domingo, 4 de marzo de 2012

TRICLINIUM, UNA SALA PARA COMER II



Esta semana nos vamos a centrar en otros aspectos interesantes sobre los TRICLINIA.
Comenzaremos por la colocación de cada invitado era designada de antemano por un esclavo llamado nomenclator, tras ser supervisada por el anfitrión para no tener quejas de los invitados: Séneca, De ira, 3, 37, 3: “… ¿Te desagradan en el convite las agudezas de los chistosos dichas para atormentarte? cuida de evitar las mesas demasiado numerosas: después del vino es más desenfrenada la licencia, porque hasta los mismos sobrios pierden el comedimiento”

Otro ejemplo lo leemos en Plutarco, Lúculo, XLI, que nos habla del papel del anfitrión en la organización de los banquetes: …Hoy se ha de cenar en Apolo”, que era el nombre de uno de los más ricos salones de la casa, en lo que no echaron de ver que los chasqueaba, porque, según parece, cada cenador tenía arreglado su particular gasto en manjares, en música y en todas las demás prevenciones, y así, con sólo oír los criados dónde quería cenar, sabían ya qué era lo que habían de prevenir y con qué orden y aparato se había de disponer la cena, y en Apolo la tasa del gasto eran cincuenta mil dracmas. Concluida la cena, se quedó pasmado Pompeyo de que en tan breve tiempo se hubiera podido disponer un banquete tan costoso. Ciertamente que, gastando así en estas cosas, Lúculo trataba su riqueza con el desprecio debido a una riqueza cautiva y bárbara”

Ateneo, II, 47 e y ss  nos cuenta la existencia del nomenclator:Después nos levantamos y nos reclinamos a la mesa cada uno como quiso, sin esperar como maestro de ceremonias al comandante del banquete”

Junto al nomenclator conocemos la figura del tricliniarcha, que era el encargado de la vigilancia de la limpieza del triclinio, además de hacerse cargo de controlar la cocina.

Por lo que respecta al número ideal de comensales era un mínimo de tres, por las Tres Gracias y un máximo de nueve, por las Nueve Musas, según aconseja Varrón, así nos lo atestigua Macrobio, Saturnalia, 1, 7:Conocéis creo el libro de las Sátiras Menípeas de Marco Varrón que lleva por título No sabes qué trae el véspero, en el que se fija el número de comensales según la norma siguiente: que no sea inferior al de las Gracias ni superior al de las Musas. Veo que aquí, si incluimos al rey del banquete, sois tantos como Musas hay”

 En el mismo sentido nos habla Aulo Gelio, 13, 11,1 y ss:De las sátiras de Marco Varrón es agradabilísimo el libro que se intitula Ignoras qué trae la tarde avanzada, en el cual diserta acerca del nº apropiado del convivio mismo. Dice que es conveniente que el nº de convidados empiece por el número de las Gracias y avance hasta el de las Musas, esto es, que principie en tres y termine en nueve, de modo que, cuando los convidados son muy pocos, no sean menos de tres; cuando sean  muy numerosos que no excedan de nueve. Pues no conviene- dice- que sean muchos, porque por lo general la turba es turbulenta y en Roma, al menos, está de pie, en Atenas está sentada; más nunca recostada”

Veamos qué nos cuentan las fuentes clásicas sobre el número de invitados:

Con siete asientos leemos Marcial, 10, 48: “…Estela, Nepote, Canio, Cerial, Flaco ¿venís? Mi sigma  tiene siete plazas; somos seis, añade a Lupo…”

Ejemplos de banquetes con nueve comensales son el banquete de Nasidieno, Horacio, Sátiras, 2, 8: El primero era yo y al lado Visco de Turios y más abajo, si no recuerdo mal, Vario, Vibidio al lado de Servilio Balatrón, a quienes Mecenas trajo de sopistas.  Nomentano estaba a un lado del jefe, Porcio al otro y Nasidieno

Con cuatro, Horacio, Sátiras, 1, 4, 86:Con frecuencia se ve cenar a cuatro en cada uno de los lechos”

Plinio, el Joven, en sus Epístolas L. I-3 nos habla de su triclinio: […] ¿Qué me cuentas de esos triclinios en los que tantos nos reuníamos a comer, o de esos otros reservados sólo para unos pocos íntimos?”

