domingo, 11 de diciembre de 2011

VIVARIA PISCIUM PARA NUESTRO HERMES


Tras echar un vistazo al libro de Apicio, descubrimos el aprecio de los antiguos romanos por el marisco y el pescado, de manera que, como comían tanto peces de agua salada como de agua dulce, para tenerlos siempre presentes en sus mesas, tenían viveros artificiales (piscinae).
El pescado, signo de distinción y servido en los grandes banquetes, era caro, por lo que resultaba comprensible la utilización de viveros llamados con el nombre genérico de vivaria por cuidar animales vivos o en el caso de los pescados: vivaria piscium o piscinae (para el almacenaje de piscis-peces) de manera que, aunque se viviera lejos del mar, pudieran tenerse los pescados siempre a mano y degustarlos frescos. También encontramos el término cetarium que hace referencia al vivero en sí.

Aulo Gelio, Noches Áticas, II, 20 nos comenta la etimología:”Marco Varrón dice, en el tercer libro Acerca de la agricultura que ciertos lugares cercados ahora se denominan vivaria, en los cuales son alimentadas fieras vivas. Existen tres tipos de criaderos de granja: aviarios, conejares piscinas (piscinae) […] Pero los lagos o estanques cerrados para contener peces vivos, con nombre suyo y propio se denominan piscinae.

La diferencia entre  piscinae  y vivaria piscium podría tratarse en lo siguiente:
  •   PISCINAE: Estanques para criar peces de agua dulce que no estaban tan bien considerados como los de agua salada. 
  • VIVARIA PISCIUM: Canales abiertos en la misma costa para criar peces de agua salada.
No obstante, las fuentes utilizan ambos términos indistintamente.
Sobre sus primeros usos sabemos por un diálogo de Platón, Político, 264 c que los egipcios ya utilizaban la técnica de criar peces en el Nilo:
“Extranjero- Lo siguiente, si es que, como supongo, has oído hablar de ello más de una vez. Se bien que tú no has asistido personalmente a los adiestramientos de peces que se hacen en la región del Nilo, y es muy posible que tampoco hayas podido verlos en los estanques reales; en las fuentes, en cambio, debes, tal vez, haberlos observado.”
Así pues, quizás esta técnica egipcia fue tomada por los griegos para criar en tanques hechos con losas de piedra o yeso las codiciadas anguilas, en las orillas de los lagos de Beocia o en el río Estrimón (Tracia) como bien nos narra Aristóteles, Hª de los animales, VIII, 2, 595 a: “Las anguilas se alimentan de lodo y de trozos de pan que se les echa. Por eso los criadores son particularmente cuidadosos de que el agua está limpia, por su perpetuo fluir sobre un fondo de losas planas de piedra y luego fluye de nuevo, sobre los tanques con yeso. […] Por esta razón, se las pesca en el río Estrimón, por la época de la salida de las Pléyades, ya que en este período se agita el agua y el barro se enturbia levantado por los vientos contrarios. […] Se mueren si se las cambia en verano de las piscinas de los lagos a los tanques, pero no si se retira en el invierno"

Para conocer cómo eran estas piscinae podemos acudir a Ateneo, V, 208 A que nos habla de unos tanques en este caso de plomo, pero con la peculiaridad de estar ubicados en enormes barcos, en concreto se trata de la nave de Hierón de Siracusa: “en la parte de la proa había así mismo un depósito de agua cerrado, con una capacidad de dos mil metretas, hecho de tablones rejunteados con trozos de lienzo calafateados. A su lado se hallaba un acuario cerrado con plomo y tablones. Estaba lleno de agua salada, en la que se criaban numerosos peces

Valerio Máximo, IX, 1, 1 además de comentarnos quién fue uno de sus inventores,  nos explica cómo se construían:Cayo Sergio Orata fue el primero en no someter sus glotones apetitos a los caprichos de Neptuno, se creó mares privados interceptando las olas del mar para sus estuarios y encerrando toda clase de peces en recintos diversos, separados por unos bloques, de manera que ningún temporal pudiera privar a la mesa de Orata de manjares variados. Llenó también de edificios espaciosos y altos las orillas del lago Lucrino, desiertas hasta el momento, con el fin de poder disfrutar de ostras fresquísimas”

