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domingo, 31 de mayo de 2020

MENSA PODIALE AVT SEPVLCHRALIS



Con el nombre de MENSA PODIALE O SEPULCRALIS encontramos en el mundo romano un tipo de mesa funeraria, hecha de piedra o mármol que podía presentar diferentes formas como rectangular, cuadrada o incluso circular.



En los Museos Capitolinos de Roma encontramos numerosos ejemplos de este tipo de tabula que se podía ubicar en el pavimento de las necrópolis o en los columbarios.

                                     

La mayoría de estas mesas presentan características parecidas:

- Suelen tener una inscripción funeraria o titulus sepulchralis con el nombre de la persona fallecida o la relación familiar y las conocidas fórmulas:

D(is) M(anibus): “A los dioses Manibus”



T(e) R(ogo) P(raeteriens) D(icas) S (it) T(ibi) T(erra) L(evis): “te pido, de paso, para decir: ¡Que la tierra se encuentran ligeramente sobre usted!”



- Además de la inscripción, todas tienen en el centro un hueco de forma circular con un agujero o más de uno (infundibulum) que servía para verter las libaciones de leche, vino o miel (profusiones) a los difuntos durante el banquete fúnebre o los días conmemorativos para que así el fallecido participara del mismo.



Se han encontrado diferentes maneras de decorar esos infundibula. 

Desde una pátera como podemos ver en la imagen.  



Una concha, como nos muestra la foto:



O incluso un cuenco con doble asa:




 Como hemos visto, a través de los infundibula, el difunto también participaba del banquete en su honor con ofrendas varias como por ejemplo, alimentos líquidos: vino puro, miel, leche, sangre, agua, aceite de oliva, etc. 

Así nos lo narra Petronio, Satiricón, 65 y 66

“De todos modos pasamos un día muy agradable, aunque se nos obligó a verter sobre los pobres huesos del difunto la mitad de la bebida

Virgilio, Eneida, V, 77 y ss: 

“Luego, nace la aurora en el noveno día, iniciaré los juegos con regatas, […] Al punto se iniciará una inmenso cortejo hacia el sepulcro. La libación de rúbrica derrama sobre el suelo: dos vasos de vino puro, dos de leche fresca, dos de sangre de víctimas y en torno flores rútilas vierte, mientras dice: ¡Padre, yo te saludo![…] Con nuevo ardor renueva el sacro rito dudoso si tal vez sería el genio de aquel paraje o familiar espíritu servidor de su padre”. 

Sacrifica dos bidentes ovejas, dos lechones y dos toretes de atezados lomos. Luego vertiendo vino, el alma evoca del magnánimo Anquises a que suban de Aqueronte sus sagrados Manes”

También alimentos sólidos como cereales, lentejas, habas, queso, sal, huevos, frutas rojas (granada), pasteles de miel, gachas, etc.

Es importante tener presente que los alimentos ofrendados se consideraban primordiales para proporcionar vida y fertilidad. 

 A su vez, destacan por su color: 

Oscuro como son las legumbres y las flores (violetas); rojo como el vino, la sangre, algunas frutas (granada, fresas, cerezas, moras,…) o flores (rosas rojas); blanco que alivia la oscuridad como los huevos (simbolizan fertilidad), leche, queso, sal y harina. 
Transparente como el agua.  
Dorado  como la miel y el aceite de oliva (ambos curativos y muy beneficiosos), incienso (mirra) y cereales (trigo,…).

El cuidado de los seres queridos y su amor infinito queda bien patente en estas mesas funerarias.



Plurimam salutem!!


*Imágenes propias


domingo, 1 de noviembre de 2015

CEREMONIAS FUNERARIAS PRIVADAS

Coincidiendo con el Día de Todos los Santos, en el que los familiares van a rendir culto a sus seres queridos, dedicar unas líneas a las ofrendas fúnebres que se llevaban a cabo en la Antigua Roma en honor a sus difuntos dentro del ámbito privado.


 El pater familias, como sacerdote del hogar y representante de la unidad familiar, debía tener la responsabilidad de llevar a cabo estas fiestas en honor a los dioses Manes de la familia. 



DÍA DEL ENTIERRO



Al finalizar el entierro del difunto se sacrificaba a Ceres una cerda (porca praesentanea) y se llevaba a cabo un banquete funerario, silicernium, consistente en huevos, apio, habas, legumbres, lentejas, sal y aves de corral. 

