet. III, 2,5)

Plinio, el Viejo nos dice:
La alimentación más provechosa es la sencilla, pues la acumulación de sabores es peligrosa y aún más si se añade condimento. (...) Los vómitos, ideados por el hombre como remedio a este problema, enfrían el cuerpo (...) El cuerpo engorda con los dulces, las grasas y la bebida, y adelgaza con los alimentos secos, magros, fríos y con la sed (...)
El exceso es lo más perjudicial en todos los aspectos de la vida, pero especialmente para el organismo.” (H N XI. CXVII.282 y ss)

Plutarco, nos da unos consejos para conservar la salud:

“Está muy bien dicho aquello de: «elige la vida mejor y la costumbre te la hará agradable», y es útil en parte para aquella persona que ha experimentado cada uno de los aspectos de la vida y, sobre todo, de aquellas costumbres relacionadas con el cuerpo, acostumbrando a los que están más sanos a hacer esas cosas agradables, conocidas y familiares a su naturaleza. […]Se dijo, además, que las cosas más baratas son siempre las más sanas para el cuerpo y que nos debemos cuidar, sobre todo, de los excesos en la comida, en la bebida y en la buena vida […] Pues, por otra parte, la danza era un ejercicio agradable”.


Añade unos consejos sobre las comidas:
“Vamos a pasar ahora a la comida y si alguno de los consejos arriba apuntados, con los que moderábamos y apaciguábamos el apetito, ofrece alguna utilidad, conviene que pasemos a tratar los demás, […] Se debe procurar con la calidad de la comida hacer más ligera la abundancia de ésta. Cuando se tomen comidas sólidas y de mucho alimento, como carnes, queso, higos secos, huevos cocidos, se debe proceder con sumo cuidado (pues rehusarlos siempre sería difícil), y detenerse, en cambio, en los alimentos delicados y ligeros, como son la mayoría de las verduras, las aves y los peces no grasientos, ya que es posible que si se le ofrece esto se satisfaga también el apetito y no se produzca daño al cuerpo. Es de temer, sobre todo, una indigestión de carne, pues no sólo produce al punto pesadez, sino que deja también tras sí, como reliquia, mucho malestar. Por tanto, lo mejor con mucho es acostumbrar el cuerpo a no desear comer ningún tipo de carne (la tierra produce, en efecto, no sólo gran abundancia de alimentos para el sustento del hombre, sino también para su placer y deleite, permitiendo que se disfrute de unos allí mismo y sin trabajo alguno, y a otros, mezclados de todas las formas y bien preparados, los hagamos agradables). […]De los líquidos hay que usar la leche, pero no como bebida, sino como comida que posee un poder sólido y nutritivo. En efecto, de las bebidas es la más útil, y de las medicinas la más agradable, y de los alimentos el que menos sacia,[…] Y el agua, no sólo la que se mezcla con el vino, sino también la que se bebe sola en medio del vino mezclado hace inofensiva la mezcla de vino. Por ello, uno se debe acostumbrar a tomar en la comida diaria dos o tres vasos de agua, que hacen más suave la fuerza del vino y familiar la costumbre de beber agua solamente, para que cuando tengamos esta necesidad, no nos cause extrañeza ni repugnancia. Pues sucede que algunos recurren principalmente al vino cuando tienen necesidad, sobre todo, de beber sólo agua, ya que piensan que, después de haber tomado el sol, cuando tienen frío, cuando han hablado mucho, cuando han estado pensando muy intensamente y, en general, después de cualquier fatiga y esfuerzo, se debe tomar vino en la idea de que la naturaleza necesita un descanso para el cuerpo y un cambio después de estos trabajos. […] Por ello, en esas ocasiones, se debe disminuir la comida y el vino, o se debe suprimir completamente o tomar agua sola, […]
Mientras Aristóteles piensa que el paseo de los que han cenado esparce el calor, pero que, si se van a la cama al punto, el sueño lo ahoga, otros creen que la tranquilidad ayuda a hacer la digestión mejor y que el movimiento perturba las fases de la digestión. Esto lleva, a unos, a pasear inmediatamente después de la cena y, a otros, a no moverse. […] Los vómitos y las purgaciones del vientre por medio de medicinas, abominable «alivio contra la hartura», a no ser que exista una gran necesidad, no deben emplearse, como hacen muchos que llenan su cuerpo para poderlo vaciar y, de nuevo, lo vacían para llenarlo de una manera antinatural […] Ambas cosas producen en el cuerpo perturbaciones y convulsiones.[…]Si alguna vez nos obliga la necesidad, los vómitos se han de hacer sin ser provocados ni por medicinas, ni por artificios, sin perturbar el cuerpo, sino permitiendo expulsar de allí sin esfuerzo lo que le sobra al que tiene en abundancia, pero no más de cuanto le sea necesario para evitar la indigestión.”(MORALIA II)


Ateneo comenta que “son muchos los que gustan de las comidas moderadas, pero los placeres no hay que procurárselos en la mesa, sino en la actividad intelectual”:
“¡Qué grato todo lo moderado! No me voy
ni llenísimo ni vacío, ahora, sino a gusto
conmigo mismo. Ya dice Mnesíteo que hay
que evitar el exceso de cualquier cosa siempre”
(Banquete de los Eruditos)

Horacio afirma: “Escucha ahora lo que la dieta fina trae consigo
y su importancia. Lo primero, que estás sano. Te darías
cuenta de cómo dañan al hombre las mezclas, si te
acordaras del yantar sencillo que antaño te sentó bien.
Pero, en cuanto mezclas hervido con asado, marisco
con tordos, los dulces se agriarán y una viscosa flema
llevará la revolución al estómago. […]
un cuerpo cargado de los excesos del ayer arrastra
al espíritu y clava al suelo una partícula del aura divina.
El otro, tras entregar al sueño sus miembros repuestos
con un tentempié, visto y no visto se levanta animado
a sus quehaceres diarios.” (Sátiras.II 70-82)
La conclusión que se extrae de la lectura de los clásicos no difiere en nada de la concepción actual de una dieta sana: hacer ejercicio, caminar, no comer ni beber en exceso, dormir las horas necesarias, no abusar del alcohol, ingerir comidas sanas, evitando grasas y dulces, ...en definitiva, moderación, ejercicio y equilibrio.
Modificando levemente una máxima del filósofo X. Zubiri, podemos decir:
"No es que los griegos y romanos sean nuestros clásicos,
es que en cierto modo, los griegos y los romanos somos nosotros"