Completamos la información sobre los vivaria piscium con Varrón en RR, III, 3-17 que habla de los tipos de viveros de peces, los de agua dulce (muchas veces destinados a la plebe) y los de agua salada o viveros marítimos vinculados a los ricos. Veamos qué nos cuenta: “Hay dos tipos de viveros, de agua dulce o salada, aquellos para la plebe y no sin beneficio, a los que las Linfas suministran el agua para nuestros peces de criadero. Sin embargo, los viveros marítimos de los nobles, para los que Neptuno suministra el agua y los peces, más conciernen a los ojos que a la bolsa, y más bien vacían que llenan la bolsa del dueño, pues primero se edifican a lo grande, luego se llenan a lo grande, en tercer lugar se mantienen a lo grande. Hirro recibía 12000 sestercios de los edificios que rodeaban sus viveros, pero consumía toda esa renta en los alimentos que daba a los peces. No es de admirar, pues me acuerdo de que, en un cierto momento, este había dado en préstamo un peso de dos mil morenas a César y que había vendido la granja en cuatro millones de sestercios por la gran cantidad de peces. Que nuestro vivero en medio de la tierra y plebeyo correctamente se llama “dulce” y el otro “amargo”. Pues ¿quién de nosotros no está contento con uno sólo de tales viveros? ¿Quién, por el contrario, no tiene un conjunto de muchos viveros marítimos formados a partir de un único estanque? Pues lo mismo que Pausias y los demás pintores de su estilo tienen grandes arquetas compartimentadas donde hay ceras de diferentes colores, así estos tienen viveros compartimentados donde tienen diferentes peces encerrados por separado, los cuales, como si fueran sagrados y más inviolables que aquellos de Lidia que, estando tu sacrificando, Varrón, decías que habían venido en manada al toque de flauta hasta la misma orilla y al altar, porque nadie se atrevía a cogerlos (era el mismo tiempo en el que habías visto allí las islas danzantes de los lidios); y así, ningún cocinero se atreve a poner en salsa a estos peces.
Cuando nuestro amigo Quinto Hortensio tenía viveros construidos con gran dispendio cerca de Bauli, fui tan frecuentemente con él a su granja como para saber que él siempre solía enviar a comprar peces a Puteoli para la cena. Ni siquiera era bastante para él no alimentarse de los viveros, sino que también él mismo los alimentaba a su vez y ponía mayor cuidado de su parte para que sus mújoles no pasaran hambre que el que yo tengo para que mis asnos no pasen hambre en Rosea, y ciertamente con ambas cosas, esto es, tanto con el pienso como con la bebida, administraba la vitualla con mucha más prodigalidad que yo, pues yo con un esclavito, no mucha cebada y con agua de casa alimento a mis valiosos asnos; Hortensio, en primer lugar, tenía muchos pescadores que suministraban y le apilaban con frecuencia pececillos pequeños que eran consumidos por los grandes. Además, echaba en los estanques salazón comprada cuando el mar se alborotaba y, a causa de la tempestad, el mercado ofrecía escuálida mercancía de vivero y tampoco se podía sacar con red cebo vivo a la orilla, el pescado de la cena del pueblo. Si por Hortensio fuera, antes sacarías de sus caballerizas mulas de tiro para quedártelas que un mújol barbado del vivero”.
“Y”, sigue diciendo, “no menor era su cuidado con los peces enfermos que con los siervos más débiles. Y así se preocupaba menos de que los siervos enfermos no bebieran agua fría que de que sus peces la bebieran fresca. Y de hecho, decía que Marco Lúculo trabajaba con escaso cuidado, y despreciaba sus viveros porque no tenía albuferas idóneas y sus peces vivían en agua estancada en lugares pestilentes. Por el contrario, Lucio Lúculo en Nápoles, tras haber perforado el monte e introducido una corriente marina en los estanques, que a su vez refluía, no cedía ante Neptuno en pesca, pues estaba hecho de tal forma que parecía haber sacado a sus amigos los peces, en tiempo caluroso, a lugares más fríos, como suelen hacer los ganaderos de Apulia, que por las cañadas llevan el ganado a los montes Sabinos. Pero mientras construía en la zona de Bayas tanto se consumía de cuidado que al arquitecto le había permitido que gastara el dinero como si fuera suyo en tanto que un túnel llevara desde los estanques hasta el mar, habiendo construido un dique para que la marea pudiera entrar y salir de nuevo al mar y refrescar las piscinas dos veces al día desde el orto de la luna hasta la luna nueva siguiente”.
