domingo, 6 de marzo de 2011

CENAE SALIARES

En las Kalendas de marzo (día 1 de marzo) los romanos disfrutaban de una procesión por parte de los Salios (processio saliorum), sacerdotes del dios Marte que tenía un valor mágico, lidiar con los espíritus malignos de la ciudad y así despertar el vigor guerrero necesario ante las campañas militares que se iniciaban en el mes dedicado a la guerra.

A los Salios se les llamaba así porque “saltan y danzan en torno de los altares” (Servio, Ad Aen. 8, 663), eso nos muestra en qué consistía esta procesión: ataviados de un modo bastante peculiar, danzan “graciosamente haciendo giros y mudanzas con un compás vivo y frecuente, que hace muestren vigor y ligereza” (Plutarco, Numa, 13), golpean sus escudos con una daga o vara corta y cantaban, en un lenguaje arcaico “entendidos a duras penas por sus sacerdotes” (Quintiliano, 1, 6, 40), poemas en honor a Marte (carmen saliare).

Al acabar la procesión que duraba diez días, diariamente sus miembros realizaban unos banquetes de la cofradía o cenae saliares.

Este convite es mencionado en muchos autores clásicos, en todos se repite la misma idea de lo proverbial que era. Se trataba de una cena abundante en la que se servían los alimentos más caros y exquisitos del mercado. Acudamos a las fuentes clásicas para documentarnos al respecto.

Sobre la idea de cena abundante y deliciosa leemos en Suetonio, Claudio, 33: “Un día en que se hallaba juzgando en el Foro de Augusto y le llegó el olor de la comida que estaban preparando para los salios en el cercano templo de Marte, Claudio abandonó el tribunal, subió hasta donde estaban los sacerdotes y se sentó a la mesa con ellos” El hecho de que el propio Claudio abandonara el tribunal para unirse al banquete nos muestra esa exquisitez.

Pero hay más autores que reiteran ese pensamiento:

Festus, en el término Salii afirma: “Todos los días, realizan una gran cenae llamada saliares”.

Apuleyo, El asno de oro, IX, 22: “La casta esposa dispone en seguida un banquete de pontifical decanta vinos de marca, combina carnes frescas con embutidos, abastece copiosamente la mesa; en una palabra, espera la visita del amante como la de alguna divinidad. Además, muy oportunamente, su marido cenaba fuera de casa con un batanero vecino”

Apuleyo, El asno de oro, IV, 22: “Concluido este discurso, ofrecen en copas de oro libaciones de vino puro en memoria de sus camaradas fallecidos; luego, entonan algunos himnos en honor del dios Marte y se retiran a descansar un poco. En cuanto a nosotros, la vieja aquella nos distribuyó, sin medir, cebada fresca en abundancia; tanto es así, que mi caballo, ante tan copiosa raci6n -aunque él solo pudo con todo-, creía estar en un banquete de sacerdotes salios. Yo, en cambio, como nunca había comido la cebada cruda, sino bien triturada y en papilla cocida a fuego lento, al divisar un rincón donde se amontonaban los mendrugos de pan que habían sobrado a toda aquella gente, me retiro a probar allí resueltamente la destreza de mis mandíbulas entumecidas por un largo período de hambre y cubiertas ya de telas de araña”.

Apuleyo, El asno de oro, VII, 10: “El joven, volviendo a tomar la palabra, dice: « ¿Qué esperamos, pues? Vayamos a implorar la asistencia de Marte, 'el Socio', en la venta de la joven y en el reclutamiento de nuevos camaradas. Pero, por lo que veo, nos falta la víctima del sacrificio; ni siquiera tenemos vino para beber a discreción o al menos con tasa. Dadme diez hombres que me acompañen; me bastan diez para atacar castillo vecino y procurarnos un banquete de pontifical”

Ausonio, Epístolas, IX, 43: “Lo voy a intentar, aunque no son ésas las cosas que reclaman la atención de mis preocupaciones de anciano y no parecen dignas de un hombre frugal. Pues no hago yo esos banquetes de los Salios, ni una cena fastuosa cual tuvo la mesa de los infames pretendientes de Penélope y la ungida juventud de Alcínoo de 'piel brillante. Te las voy a enumerar, no obstante, de acuerdo con su fama y los testimonios siempre diferentes según los gustos de los que las han probado.”