AL NOVENO DÍA- FIN DEL PERIODO DE LUTO

A los nueve días del entierro e indicando el fin del periodo de luto, los familiares y amigos se reunían en una Cena Novendialis.

Horacio, Epodos, 17, 49: “Ya que no estas manchada por indignos progenitores, ni esparces, como hechicera advertida, las cenizas de los pobres en los sepulcros a los nueve días de su muerte. Tus manos son puras, tu pecho compasivo, tu vientre fecundo, y la matrona lava tus ropas teñidas de sangre cada vez que te levantas del lecho ágil y sana después de haber dado a luz

Se realizaba en los triclinios o biclinios adosados a la pared de muchas tumbas. Estos comedores estaban decorados con imágenes de pájaros, flores, retratos, escenas que recordaban la ocupación del fallecido, escenas de banquetes o mitológicas, mosaicos blancos y negros, etc.; imágenes hermosas con las que se recordaba los momentos perfectos pasados con los seres queridos.



 En algunas tumbas además de comedor, había adosados una cocina y un pozo.

 Si el monumento funerario no disponía de bancos de obra para comer, había un espacio para llevar muebles portátiles, en los que era necesario poner también una silla para el fallecido.

Muchos de estos comedores no estaban cerrados al público, sino que rodeados de un hermoso jardín, los caminantes podían observar estas reuniones e incluso se han encontrado inscripciones invitando a comer y beber, tanto al muerto como a sus familiares y visitantes.

Estos banquetes se llevaban siempre a cabo durante la noche y, los invitados debían ir ataviados con vestidos blancos. Solían acabar con cantos, música y danzas.

Petronio, Satiricón, 65 y 66, nos describe la cena fúnebre que celebró Escissa en honor a uno de sus esclavos, al que a título póstumo concedió la libertad: “Bueno, pero ¿qué es lo que habéis cenado?-pregunta Trimalción: Recuerdo que empezamos por un cerdo coronado con salchichas; a su alrededor había morcillas y además butifarras, y también mollejas muy bien preparadas; todavía había alrededor acelgas y pan casero, de harina integral, que, para mí, es mejor que el blanco. […] el plato siguiente fue una tarta fría cubierta de exquisita miel caliente de España. […] a su alrededor había garbanzos y altramuces, nueces a discreción y una manzana por persona. […] Como plato fuerte tuvimos un trozo de oso. […] si el oso puede comerse a la humana criatura con mayor razón el hombre puede comerse al oso. Por último tuvimos queso tierno, mistela, un caracol por persona y unos trozos de tripa, y unos higadillos al plato, y huevos con caperuza y nabos, y mostaza y un plato de mierda: ¡Basta ya Palamedes! (* frase que se empleaba para finalizar las enumeraciones) También pasaron una bandeja con aceitunas aliñadas. […] En cuanto al jamón se lo perdonamos".

Virgilio, Eneida, V, 77 y ss: “Luego, nace la aurora en el noveno día, iniciaré los juegos con regatas, […] Al punto se iniciará una inmenso cortejo hacia el sepulcro. La libación de rúbrica derrama sobre el suelo: dos vasos de vino puro, dos de leche fresca, dos de sangre de víctimas y en torno flores rútilas vierte, mientras dice: ¡Padre, yo te saludo![…] Con nuevo ardor renueva el sacro rito dudoso si tal vez sería el genio de aquel paraje o familiar espíritu servidor de su padre”. Sacrifica dos bidentes ovejas, dos lechones y dos toretes de atezados lomos. Luego vertiendo vino, el alma evoca del magnánimo Anquises a que suban de Aqueronte sus sagrados Manes”

El difunto también participaba del banquete en su honor, gracias a unos tubos de libación, a través de los cuales se les proporcionaban las ofrendas de flores (principalmente, rosas y violetas) e incienso y libationes.



Petronio, Satiricón, 65 y 66: “De todos modos pasamos un día muy agradable, aunque se nos obligó a verter sobre los pobres huesos del difunto la mitad de la bebida

Suetonio, Nerón, 57: Murió a los 32 años. Hubo quienes adornaron durante largo tiempo su tumba con flores, en primavera y en verano y expusieron en la tribuna de las arengas estatuas que lo representaban vestido con la toga pretexta”

 Las libaciones se hacían con las manos bien limpias. Se ayudaban de una pátera (platillo) y de un oinoché (jarra de vino) para llevar a cabo la ofrenda y así, invocar a los Manes, tras golpear la tierra con el pie, se gritaba, alto y claro, fórmulas rituales del tipo:





Salvete, Di Manes!