Columela, De RR VIII, 1, XVI también nos habla de los vivaria:Después de referirse a las aves acuáticas, por supuesto, nos encargaremos de los peces. [2]…no sólo se ocupó de las numerosas piscinas que se habían formado, sino que de los peces de agua salada que llevaban. El resultado fue que los lagos de Velino, en Sabate, así como Vulsinum y Ciminus, registraron un aumento de lobos marinos como el besugo y otros peces que toleran el agua dulce. [3] Esta práctica cayó en desuso en tiempos más avanzadas, y el lujo de los ricos fue en un recinto en los mismos mares….[6] El que tras adquirir unas tierras en una costa marítima no podía, a causa de la esterilidad del suelo, sacar producciones útiles, puede obtener ingresos de la propia mar. [7] En primer lugar, debe conocer la naturaleza de donde se quiere construir piscinas, pues todos los lugares no aptos para todos los peces. Sobre un fondo de barro, se alimentan pescados como el lenguado, el rodaballo,… y prosperan muy bien los mariscos, el murex y las ostras y el marisco que llamamos vieiras, percebes y sphondyles. [8] las cuencas de arena son más adecuadas para los peces de mar, como el besugo,… pero son menos específicas a los mariscos. En cuanto a la línea costera cubierta por rocas, una lleva el nombre de los pescados que se retiran a las rocas, tales como mirlos, zorzales,….[9] no debemos ignorar los estrechos, a fin de no errar en la elección de los peces, pues hay peces que no les va bien en todos los mares: este es el hélops, que vive en los de Panfilia y no en otros lugares, como faber, que se encuentra en el Atlántico, que se numera con los pescados más delicados en Gades, mi país natal, y se nombra Zeum…[10] la morena, aunque nacida en el Mar Tarso y el Mar de los Cárpatos se ha adaptado con nosotros, y se ha convertido en la anfitriona de todos los estrechos, existiendo en todos los mares extranjeros…. XVII:” [1] Es excelente cualquier laguna que reciba el flujo que viene del mar… De hecho, el lago recibe los vientos del mar que se agitan constantemente, renovándola y no dejando que se caliente nunca… [3] Si la naturaleza del sitio lo permite, es conveniente que por todos los lados de la piscina salga agua fuera por ser más fácil de renovarse a sí misma… Creemos que estas aberturas en la parte inferior de la pared de cierre, pues no hay evidencia de que el agua de mar se eleva por encima de dos metros, es suficiente para pescar allí. También está claro que más agua de mar proviene de la parte inferior, por lo que es más fresca y por lo tanto es adecuado para los peces.[4] Si el lugar donde se piensa establecer la piscina está al nivel del mar, se ha de hacer una excavación de nueve metros de profundidad y dos metros por debajo de la cuenca alta para que sirva como transición al flujo. O tener cuidado de que esta apertura sea muy amplia, ya que el agua estancada por debajo del nivel del mar no puede ser expulsada por el volumen… [6] Debe ser excavados en las paredes de los compartimentos de cada especies para proteger a los peces del calor del sol… Tendremos que establecer en los canales que dan paso a las aguas de la piscina unas redes de cobre con pequeñas aberturas, para que los peces no puedan escapar. Si el espacio lo permite, será útil tener en el tanque unas rocas de la costa, especialmente aquellos que están cubiertas de algas…para que los cautivos no se den cuenta de la privación de su libertad. [7] Cuando los tanques estén preparados, vamos a introducir la manada de peces. Un punto muy importante y que no debemos perder de vista que… es el tipo de especies que vamos a poner…[9] en los estanque con suelos arenosos, que se basan en el lodo y el limo son mejores, como ya he dicho, a los mariscos y peces que permanecen inmóviles en el fondo del agua. La posición de la laguna y su comida, son diferentes de lo requerido para otros peces que están siempre en movimiento. Por lo tanto, para los animales similares al lenguado, rodaballo y otros, es importante extraerlos dos pies de la piscina en un lugar que nunca se queda seco durante el reflujo.[10] …la piscina se puede llenar con una masa de algas para frenar la violencia de las olas durante las tormentas [11] …Los alimentos para los pescados debe ser… la basura de todos los pescados salados que son expulsados ​​de por la marea [13] Entre las frutas que no están maduras, peladas, se pueden lanzar higos, nueces agrietadas con los dedos, las cebollas hervidas en agua, así como toda la comida que hace que su falta de consistencia adecuados para la deglución, tales como el queso… sin embargo, prefieren los alimentos frescos: las anchoas también los cangrejos, y todos los pequeños pescados muy buenos para los grandes.[15] Sin embargo, si durante el invierno, no se puede conseguir este tipo de alimentos se les distribuyen bolas de pan negro, y si el tiempo lo permite, las manzanas cortadas en trozos. En cualquier momento usted puede dar a los higos secos, como en Rétique y Numidia, que tienen en abundancia”