Cicerón Ep. Ático, 39, 9: “Llegué a Accio el XVII de las Kalendas de junio, habiéndonos dado vida los Salienos en Corciro y Siboto, gracias a tu generosidad y a los cuidados de Areo y de mi amigo Eutiquides que nos habían provisto abundantemente.”

Marcial, Epigramas, XII, 48, 12: “Si me pones boletos y jabalí como si no valieran nada y crees que no es ése mi deseo, lo acepto; si crees hacerme feliz y pretendes ser inscrito como heredero gracias a cinco lucrinas, adiós. Espléndida, sin embargo, es tu cena, lo confieso, muy espléndida; pero no será nada mañana, más aún, hoy, más aún, en este mismo instante, nada que no conozca la desgraciada esponja de un palo asqueroso, o un perro cualquiera y un urinario al borde de la calle. De los salmonetes y de las liebres y de las tetas de cerda éste es el final: un color de azufre y un dolor insoportable de pies. No tenga yo a tan alto precio ni los festines albanos ni los banquetes del Capitolio y de los pontífices. Que un dios en persona me haga partícipe del néctar: se volverá vinagre y vino picado y aguado de una tinaja vaticana. Busca otros invitados, maestro en cenas, a los que conquiste la regia suntuosidad de tu mesa. A mí invíteme un amigo a unos filetillos improvisados: una a la que puedo corresponder es la cena que me gusta.”

Tertuliano, Apología, 39: «Los megarenses cenan como si hubiesen de morir mañana, y edifican como si nunca hubieran de morir.» Pero más fácilmente se ve una pajuela en los ojos ajenos, que en los propios una viga. Si cenan los tribunos, los curiones y decuriones en sus ranchos inundan tantos regüeldos que el aire mismo se aceda con el vaho de las crudas indigestiones: si han de cenar los salios es necesario que el acreedor que ha de prestar sea el arrendador de las décimas de Hércules: si cenan los adivinos que embalsaman los muertos, los aritméticos o contadores pueden sumar los gastos de la cena.”

Para conocer de primera mano el menú servido en las cenae saliares, acudimos a Macrobio, Saturnales, III, 13, 10 que nos detalla los platos:

“Entre los hombres de mayor prestigio, para que los sepáis, tampoco faltó el lujo fastuoso. Doy el relato de una comida pontifical, celebrada hace muchísimo tiempo, que se encuentra descrita en el cuarto registro de aquel Metelo que fue pontífice máximo, con estas palabras: “El día noveno antes de las calendas de septiembre, el día en que Léntulo fue consagrado flamen de Marte, la mansión fue engalanada, los salones se cubrieron de triclinios de marfil: en dos salones se acomodaron los pontífices Quinto Cátulo, Marco Emilio Lépida, Décimo Silano, Gayo César, rey de los sacrificios, Publio Escévola, Sexto (César flamen de Quirino), Quinto Cornelio, Publio Volumnio, Publio Albinovano y Lucio Julio César, augur que consagró a Léntulo; en el tercer salón, las vírgenes Vestales Popilia, Perpennia, Licinia y Arruncia, y la esposa del nuevo flamen, Publicia y Sempronia, suegra de Léntulo.

He aquí el menú:

Como entrantes: erizos de mar, ostras crudas a voluntad, ostiones, cañadillas, tordo sobre fondos de espárragos, pollo cebado, pastel de ostiones, mejillones negros y blancos

De nuevo; cañadillas, vieiras, ortiguillas de mar, becafigos, lomos de corzo y de jabalí, pollo cebado rebozado con harina, becafigos, múrices y pórfidos.

Como platos: ubres de cerda, sesos de jabalí, pastel de pescado, pastel de ubre de cerda, patos, cercetas hervidas, liebres, pollos asado, crema y pan de Piceno”

¿Dónde se podía ya denunciar entonces el lujo excesivo, cuando una cena pontifical estuvo atiborrada de tantos platos? “

Las palabras de Macrobio lujo excesivo” resumen perfectamente la característica primordial de estos banquetes. En ellos se servían principalmente carnes y pescados, alimentos cuyos destinatarios eran las personas de categoría social elevada, dejando al margen verduras, legumbres y frutas.

A su vez, vemos que los platos presentados son en su mayoría mariscos, aves, animales de caza y partes íntimas, considerados alimentos afrodisiacos y vigorosos.

