domingo, 14 de diciembre de 2008

RUCTUS, UNA COSTUMBRE ACEPTADA

Resulta paradójico pensar como un mismo acto puede ser tan disparmente recibido a lo largo de las diferentes etapas de la vida y de la historia.



Lo que en un niño sólo nos produce una sonrisa conmiserativa, en un adulto y en nuestra sociedad occidental es recibido con una mueca de desagrado. Sin embargo, no todas las culturas reciben o han recibido este acto de “alivio personal” con idéntico desagrado, pues en el mundo árabe los comensales no se limitarán a escuchar este “grato sonido” por parte de su compañero de mesa, sino que las reglas del protocolo les permitirán asistir a un verdadero duelo de eructos con el propio anfitrión. Esta es la señal que indica la plena satisfacción por los manjares recibidos. A veces, incluso el cocinero se une a este complaciente coro.
Volviendo al mundo occidental y, a pesar de nuestro remilgado rechazo al eructo en la actualidad, no debemos olvidar que nuestros antepasados romanos lo practicaban e incluso, podemos decir, que con cierto entusiasmo, como medida de prevención de problemas intestinales.
Si acudimos a las fuentes clásicas muchas son las referencias a los aires contenidos y su recomendación de expulsión.
La escuela de Salerno recoge en su Régimen sanitatis Salernitatum las consecuencias médicas producidas al no expulsar los gases ocasionados por las comidas:
"Cuatro males proceden del aire retenido en el vientre: espasmos, hidropisia o sed rabiosa, cólicos y vértigo”
También Hipócrates hace mención al tema de los aires:“Pero hay algunos que si salen de su norma no se librarían fácilmente de sus consecuencias y padecerían lo indecible con alterar su régimen un solo día, y si me apuras ni siquiera completo. En el caso de los que hicieran un almuerzo no habitual, porque al momento se sentirán cargados y abotargados física y mentalmente, llenos de somnolencia, amodorrados y sedientos; y si por añadidura cenan, tendrán flatulencias, retortijones y vientre suelto. [...] Es más, si intenta cenar, el alimento le resultará desagradable y no podrá tomar lo que normalmente cena los días que ha hecho su almuerzo habitual: esos mismos alimentos, al ir bajando con retortijones y ruido, provocan ardor de estómago y son causa de insomnio y sueños agitados. Para muchos ése es también el comienzo de una enfermedad.
Hipócrates, Tratados hipocráticos, Sobre la medicina antigua, 10

Galeno I, 35-36, explica los diferentes tipos de eructos: "los eructos nidorosos o de otro tipo, como los que huelen a huevos fritos o a algo más fétido y podrido. Y el de los eructos nidorosos admite haber ingerido después de una comida una torta grasienta, como la elaborada con aceite e itrio. Y otro, el que eructa con olor a huevos fritos, reconoce que sus eructos proceden de su ingestión. Un tercero, después de haber tomado muchos rábanos, tiene eructos fétidos y podridos"
Así pues, tras ver los problemas que ocasionan se recomienda:
“En cuanto a los aires y flatulencias lo mejor es que salgan sin ruido y sin ventosear. Pero es mejor que salgan incluso con ruido, que el que sean retenidas allí y se acumulen en el interior. Aunque en el caso de salir así, indican que el individuo sufre algo o bien está fuera de sus cabales, a no ser que el hombre actúe así de buen grado al expeler sus aires”
Hipócrates, Tratados hipocráticos, El pronóstico, 11
“Cuando se tienen eructos sin dolor en el epigastrio, hay que beber de cuando en cuando un poco de agua fría y no agitarse […] cuando se tienen eructos amargos, acompañados de dolor y de pesadez en el epigastrio, es necesario recurrir sin tardanza al vómito”

Celso, Los ocho libros de la medicina, X
Simón.- Y tú ¡por qué diablos me eructas tu borrachera en la cara?
Pseúdolo.- ¿No ves que estoy completamente borracho?
Simón.- ¿Sigues eructándome a la cara?
Pseúdolo.- Mi eructo huele a rosas
Plauto, Pseúdolo, VII, 1300
Claudio, conocedor de todos estos problemas, promulga un Edicto en el que está permitido expulsar los gases en los banquetes:
“Se dice incluso que tras haberse enterado de que un invitado había caído enfermo por contenerse para guardar las formas, había proyectado promulgar un edicto para permitir expulsar los gases y las ventosidades sonoras en medio del banquete