¡Oh dioses Manes,

vosotros que os habéis ido antes,

venid a nuestro hogar, dioses ancestrales

guiadnos y cuidadnos cuando nosotros

vayamos por los antiguos caminos,

para que seáis engrandecidos con esta ofrenda,

aceptad nuestro sacrificio/ libación u ofrenda!



FIESTAS EN HONOR AL MUERTO       

Además se celebraban fiestas privadas para conmemorar el dies natalis o el dies mortis del difunto, para ello se practicaban banquetes en las tumbas. El realizar estos banquetes en los mismos sepulcros animaba a visitar a los muertos, por lo que se potenciaba el recuerdo y la memoria colectiva.

Sabemos gracias a Ovidio, Fasti, II  que los Manes se conformaban con cosas pequeñas: “También las tumbas tienen su honor. Aplacad las almas de los padres y llevad pequeños regalos a las piras extintas. Los Manes reclaman cosas pequeñas; agradecen el amor de los hijos en lugar de ricos regalos. La profunda Estigio no tiene dioses codiciosos. Basta con una teja adornada con coronas colgantes, unas avenas esparcidas, una pequeña cantidad de sal, y un trigo ablandado convino y violetas sueltas. Pon estas cosas en un tiesto y déjalas en medio del camino. No es que prohíba cosas más importantes, sino que las sombras se dejan aplacar con éstas; añade plegarias y las palabras oportunas en los fuegos que se ponen.”




Los alimentos que se les ofrendaban a los muertos eran sencillos: cereales, lentejas, habas, vino puro, miel, leche, sangre, agua, aceite de oliva, queso, sal, huevos, frutas rojas (granada), pasteles de miel, gachas, etc. Alimentos no perecederos, alimentos primarios que a lo largo de la historia, han proporcionado vida y fertilidad a la Humanidad. 

A su vez, también se realizaban sacrificios de animales como ovejas negras, terneros negros, toros, cachorros de perros negros, gallos, etc. Lo normal es que fueran de color oscuro por estar vinculados a la oscuridad del mundo subterráneo. El animal deberá ser colocado con su cabeza hacia el suelo. A los Manes se les ofrece la sangre de la víctima, pues se creía que los espíritus se alimentaban de esta sangre (algunas veces, salada) y el animal a ofrendar se quemaba.



Buen día de Todos Santos

Plurimam salutem!

domingo, 10 de noviembre de 2013

UNA TUMBA PECULIAR


Esta semana vamos a hablar de una hermosa tumba que se encuentra en la necrópolis de Pompeya, a las afueras de la puerta del Vesubio.

Fue dedicada a Caius Vestorius Priscus, un edil que murió alrededor del 70 ó 71 a. C, a los 22 años y fue erigida por su madre Mulvia Prisca.

Este monumento es digno de mención por los frescos decorativos de sus paredes pues en ellos aparecen algunos motivos relacionados con el mundo culinario.

Empecemos con la lectura de la inscripción en honor al magistrado. El texto dice:


"C (AIO) VESTORIO PRISCO aedil (i)
Vixit ANNIS XXII
LOCVS SEPVLTVRAE DATVS ET EN
FVNERE SESTERTIUM DUO MILIA
D (ecreto) D (ecurionum)
MULVIA PRISCA MATER P (ecunia) S (ua)

"Para Gayo Vestorius Prisco, edil.
Vivió 22 años.
Su tumba fue concedida, junto con 2.000 sestercios para su funeral por decreto de los decuriones. 
Mulvia Prisca, su madre, [lo costeó] con su dinero”.

Como vemos se trata de un personaje importante que se relacionaba con la élite municipal de Pompeya, hecho que justifica la excelencia del monumento.

Su tumba es muy peculiar. Se puede ver un altar funerario elevado, totalmente vallado. Para acceder al interior hay que atravesar una pequeña puerta posterior.

Al entrar se puede disfrutar de unos hermosos frescos que decoran la base del altar. Todas las pinturas están vinculadas a la vida y muerte de este joven magistrado.