La materia prima de la mayoría de estos productos presenta un precio elevado en el edicto de Diocleciano, hecho que corrobora la exquisitez del menú que se servía en esas cenae saliares.

Acabar con los célebres versos de Horacio, Odas, I, 37, 1-5 en los que menciona a los salios y sus divinos manjares:

“Ya es momento de beber, ya es momento de golpear el suelo

con ritmo sin cadenas. Ya era hora de poder adornar

el lecho de los dioses con los manjares

salios, compañeros.”

Para impresionar no es necesario servir alimentos muy caros,

sino más bien, elaborados con amor.

Para saber más sobre la processio saliorum podéis acudir al blog Hortus Hesperidum.


Plurimam salutem!

*Imágenes propias


17 comentarios:

Apicius dijo...

Como los artículos precedentes no tiene desperdicio.
Tengo un par de preguntas en el banquete del día en que Léntulo fue consagrado flamen de Marte, pone dos platos que ignoro lo que son uno es "Viarias" y el otro "Pórfidos". El primero ignoro totalmente y el segundo lo conozco como una roca volcánica.
Podría desasnarme un poco.
Gracias anticipadas.
Saludos

C.G. Aparicio dijo...

¡Maravillosa entrada! Has conseguido, con tus palabras y esos textos de nuestros antiguos, trasladarnos a unas intensas (y copiosas) Kalendas de marzo.

Un saludo.

Charo Marco dijo...

Hola Apicius, gracias por tu comentario.
Con respecto a las preguntas:
- Las Viarias, perdón: se trata de Vieiras, lo he escrito mal. Ya está arreglado el error. Gracias

- Pórfidos, efectivamente con ese nombre conocemos a un mineral. En latín Macrobio habla de purpuras que son unos moluscos parecidos al murex, actualmente se llaman cañadillas. He dejado el término "pórfidos" por respectar la traducción de la ed.
Gredos. Quizás hubiera estado bien poner una nota.

Gracias por tus sugerencias

Saludos

Charo Marco dijo...

Hola C.G. Aparicio, eres muy amable con tu comentario.

Me alegra que te haya gustado.

Saludos

Apicius dijo...

Hola Charo:
En primer lugar gracias por la pronta respuesta.
Había pensado que se trataría de vieiras, pero nunca que hubiese estado mal escrito, ya que tu escritura es muy depurada, pero en los mejores manuscritos hay algún borrón.
En cuanto al mineral, es de color más o menos púrpura.
Saludos

sabor a galletas dijo...

Hola Charo,la entrada muy bien documentada, como todo lo que escribes.Siento muchísima admiración por las personas que como tú comparten sus conocimientos con los que somos simples aficionados como yo.En cuanto al banquete sólo con leer el listado de los alimentos ya me empacho,qué pensaría el resto del pueblo, privados de todas esas maravillas...Un abrazo. Rosa

Charo Marco dijo...

Hola Rosa, sinceramente eres muy amable. A mi me pasa lo mismo, sólo de ver la cantidad de comida servida me asusto.

Gracias por tus hermosas palabras

Besos

Viena dijo...

Me preguntaba si las "cenae saliares" se llamaban así por los salios o si también tenía que ver con Ares, el griego de la guerra, porque estas fiestas opulentas podrían tener su origen en los sacrificios de animales e incluso humanos que se ofrecían a Ares antes de la guerra o para estimular la valentía en éstas, por parte de los griegos.
Por los textos que nos traes, parece que a vista de todos eran banquetes excesivos, en cantidad, en gasto, etc. La verdad es que es tan interesante todo y tantos los conocimientos que me gustaría tener (y no tengo) al respecto, que me pierdo, pero leyendo, me recordaba a esas reuniones más antiguas que el pueblo romano habría perpetuado identificándolo con Marte en estas cenae.
Me ha resultado muy curioso también la permanencia en nuestros días de estos ritos, que he leído en el blog que nos has aconsejado.
Siempre interesantes datos.
Un beso y gracias Charo.

Sebastián Damunt dijo...

Amiga Charo:

Dicen que nunca es tarde si la dicha es buena. En julio del año pasado prometí que visitaría todas tus entradas. Con algún retraso, pero aquí estoy para intentar descifrar y aprender de tus escritos.