Pese a todo es necesario controlar el nº de invitados para que el banquete sea perfecto como nos comenta Séneca, Quaest. Nat. 4, 5: La cantidad en un banquete es adecuada mientras quiere seguir siendo banquete, pero si excede en número, hasta el punto que no es en sí algo acogedor ni sensible a la cordialidad ni familiar, deja de ser un banquete…De ahí que no correctamente los ricos actúan como chicos construyéndose casas de treinta lechos… Y la selección de entre un número grande de amigos se logra mediante el cálculo constante de la razón por la que se les invita”

En Ateneo, II, 47 f leemos cuál era el nº de lechos que podían haber en un comedor:Entre los antiguos existían comedores de tres lechos, de cuatro lechos, de siete lechos, de nueve lechos y así sucesivamente.
 Antífanes dijo: Juntándoos, como sois tres, en un comedor de tres lechos.
Frínico dijo: Había un hermoso comedor de siete lechos, y además otro comedor de nueve lechos.
Eubulo:
A-    Prepara un comedor de siete lechos
B-     De siete lechos, helo aquí
A-    Y cinco lechos sicilianos
B-    Di qué más
      A-Cinco almohadas sicilianos”

E incluso, podemos encontrar lechos para una o dos personas, biclinia o scimpodia, respectivamente. Así nos los mencionan Plauto y Aulo Gelio:

Plauto, Bacch. 720 y ss:” ¿dónde tenéis colocado el biclinio?”. También en 755: “Quiero que ahora mismo vayas a instalarte en el biclinio”. Comentar que frecuentemente este lecho para dos personas era utilizado por amantes.

Aulo Gelio, 19, 10, 1:”En mi visita a Frontón Cornelio que tenía gota. Lo encontré sentado en un lecho griego (in scimpodio Graeciensi)”

Resulta interesante tener presente que, según el puesto que ocuparan los comensales, se les denominaba de una manera, es decir, a aquel que estaba sentado en el lectus el número 1 se le llamaba summus o superior, al número 2 medius y al 3 infra o inferior.

En el dibujo se ve la colocación de los invitados:


Algunos ejemplos de asientos los encontramos en los siguientes autores:

Marcial, 6, 74, 1: Aquel que está recostado el último en el lecho medio, que se ha hecho la raya con ungüento en su calva de tres pelos y que excava y limpia con palillos de lentisco su boca entreabierta, está fingiendo, Efulano: no tiene dientes”

Tácito, Anales, 3,14:”… Sólo del cargo del envenenamiento pareció lograr exculparse, pues tampoco los acusadores pudieron apoyarlo sólidamente al argumentar que en un banquete de Germánico en que Pisón estaba colocado en el lugar precedente al de aquél, había envenenado con sus propias manos los alimentos.”

Plutarco, Brutus, 34: “Dio Casio de cenar aquella noche, y Bruto llevó consigo a sus amigos; cuando se habían sentado, se presentó Favonio, que ya iba bañado, y protestando Bruto que acudía sin haberle convidado, le dijo que pasara a la silla más alta; pero él penetró por fuerza y tomó asiento en el medio, y el convite no dejó de ser entretenido y ameno”

Plauto, Mostellaria, 43:”No todos pueden sentarse en el puesto de honor de la mesa

Plauto, Persa, 767:Y lo mismo me sucede a mí. Venga, venga, reclínate en el lecho de la izquierda

Plauto, Estico,  696:”Tú colócate a la izquierda, en el sitio de honor”

Plauto, Estico, 492:”Pues que los embajadores, de acuerdo con su alto rango, se recuesten en un alto lecho, que yo, en consonancia con mi baja condición, me sentaré en un bajo taburete”

El sitio de honor era el lectus medius. Y de sus tres plazas, el reservado para el invitado de mayor categoría era el número 3, al que se le daba el nombre de locus consularis.

