sábado, 1 de diciembre de 2007

GUSTO Y SABOR


Cuando se trabaja en el aula la unidad de la cocina romana antigua, el alumnado muestra un gran interés por tema, tanto por las explicaciones teóricas, como por la parte práctica, en la que pueden manipular, jugar a hacer cocinitas y recordar tiempos de la infancia.

Cuando ya tienen sus platos elaborados, siempre con gran esmero, sienten cierta reticencia a probarlos y es frecuente escuchar las frases: ¿a qué sabe?, ¿a ti te gusta?, ¿los romanos comían esto y les gustaba? o ¡está bueno!

En ese momento concreto, es difícil comentar estas cuestiones, pero sería interesante buscar un momento para reflexionar al respecto.

Evidentemente, el gusto de una cultura por un tipo de alimentación es una sensación que se adquiere, que evoluciona con el paso del tiempo y que cambia según el pueblo, por lo que resulta casi imposible poder reconstruir el gusto alimentario de civilizaciones ya perdidas en el tiempo.

Pero el gusto, no sólo es esa sensación individual que nos proporciona la lengua y el paladar, por la que podemos afirmar si su sabor nos agrada o no, sino también es la experiencia vinculada al saber, más que al sabor, por el que podemos afirmar si un alimento nos causa satisfacción.

Así pues, mientras que el gusto como sabor depende de la parte física (lengua y paladar), el gusto como saber depende de la parte psíquica (mente-cerebro) que reconoce ese sabor como aprendido y puede realizar una valoración buena o mala.

Este gusto, educado poco a poco y en un contexto cultural e histórico, es producto de la tradición, de la disponibilidad de un alimento u otro, de la economía, etc.

Se comprende fácilmente el gusto de las civilizaciones antiguas por los cereales, legumbres, frutas, verduras, garum, huevos, lácteos, vino, miel, vinagre, especias,…todos estos productos eran de fácil disponibilidad, imprescindibles para la conservación e incluso, la mayoría de las veces, la necesidad era la que determinaba el consumo de un producto u otro.

Tras esta diferenciación entre tipos de gustos, podemos decir que el gusto, además de ser individual, se debe educar y con el aprendizaje, desde pequeños, nuestro cerebro reconoce un sabor aunque esté configurado de otra manera, pero el gusto primigenio y asimilado está ahí.

Así pues, la comida romana antigua presenta sabores reconocibles si nos han enseñado a descubrirlos, quizá su apariencia y combinación es diferente, pero el gusto como saber y conocimiento está patente.

Animaos a experimentar con nuevos sabores, vuestro gusto os lo agradecerá.

Plurimam Salutem!

*Fotografías propias


3 comentarios:

Isabel Romana dijo...

Como siempre, querida charo, has hecho una reflexi�n muy interesante. Tu post en honor de la reina Dido ha sido un �xito, le ha encantado a todo el mundo. Te felicito una vez m�s. Un abrazo muy fuerte y hasta pronto.

Charo Marco dijo...

Gracias Isabel.
Reconozco que estoy muy sorprendida por la acogida que el último banquete de Sofonisba ha suscitado, sólo puedo decir que resultó un verdadero placer el escribirlo y dejar que el corazón expresara sus sentimientos.

Un beso

Isra dijo...

Charo, contigo explicando la cocina romana ¿cómo no van a alucinar los alumnos y les va a gustar esa unidad?
Supongo que lo mejor debe ser la parte practica: rico, rico.