Lo de Claudio, abandonar su labor atraído por un aroma irresistible, podríamos decir que sigue vigente hoy en día; y de la casta esposa sorprende únicamente que disponga de vinos de marca y embutidos. En cuanto a la preferencia del pan duro a la cebada, también me resulta una decisión adecuada. Atacar al vecino para procurarse un banquete se sabe que viene de antiguo.

Finalmente, desconozco el significado de “cinco lucrinas” y aplaudo la selección del “filetillo” improvisado, invitación a la que se puede corresponder. Bonita frase también la de Tertuliano: …cenan como si hubiesen de morir mañana, y edifican como si nunca hubieran de morir. Variado y, digamos, viable hoy en día, el menú de Macrobio, si exceptuamos tres o cuatro nombres que he tenido que investigar, pero también accesibles.

Resumiendo, que, gracias a DE RE COQUINARIA, si mañana leo alguna referencia al “Banquete de los Salios”, ya se por donde van los tiros. Eso si, no voy a seguir tu sugerencia de acudir al blog Hortus Hesperidum. ¡De aquí ya no paso!

Un saludo,
Sebastián Damunt

Charo Marco dijo...

Hola Sebastián, gracias por tus palabras y por la originalidad de tu comentario. Me ha parecido muy interesante.
Las lucrinas son ostras, yo tampoco lo sabía hasta que investigué.

Gracias de nuevo. Te agradezco mucho que vengas a visitar De Re Coquinaria. Es todo un honor.

Saludos

Charo Marco dijo...

Hola Viena, gracias por tu fidelidad semanal.
Con personas como tú da gusto adentrarse en aspectos concretos del mundo clásico con los que yo soy la primera que aprendo más cosas y me obligo a estar al día.

Gracias de nuevo

Besos

Anónimo dijo...

La institución religiosa de los sacerdotes salios es interesante para nosotros ya que en Sagunto existía un colegio oficial. Se baraja también la posibilidad de que los restos de lo que se cree fue el templo de Marte en Mérida (conocido como “Hornito de Santa Eulalia”), fuese realmente un armilustrium en cuyos pórticos danzarían y darían vueltas los salios en fechas señaladas.
Otras fuentes: Cartas de Símaco; además de lo ya apuntado en las “Odas” de Horacio: I, 28; IV, 36, 12; en las epístolas de Quinto Horacio Flaco; en las cartas morales a Lucilio, de Séneca (donde compara los saltos de los salios con el de los fulones en el cubo de la colada); Terencio Varrón en “De lingua latina” (se conservan además unos pocos versos de aquellos que cantaban los salios).
Bibliografía: “Early Roman armies” colección Osprey, recientemente traducida al castellano en la colección R.B.A. Roma fascículo II, con una buena representación gráfica de los salios.
“La danza de los salios, rito de integración en la Curia”, Martínez-Pinna, 1980.
Posiblemente quedan reminiscencias de aquellos bailes en algunos de los que se han conservado desde época inmemorial hasta ahora.
Un cordial saludo.

Charo Marco dijo...

Hola Emilio, una aportación interesantísima.
Este libro tiene un apartado sobre los salios:
http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=650262

Muchas gracias por el comentario
Saludos

Anónimo dijo...

Hora Charo, siento que se haya duplicado tanto éste como mi comentario en el artículo "En honor de los milites saguntini", al menos al final no se han perdido. El artículo de Jorge Martínez es especialmente interesante al distinguir en la danza de los salios la modalidad "saltatio" y "tripudium", y su observación sobre el ritmo ternario, que supone una buena pista a etnólogos y folcloristas, aunque en esta página destaca el aspecto gastronómico y es que por lo que se puede leer..., aquellos sacerdotes vivían como curas.
Gracias por tu amable acogida y un cordial saludo.

Charo Marco dijo...

Hola Emilio, gracias a ti.
He podido solucionar el tema de los artículos duplicados.
Tienes muchísima razón, estos salios vivían fenomenal, con muchos privilegios.

Saludos

sabor a galletas dijo...

Hola Charo, me paso un momentito para desearte unas felices fiestas. Estos días me pasaré para leer todas las magníficas entradas que me he perdido. Te mando un abrazo muy grande. rosa

Charo Marco dijo...

Querida Rosa, muchas gracias por tus hermosos deseos.
Por mi parte, te deseo las cosas más maravillosas para estas fiestas y para el próximo 2012.

Un abrazo

Charo