El imus estaba reservado para los miembros de la domus y en concreto el anfitrión se sentaba en el número 1. En el momento en el que la esposa se pudo reclinar, lo hacía junto a él, es decir, en el número 2.

Al que llegaba tarde y no quedaban sitios, se le sentaba en una silla próximo a la mesa, subsellium, según leemos en Plauto, Estico, 703: ¿Y si cenamos como los cínicos, sentados en taburetes, en vez de reclinarnos en lechos?”

Y en Luciano, Conu, 13:”Las mujeres o los huéspedes que llegaban sin esperarlos se sentaban en sillas o taburetes adicionales”

Ya en el lecho, los comensales se sentaban oblicuamente, con los pies descalzos y lavados por un esclavo antes de entrar al triclinium, coronadas con flores sus cabezas y  sus cuerpos ungidos con aceite perfumado.

Estos lecti, si la sala no era muy grande, podían estar pegados a las paredes que estaban hermosamente decoradas con frescos y con bellos mosaicos [recordad el empleo del asaraton]. Así en Manilio, 5, 507 leemos:Los comedores compiten con los templos, con cubiertos de oro y vajillas de oro”

Muchos son los ejemplos que encontramos en los autores clásicos sobre la decoración de los triclinia y de peculiares artilugios que los caracterizaba.

Por ejemplo, Suetonio, Nerón, 31 nos habla del artesonado del techo (lacunaria):”Hizo construir otra que se llamó Domus Aurea (Casa de Oro)…El techo de los comedores estaba formado de tablillas de marfil movibles, por algunas aberturas de los cuales brotaban flores y perfumes”

También Valerio Máximo, 9, 1, 5 narra de la función de estos artesonados:Y cuando asistía a los banquetes solemnes con toga de triunfador y, al igual que los dioses, recibía sobre su cabeza coronas de oro que habían descendido desde el artesonado”. O Petronio, Satiricón,  60 que relata cómo bajaban coronas de oro con perfumes:No se nos dio mucho tiempo para admirar tan elegante pantomima; pues, de pronto, empezó a retumbar el artesonado y tembló todo el comedor. Yo, alarmado, me puse en pie y temí ver a algún equilibrista bajar del techo. No menos extrañados, también los demás invitados levantaron la cabeza en espera de alguna novedad enviada del cielo. He aquí, pues, que se abre de pronto el artesonado y desciende un gran aro, arrancado sin duda alguna enorme cuba; en toda la extensión de su circunferencia colgaban coronas de oro con frascos de perfume”

Séneca, Epístolas, 90, 15 nos informa sobre el cambio de los techos del comedor en cada servicio:¿En la actualidad, pues, juzgas acaso más sabio al que inventó el modo de hacer saltar a inmensa altura, por ocultas cañerías, el perfume del azafrán; que inunda los canales con súbita acometida de las aguas o los vacía; que ensambla los artesonados giratorios de los comedores de tal suerte que a un panel suceda sin interrupción otro distinto, y así los techos se muden tantas veces como los servicios de mesa; o más bien al que muestra a los demás y a sí mismo que la naturaleza no nos ha impuesto nada áspero, ni difícil, que podemos disponer de una mansión sin ayuda de marmolistas, ni de artesanos, que podemos ir vestidos sin recurrir al comercio de la  seda, que podemos tener los medios necesarios para nuestra subsistencia, si nos contentamos con aquellos que la tierra ha puesto sobre su superficie? “

La inclinación por la opulencia  y sofisticación llegaba a un punto tan extremo  como bien nos describe el Joven Plinio, IV- 30, cuando habla de un comedor construido en el interior de una gruta: “Existe allí (en mi ciudad natal) un arroyo que nace en las montañas, corre a través de las rocas y llega hasta una pequeña gruta acondicionada por el hombre a modo de comedor. Posee una naturaleza extraordinaria: como consecuencia de las crecidas y de las disminuciones regulares de su caudal, el arroyo se hace más grande y más pequeño tres veces al día. […] te tumbas a su lado, comes e incluso bebes del propio arroyo, pues es muy refrescante”