Tras la lectura de Varrón y de Catón se extrae que debió de tratarse de un negocio con muchos ingresos gracias al consumo y demanda de estos pescados, principalmente, la murena, las anguilas, las lubinas, los rodaballos y las ostras. Comentar que según Plinio H.N, IX, los salmonetes  “no crecen en viveros o estanques”
 En Horacio, Epist. I, 1, 79 podemos leer una metáfora graciosa de la que se comprende el valor tan grande que tenían estos criaderos:”Una parte de la gente ansía conseguir contratos públicos. Los hay que con pasteles y frutas van a la caza de viudas avaras y acaparan a viejos para meterlos en sus viveros”

En Plinio IX, 79 leemos los grandes ingresos que proporcionaba: La primera persona que crió de forma artificial las ostras fue Sergio Orata, en Baya, en tiempos de L. Craso, el orador, justo antes de la Guerra con los marsos. Esto fue hecho por él, no para la satisfacción de la gula, sino para hacerse rico pues le proporcionaba grandes rentas.”
De manera la mayoría de estos viveros pertenecían a romanos célebres, por lo que estaba totalmente prohibido pescar los peces que se producían en ellos. Así pues, era necesario cuidar con esmero de sus piscinae, como bien menciona Cicerón en su carta a Ático, 1.20 donde acuña el término piscinarii haciendo mención que los criadores de pescados cuidaban más a sus peces que a los asuntos públicos y privados.
En Marcial, IV, 30 leemos la idea de considerar a los peces como sagrados, ya por el valor adivinatorio que se les otorgaba, ya por su precio en el mercado:Pescador, mira que te lo advierto, huye lejos del lago de Bayas, no sea que te retires culpable. En estas aguas nadan peces sagrados, que conocen a su señor y lamen esa mano suya como no hay otra más poderosa en todo el orbe. ¿Qué decir que tienen su nombre y cada uno acude a la voz de su guardián al ser reclamado? En cierta ocasión, en estas profundidades, un impío libio, al sacar una presa con su caña temblorosa, repentinamente ciego por habérsele robado la luz de sus ojos, no pudo ver el pez que había cogido y ahora, odiando a muerte aquellos anzuelos sacrílegos, se sienta a la orilla de los lagos de Bayas pidiendo limosna. En cambio tú, mientras puedes, aléjate inocente después de arrojar a las aguas tus cebos sin artificio y venera esos peces delicados”.
También Jenofonte, Anábasis, I, 4, 9 nos habla de ese carácter sagrado que tenían los peces de los viveros: Después de esto, Ciro recorrió, en cuatro etapas, veinte parasangas, hasta el río Ca1o, que tenía un pletro de ancho y estaba lleno de peces grandes y domesticados, a los que los si nos consideraban dioses y no permitían que se les dañara”

De nuevo Marcial, X, 30 nos habla de la comodidad de tener estos criaderos próximos y así poder consumir caros pescados en sus banquetes e incluso como mera distracción: Y el sedal no busca su presa en un mar lejano, sino que la caña echada desde la alcoba y desde la cama la engancha un pez al que se ha visto desde lo alto. Nereo siente la tiranía de Eolo, la mesa, segura con lo suyo, se ríe de las tempestades: una piscina cría los rodaballos y las lubinas en la propia casa, la delicada morena acude nadando hasta su cuidador, el nomenclátor cita a un mújol conocido y, a la orden de que se acerquen, acuden los viejos salmonetes. Pero, ¿cuándo permites, Roma, disfrutar de eso? […] Eso se dispone para los señores; está a vuestro servicio”

