En esta ocasión vamos de banquete a casa de Plinio, el joven, aunque uno de los invitados ha decidido no acudir, pero nosotros sí que iremos “¿Pero qué te ocurre? ¡Me prometiste acudir a una cena en mi casa y no te presentas! Ésta es mi sentencia: has de pagarme una multa equivalente al dinero que me ha costado la cena hasta el último as, y no es una cifra pequeña. Había preparado una lechu ga por persona, tres caracoles y dos huevos; había además gachas de espelta aderezadas con vino mulsum y nieve (pues también este gasto lo añadirás a tu lista, y es más, lo incluirás entre los primeros, pues se echó completamente a perder sobre tu plato), aceitunas, acelgas, calabazas, cebollas y muchos otros manjares, no menos de mil ni menos deliciosos. Habrías visto además actuar a un cómico o quizá habrías escuchado a un recitador, o puede que hubieses asistido a un recital de lira o incluso habrías disfrutado de los tres espectáculos, pues a tanto alcanza mi magnificencia. Y sin embarg...