O la costumbre de construir pequeñas ventanas que comunican con el triclinio para pasar los platos o estancias contiguas para uso de los esclavos, según afirma el Joven Plinio, V- 6: “El lado del comedor que carece de ventanas da a unas escaleras  por la que los sirvientes, a través de un pasaje que queda oculto a los ojos, traen los platos en los banquetes importantes

En la época Imperial, los lecti triclinares fueron sustituidos por un lecho semicircular llamado STIBADIUM O SIGMA que se colocaba alrededor de una mesa redonda. En este caso los invitados solían ser ocho, como leemos en el epigrama de Marcial, 14, 87:”recibe esta sigma de concha en forma de media luna, en ella caben ocho, que venga el que se sienta verdadero amigo”


Para ubicar el stibadium lo normal era que la sala también fuera circular como nos cuenta Suetonio, Nerón, 31:”Hizo construir otra que se llamó Domus Aurea (Casa de Oro), de cuya extensión y magnificencia bastará decir que en el vestíbulo se veía una estatua colosal de Nerón de ciento veinte pies de altura;… El interior era dorado por todas partes y estaba adornado con pedrerías, nácar y perlas. …De estas salas, la más hermosa era circular, y giraba noche y día, imitando el movimiento de rotación del mundo


Al igual que en el triclinio con tres lecti, también en el stibadium estaban asignados los sitios según la categoría social, de manera que el lugar de honor estaría a la izquierda y a la derecha el segundo en importancia, como podéis ver en nuestro dibujo:



Para finalizar comentar que no sólo se han encontrado triclinios o biclinios en las domus sino también tumbas, adosados a la pared, en los que se festejaban estos días mencionados. Estos comedores estaban decorados con imágenes de pájaros, flores, retratos, escenas que recordaban la ocupación del fallecido, escenas de banquetes o mitológicas, mosaicos blancos y negros, etc.; imágenes hermosas con las que se recordaba los momentos perfectos pasados con los seres queridos.
Muchos de estos comedores no estaban cerrados al público, sino que rodeados de un  magnífico jardín, los caminantes podían observar estas reuniones.
Se han encontrado en algunas tumbas inscripciones invitando a comer y a beber, tanto al muerto como a sus familiares y visitantes.

Con este último apunte damos por terminado nuestro monográfico sobre los triclinia.

Plurimam salutem!

* Imágenes y dibujos propios

10 comentarios:

Isabel dijo...

Qué maravilla! no tengo más palabras ...

Charo Marco dijo...

Querida Isabel, muchas gracias por las hermosas palabras.
Saludos

Apicius dijo...

Como siempre un articulo muy interesante y didáctico.
Parece que anda usted con Ampara haber quien escribe mejor y más interesante, los escritos de ambas son espectaculares.
Una cosa mi librero no consigue que le manden el libro de La cocina Romana que usted lo comento en uno de sus escritos.
Difame por favor alguna librería que usted sepa que lo tienen para pedirlo.
Saludos

Gabriel Castello Alonso dijo...

Charo, un millón de gracias; ni te imaginas cómo me ayudan tus post a la hora de recrear ambientes... Y más, ahora que estoy novelando el segundo triunvirato ;-) Enhorabuena, amiga mía!!!!

Charo Marco dijo...

Estimado Apicius, gracias por su comentario.
Amparo y yo somos grandes amigas, además de trabajar juntas en Sagunto. Parece que al pasar tantas horas juntas, todo se "pega".
Con respecto al libro quizás lo pueda conseguir en la librería Aurea
(https://www.libreriaaurea.com/inicio.php)

Saludos

Charo Marco dijo...

Querido Gabriel, gracias por tus palabras. Me alegra mucho saber que De Re Coquinaria te resulta de utilidad.
Estaré pendiente de tu nueva novela.

Abrazos

Apicius dijo...

Muy agradecido por la información. Me pondré en contacto con ellos.
Saludos

Charo Marco dijo...

Gracias a usted.
Ya me cuenta.
Saludos

Anónimo dijo...

Una vez más enhorabuena por tus artículos. Saludos.
Emilio

Charo Marco dijo...

Hola Emilio, mchas gracias por tus palabras. Eres muy amable.
Saludos