Plinio, El Joven, en su Epístola, IX, 7, 4 nos habla de sus villas cerca de la costa, en ella nos narra la posibilidad de pescar en piscifactorías debido a su proximidad, al igual que hemos leído en Marcial: Desde una de las villas puede verse abajo a los pescadores en el lago, desde la otra tú mismo puedes pescar y lanzar el anzuelo desde tu habitación, como si te encontrases en una barca

En las Saturnalia de Macrobio,  III, 15 descubrimos de nuevo esa idea:Sergio Orata  fue el primero que construyó los baños construidos sobre bóvedas e instaló un vivero de ostras en Bayas, el primero que declaró que las ostras del lago Lucrino tenían un excelente sabor. […] Estanques repletos de peces ¡carísimos!, tuvieron los más nobles e ilustres romanos, Lúculo, Filipo y Hortensio, a quienes Cicerón llamaba “criadores de peces (piscinarii)

Juvenal, Sátira IV, 50 recalca de nuevo esa idea y comenta el tamaño que adquirían los pescados criados en estos viveros:Ante el templo de Venus que se alza en la dórica Arcona cayó en la red un rodaballo adriático de grandes dimensiones […] que destinó al sumo pontífice. Pues ¿quién se atrevería a poner a la venta o comprar algo semejante cuando las costas están llenas de delatores? Los inspectores de algas, que andan por todas partes, la emprenderían en el acto y dirían que es un pez fugitivo y cebado durante mucho tiempo en los viveros de César que se había escapado de ellos y que debía ser devuelto a su antiguo dueño”

Plinio, IX. 170 y ss nos informa quiénes fueron los inventores de las piscifactorías: La primera persona que crió de forma artificial las ostras fue Sergio Orata, en Baya, en tiempos de L. Craso, el orador, justo antes de la Guerra con los marsos. Por la misma época, Licinio Murena fue el primero en crear viveros de los demás peces.
Macrobio, III, 15, nos cuenta que el sobrenombre de Murena procede de su afición "desmesurada a este pez, al igual que Orata recibió este nombre su afición a las doradas (aurata),,...la nobleza siguió rápidamente su ejemplo: Filipo, Hortensio,…. (...) Lúculo perforó incluso una montaña, cerca de Nápoles, para abrir un canal y dejar entrar el agua con más gasto del que había hecho para construir su casa. Los peces de su vivero fueron vendidos tras su muerte pos unos cuarenta mil sestercios. C. Hirrio inventó antes que los demás un vivero exclusivamente de morenas y cedió en préstamo seis mil morenas para las cenas del triunfo del dictador César, se negó a recibir el valor de ellos en dinero o cualquier otra mercancía. Su casa, que era de carácter muy humilde en el interior, se vendió por cuatro mil sestercios, como consecuencia de la naturaleza valiosos de los estanques”

Plutarco, Lúculo, 39 nos habla también de Lúculo: “las canales con pescados de que rodeó su casa de campo”

En Eliano, XII, 30 podemos ver en qué lugares existían estos viveros:Peces mansos, dóciles a la llamada y que aceptan complacidos alimento, se encuentran en muchos lugares, por ejemplo, en Epiro, en la ciudad *** llamada antiguamente Estefanópolis; en el templo de la Fortuna, en las cisternas que bordean la subida; también en Heloro de Sicilia, que fue antaño fortaleza siracusana, y en el templo de Zeus de Labranda ", en la fuente de agua cristalina. Tienen collares de oro y pendientes, también de oro. Dista el templo de Zeus de Labranda de la ciudad de Milasa setenta estadios. […]También en Quíos, en el llamado .Puerto de los Ancianos hay multitud de peces mansos, a los cuales alimentan los ciudadanos para divertir la ancianidad de los más viejos. Y en el territorio comprendido entre los ríos Eufrates y Tigris se dice que hay una fuente transparente hasta el fondo y que de ella brota agua muy cristalina, que se convierte luego en el río Aborras. Y allí, bandadas de peces mansos brincan.”