Suetonio, Vida de Claudio, V, 32

Pese a estar amparado por la ley, Plinio, el Joven, nos muestra la discreción que caracterizó a Trajano:
“¿No comes siempre en público? ¿No está siempre tu mesa abierta a todo el mundo? ¿No te resulta a ti tan grato como a nosotros participar de los mismos banquetes? [...] ¿Y en cuanto a la duración misma de las comida, aunque tu frugalidad reduce el tiempo que dedicas a éstas, no las prolonga, sin embargo tu afabilidad? Ciertamente no te hartas de comida en solitario antes del mediodía para acechar luego a tus comensales, vigilándolos y tomando nota de lo que dicen, ni te presentas bien saciado y eructando ante unos invitados que no han comido y tienen el estómago vacío para arrojarles más que servirles unos platos tales que tú no te dignarías siquiera a tocar, ni en fin, después de haber soportado con disgusto este insolente simulacro de banquete, vuelves a entregarte a tus secretas orgías y ocultos excesos. No admiramos, por lo tanto, ni el oro ni la plata de tus vajillas, ni el exquisito refinamiento de tus platos, sino tu afabilidad y tu buen humor”
Plinio, el Joven, Paneg. a Trajano, 49, 5
Para prevenir estos problemas gástricos se invita a la ingestión de ciertos alimentos:
“Los panes secos, de harinas bien molidas […] se disuelve tranquilamente. De modo que hace su recorrido lentamente, pero sin producir gases ni eructos, frente al pan de cebada bien molido, que es laxante pero produce muchos más gases”
Hipócrates, Tratados hipocráticos, Sobre la dieta, 40
“Los alimentos que producen menos gases son la caza, los pájaros cocidos con trampa, los peces, las frutas, las aceitunas, los crustáceos, los huevos frescos, cocidos o pasados por agua y el vino añejo. El hinojo y el aneto favorecen la expulsión de los aires”
Celso, Los ocho libros de la medicina, XXVI
Y evitar ciertos alimentos:
“Las habas son algo sustancioso, pesado y flatulento. Los guisantes dan menos gases […] Los huevos de aves son un alimento flatulento, porque de un volumen pequeño se desarrolla enormemente. […] El mosto produce gases porque calienta. […] Loa ajos producen gases por la retención del aire interno […] Las granadas vinosas son muy flatulentas […] Los melones son diuréticos, pero dan gases.”
Hipócrates, Tratados hipocráticos, Sobre la dieta, 49, 50, 52, 55
“Los alimentos flatulentos son casi todas las legumbres, todas las sustancias grasas, dulces y jugosas, el mosto, e incluso el vino nuevo. Entre las plantas de huerta, el ajo, la cebolla, la col, todas las raíces, exceptuando el reponcho y las pastinaca; los bulbos, los higos secos, y sobre todo loe verdes; las uvas frescas, toda clase de nueces, a excepción de los piñones, la leche, las diferentes clases de quesos y en fin, toda sustancia mal cocida. ”
Celso, Los ocho libros de la medicina, XXVI
Las bellotas comidas ocasionan flatulencias” (Dioscórides, Plantas y remedios, I, 106)
La cebada es diurética, detersiva, flatulenta, dañosa del estómago” (Dioscórides, Plantas y remedios, II, 86)

La cerveza es dañosa de las meninges y flatulenta” (Dioscórides, Plantas y remedios, II, 87)

“El haba helénica engendra ventosidad, flatulencia”
(Dioscórides, Plantas y remedios, II, 105)

“Mi hortelana me ha traído malvas que aligeran el vientre y una opulenta variedad de cuanto produce mi huerto: la pomposa lechuga y el puerro ya en sazón; no falta la pimienta que provoca el eructo ni la hierba salaz. […] Sumad a esto bromas sin hiel, libertad que no os avergüence mañana y frases de que no quisierais arrepentiros. Que mis convidados hablen de los azules y de los verdes; mi vino no embriagará hasta hacer ninguno de vosotros un acusado.”
Marcial, Preparativos de convite, X, XLVIII

Veamos cuáles son los curiosos remedios propuestos por Dioscórides, en su libro Plantas y remedios:

“Los nardos bebidos con agua fría son una ayuda para las náuseas y para las flatulencias”
(I, 7)
“El costo bebido, en cantidad de dos onzas, con vino y con ajenjo sirve contra los espasmos y las flatulencias” (I, 16)

“La raíz del helenio sirve, tomada en electuario con miel, viene bien a la tos, a los espasmos y a las flatulencias”
(I, 28)

“El enebro bebido es eficaz contra los retortijones, flatulencias y toses” (I, 75)

“Las manzanas que están sazón en primavera engendran flatulencias”
(I, 115)

“El caldo de gallo viejo es conveniente contra asmas, artritis y flatulencias de estómago” (II, 49)

"El testículo del castor bebido con vinagre actúa contra las flatulencias, hipos y retortijones” (II, 24)

"El astrágalo de cerdo quemado hasta que de negro se vuelva blanco, majado y bebido, aleja las flatulencias de colón y retortijones de trip
as” (II, 58)