Muchas veces, su amor a los pescados les llevaba a cometer excentricidades como podemos leer en las fuentes, que nos hablan de anguilas con collares y aros. Plinio, XXXII 16, 138 nos cuenta una curiosidad sobre un criadero de anguilas:” En la fuente de Júpiter Labraindo, las anguilas llevan pendientes” por ser peces criados en cautividad. Al respecto Eliano, XII, 30 nos afirma que “en el templo de Zeus que alza en Labranda, viven en una fuente clara unos peces que llevan collares de oro y aros de ese metal
Plinio, IX. 172: "En la misma casa de campo, Antonia, esposa de Druso, puso pendientes a una morena, a la que amaba mucho; su fama  atrajo a muchos visitantes al lugar”

En el mismo epígrafe Plinio nos cuenta los llantos de Hortensio ante el cuerpo sin vida de su morena:En Baulos, en el territorio de Bayas, el orador Hortensio tenía un estanque  en el que había una morena a la que llegó a estar tan unido que, al enterarse de su muerte, la lloró”
 
Algo parecido nos narra Macrobio III, 15  en el caso de Craso, antiguo censor que cuando se le murió la morena en el estanque de su mansión, vistió riguroso luto y la lloró como a una hija”

Dión Casio, LIV, 23 nos informa sobre la crueldad de Vedio Polión que “crió en cisternas algunas lampreas a las que acostumbró a comer carne humana y a ellas les arrojaba esclavos que mandaba matar. En cierta ocasión en que había invitado a comer a Augusto, el escanciador rompió una de las copas de cristal y él ordenó que lo arrojaran a las lampreas sin el mínimo respeto por su invitado”
La misma historia nos la cuenta Séneca. De Clementia. 1.18: Laudable es mandar con moderación a los esclavos, y no debes pensar hasta qué punto puedas hacerles sufrir con impunidad, […] porque todo hombre tiene la misma naturaleza que tú. ¿A quién no había de ser más odioso Vedio Polión que a sus mismos esclavos, cuando engordaba sus lampreas con sangre humana y hacía arrojar á los que le ofendían en un vivero lleno de verdaderas serpientes? ¡Hombre digno de mil muertes, ora reservase para su mesa las lampreas á que arrojaba sus esclavos para que les devorasen, ora no las tuviese sino para alimentarlas de esta manera!”. Y en su obra, De ira, III, 40: “no seas tú persona de tal manera importante, que puedas imponer tu autoridad, como hizo el divino Augusto la noche en que cenaba en casa de Vedio Polión. Rompió un esclavo un vaso de cristal; Vedio mandó que le cogiesen y le diesen una muerte poco común en verdad; quería que lo arrojasen a las enormes lampreas que llenaban su vivero. ¿Quién no hubiese creído que las alimentaba por lujo? era por crueldad. El esclavo se escapó, se refugió a los pies de César y pidió por toda gracia morir de otra muerte y no convertirse en pasto de peces. César se conmovió ante aquella cruel novedad, y mandó dar libertad al esclavo, romper ante sus ojos toda la cristalería y rellenar el vivero. De esta manera debía César castigar a su amigo; esto era usar bien de su autoridad. ¿Mandas sacar hombres del convite para desgarrarlos con nuevo género de tormentos? ¿Quieres por una copa rota dislacerar las entrañas de un hombre? ¿En tanto te estimas que impones pena de muerte delante de César?”


Para terminar comentar que el famoso pueblo de Viver que cuenta con Hermes y sus sueños como uno de sus más destacados ciudadanos tiene su origen en el término VIVARIUM por la gran cantidad de peces que lo caracterizaba, como atestigua su escudo, e incluso, se habla de la existencia de  alguna factoría de Garum.

Realmente nuestro divino dios no podía haber escogido un lugar mejor para albergar su morada.

Plurimam salutem!!!
*Imágenes propias, excepto la del escudo de Viver, extraida de este enlace.



11 comentarios:

Claudia Hernández dijo...

Qué entrada tan interesante, la verdad desconocía la antiguedad de la piscicultura... qué gozada tu blog-
Saludos

Charo Marco dijo...

Hola Claudia, muchas gracias por tu comentario. Es curioso, pues pocas cosas no tienen su origen clásico.
Saludos

Viena dijo...