Beneficios ocasionados al expulsar los aires:
Trimalción: “Perdonadme amigos, hace ya unos días que no me responde el vientre. […] Ahora espero que mi vientre vuelva a entrar en la norma de siempre. De lo contrario, siento unas resonancias por el estómago, como si se tratara de un toro. Por consiguiente, si alguno de vosotros tiene que hacer una necesidad, no debe apurarse. Ninguno de nosotros nace sin válvula de escape. Yo creo que no hay mayor tormento que aguantarse, es lo único, por cierto que ni Júpiter puede prohibir. ¿Te ríes, Fortunata, porque de noche no sueles dejarme dormir? Tampoco me parece mal que la gente se desahogue en la mesa, por su parte los médicos no aconsejan contenerse. Si alguien tiene ganas de cosas mayores, todo está a punto en el exterior: agua, bacín y demás menudencias. Creedme, si los gases os suben a la cabeza, producen flatos en todo el organismo. Sé de muchos que se han muerto por ese motivo, aunque ellos no hayan querido reconocer su verdadero mal”
Petronio, El Satiricón, 47
“Tu cara es perfecta, tu cuerpo no ofrece el menor defecto, y sin embargo ¿no te llama la atención que es raro el hombre que te codicia y menos por segunda vez? Es que tienes, Galla, un defecto bastante gordo. Siempre que el deseo me acercó a ti, en el momento más crítico, algo habla de ti que no es tu boca. ¿Por qué los dioses no harán que seas tú quien hable y no otra cosa? ¡Me irrita esa locuacidad! Preferiría que ventoseases, porque-al decir de Simmaco- eso es bueno para la salud y a la vez provoca risa. ¿Pero quién puede reír con los ruidos de otra procedencia? Cuando eso escucho, mi rigor y mi voluntad decaen. Háblame al menos y que tu voz oculte otras ruidosas manifestaciones. Ahora bien: si eres muda, aprende al menos a hablar por ahí”
Marcial, A Galla, VII, XVIII
Las fuentes clásicas nos han mostrado claramente que el mundo antiguo no presentaba las inhibiciones que actualmente se tienen al respecto, aunque, pese a ser considerados saludables, fue necesaria la publicación de un edicto imperial para que fueran socialmente mejor aceptadas.

Plurimam salutem!

*Fotografías propias

14 comentarios:

El llano Galvín dijo...

Creo que me quedo con el refinamiento actual, no me quiero imaginar una cena romana..., de todos modos si hubo un edicto de Claudio es que no debía estar tan bien visto eructar en la mesa. También es verdad que la antigua aristocracia europea no veía de mal tono que las personas mayores ventoseasen en público o tuviesen otros desahogos. No sé, creo que soy muy contenido ¡ja, ja, ja!
Un post muy interesante!!!

Isabel dijo...

Madre mia! no tengo palabras, Charo, para expresar lo que me ha parecido este post, me quedaría corta en épitetos ornamentales al más puro estilo homérico.
Ya estoy picada esperando el próximo, y sabes lo mejor? pues que estoy aprendiendo un montón !
Un abrazo.

Charo Marco dijo...

Estimado LLano Galvín, estoy totalmente de acuerdo contigo.

Saludos

Charo Marco dijo...

Isabel, eres muy amable.
¡Qué responsabilidad!.

Gracias

Un abrazo

Isabel Romana dijo...

Este post es de lo más adecuado dadas las fechas en que estamos, cuando somos tan propensos a comer y beber más de la cuenta. Eres un pozo de saber, querida charo. Un besote enorme.

Charo Marco dijo...

Querida Isabel, no lo había pensado, pero tienes mucha razón, muy apropiado.

Gracias por tus hermosas palabras

Besos

javier dijo...

Los romanos eran muy sabios en todo, eruptar no debiera estar mal visto, una vez le pregunte a un médico sobre el erupto y me contesto que muy beneficioso y saludable para una buena digestión, pero claro en nuestra cultura está muy mal visto, ¡a ver quien se atreve a eruptar en público! te pueden llamar de todo menos bonito.
Saludos.

Charo Marco dijo...

Javier, gracias por tu comentario. Realmente los clásicos son una fuente de información muy rica.

Gracias de nuevo.
Saludos

lorena dijo...

Puede que hubiera sido mejor que en la actualidad siguieramos con esa vieja costumbre de manifestar nuestro "malestar intestinal" porque así se podrían evitar las incómodas situaciones; además, ¿no es un síntoma de que te has saciado bien en casa de tu anfitrión? pues que este no se sienta ofendido.
Por lo demás, me ha parecido un post muy interesante. Ahora se algo más del mundo antiguo.

Charo Marco dijo...

Lorena, gracias por tu comentario.
Nuestra salud se vería más beneficiada sin algunas costumbres clásicas se mantuvieran.

Saludos

Virginia dijo...

Bueno eso de que "mi eructo huele a rosas" es como el que dice que no suda, ja, ja.
Yo en esto prefiero también los refinamientos de nuestra sociedad.
Gracias, Charo, por toda la información tan interesante que aportas.
Aprovecho para desearte Felices Fiestas, un beso.

Charo Marco dijo...

Virginia, muchas gracias por tu comentario.

Qué razón tienes.
Bona Saturnalia
Besos

Isabel Romana dijo...

Feliz año, Charo. Un besazo enorme.

Charo Marco dijo...

Feliz año a tod@s.

Un abrazo