Magnífica entrada Charo, magnífica.
Cuánto aprendemos en tu blog.
Me llaman la atención los contenedores de plomo, aquellos hombres debían desarrollar saturnismo con frecuencia. Un día me gustaría quizás que tratáramos el tema de esta enfermedad porque viendo los síntomas, es posible que veamos cosas interesantes que padecían los hombres de esta época. Debían hacer patogenesias colectivas, es un tema que me interesa. A ver si tengo tiempo y recopilo información para compartirla.
Muchas gracias por este buen trabajo, ha sido un placer leerlo.
Un abrazo.

Charo Marco dijo...

Querida Viena, muchas gracias por el comentario. Eres muy amable.
Coincido contigo con el tema del saturnismo, a mi también me interesa. Nos pondremos de acuerdo y podemos publicar algo interesante.
Un besito

Iaenus dijo...

Te recomiendo visitar la Illeta para ver un mágnifico vivero romano de agua salada

Charo Marco dijo...

Estimado Ianeus, en primer lugar muchas gracias por tu comentario. En segundo lugar, tendré que visitarla pues no tengo el placer de conocerla.

Saludos

Gabriel Castello Alonso dijo...

Como siempre, tan bien expuesto como apasionante... con estas anécdotas me das cancha para escenas de novela ¡Gracias!

Charo Marco dijo...

Hola Gabriel, muchas gracias por el comentario.
Me alegra que los artículos te sean de utilidad.

Saludos

Anónimo dijo...

Emilio
Los salazones de Iberia (o Hiberia, como escribían los latinos, perdiéndose la hache debido a los copistas bizantinos del siglo IX) eran los que tenían más reputación en época romana, Plinio nos narra incluso como en Carteia (San Roque, Cádiz) un pulpo gigante llegaba a encaramarse en un árbol para acceder a los viveros y darse un festín con el apreciado producto. Se podría pensar que el animal en cuestión sólo buscaba una captura fácil y en abundancia a pesar del trabajo de encaramarse al árbol y evitar la cerca que lo separaba del ansiado festín, pero cabe la posibilidad también de que pudiera tratarse de la reencarnación de un gastrónomo sibarita. El escritor latino Claudio Eliano también nos dejó una descripción de otro cefalópodo gigante tan aficionado a las salazones de nuestra tierra (tal vez fuera un descendiente del anterior), que en un lugar tan lejano de Hispania como Dicearquia (Italia) se las apañaba para atracar literalmente, y con el agravante de nocturnidad (sería un pulpo pero no un tonto), a unos mercaderes ibéricos parte de su cargamento de salazón (entre tanto mercader extranjero ya tenía criterio selectivo), para ello se infiltraba por una cloaca subterránea hasta llegar al lugar del preciado tesoro, no lejos de la playa, rompiendo con sus tentáculos las vasijas del ansiado producto, sólo su avaricia al repetir dos veces más tan insólita hazaña, hizo que, como el anterior, fuera capturado presa de su gula (por simple empatía hasta me cae bien el audaz octópodo). Ahora no vengamos, justamente, de su descendencia comiendo el exquisito pulpo del Atlántico, hecho “A la Feria”, en guiso con patatas, o de cualquier otra manera, que haciendo penitencia de sus pecados pasados ya queda sobradamente redimido.
Felices Fiestas

Charo Marco dijo...

Hola Emilio, gracias por tu comentario. Conocía las dos anécdotas que nos cuentas, son muy curiosas, aunque he de reconocer que tu narración de las misma me ha gustado mucho, por el sentido del humor que les aplicas.
Saludos y felices fiestas

Anónimo dijo...

Gracias, creo que como antecedente del famoso pulpo “Paul”, esta clase de historias, ciertas o no, se debían relatar en toda la costa mediterránea al calor del hogar, como diría Serrat, en las largas noches de invierno. Con estas pinceladas de humor con el trasfondo de los escritores clásicos, me gustaría rendir un pequeño homenaje al gran Julio Camba y a su obra “La casa de Lúculo o el arte de comer”, ejemplo de lo que representa un buen libro: ameno, didáctico y con algo de humor que nos hace más humano y cercano a quien lo escribe, que vivirá siempre en su obra y en esos momentos imperecederos que hicieron disfrutar al autor y hacen disfrutar al lector de cualquier época (nosotros que leemos también a los clásicos lo sabemos bien). Aunque es una obra algo antigua y la situación no es la misma que en el momento de escribir, lo sigo considerando un libro indispensable en cualquier estantería.
Como siempre, mi más cordial saludo.