Veamos algunos de estos frescos:
  • Entre ellos  se puede distinguir al joven ejerciendo sus tareas administrativas de edil, sentado en el tribunal y escoltado por unos lictores.


  • En otra de las paredes aparece representado una pareja de gladiadores luchando que puede tener una doble explicación:
                     a) Indicar una de las funciones de su cargo: organización de los espectáculos públicos (munus)

     b) Hacer referencia a la celebración de Ludi Scaenici (principalmente, Gladiatorii) en honor a los difuntos si se trataba de difuntos de estatus social elevado como bien nos indican las fuentes clásicas:

Dión Casio, XXXVII, 51:

“En estas fechas Fausto, el hijo de Sila, celebró en memoria de su padre un concurso de gladiadores y obsequió con magnificencia al pueblo, proporcionándole gratuitamente baños y aceite”

Suetonio, Calígula, XV:

“Instituyó asimismo oficialmente sacrificios a sus Manes que se celebrarían cada año, y además, en honor a su madre, unos juegos circenses y una carroza para llevar su imagen en procesión”

Suetonio, Julio, I, 26:

“Con el dinero obtenido de la venta del botín, prometió al pueblo un combate de gladiadores y un banquete en memoria de su hija, cosa que nadie había hecho antes de él. Para conseguir más expectación posible ante estos festejos, preparaba en su casa también todo lo concerniente al banquete, aunque lo hubiese alquilado a los abastecedores del mercado”

  • Otro fresco interesante es el que muestra la celebración de un banquete en el que se intuyen cinco personas recostadas brindando alrededor de una mesa circular y parece que un toldo cuelga sobre los comensales, por lo que se podría pensar que se trata de una celebración en un triclinium estival.
A la derecha de los comensales se puede apreciar a un esclavo detrás de una mesa en la que hay vasijas y copas de plata destinadas a ser utilizadas a lo largo del banquete.



La interpretación de esta escena  presentaría dos posibilidades:

    a)  Un banquete funerario, según había costumbre en el ámbito privado. Así pues el pater familias, como sacerdote del hogar y representante de la unidad familiar, debía tener la responsabilidad de llevar a cabo estas fiestas en honor a los dioses Manes de la familia. 
Ante el fallecimiento de un familiar, se llevaban a cabo unos banquetes iniciales, el silicernium, que consistía en una comida fúnebre después del entierro en el que, tras sacrificar una cerda a Ceres (porca praesentanea), se servían huevos, apio, habas, legumbres, lentejas, sal y aves de corral. 

A los nueve días del entierro, los familiares y amigos se reunían en una Cena Novendialis. Tras esta cena, los familiares se incorporaban de nuevo a la vida social.

-             b)   Un banquete familiar- social,  que recordaría la vida cotidiana del difunto y su buena situación social.  Quizás el banquete sea para festejar algún acontecimiento importante o para buscar respaldo político.

Junto a esta pintura se puede observar otra que representa a un pavo real con su cola recogida y diferentes imágenes de jardines con fuentes, árboles y entramados de madera. Destacar el árbol con granadas, fruta muy vinculada al mundo funerario.



  • Quizás uno de los frescos más significativos y bien conservados de la tumba es el que se encuentra a la parte interna del muro norte, en el que se aprecia una mesa (mensa vasaria) situada delante de unas cortinas rojas a modo de telón de fondo.

    La colocación de esta mesa vasaria junto a la escena del banquete no es casual, el objetivo es que el visitante pueda apreciar ambos frescos a la vez como una escena unitaria.
Sobre la mesa aparece expuesto un bello ajuar de plata con todo lo necesario para servir la bebida en banquetes importantes.


Podemos distinguir una cratera en el centro de la mesa, a cada uno de los lados se perciben los mismos objetos, como un juego de simetría pero jugando con los tamaños y formas: dos grandes copas, dos jarras, dos ritones a modo de cuernos, cuatro cálices, cuatro pequeños cyathus y dos cucharas para mezclar el vino y el agua.


Debajo de la mesa podemos distinguir una jarra y una patera que parecen de bronce si se comparan con el brillo de los objetos de plata que hay sobre la mesa. En los laterales también hay pintados unos jarrones de plata.

Llama la atención que las piezas de plata están perfectamente colocadas y no han sido usadas, evidentemente es un signo de gran categoría social, de lujo y principalmente de ostentación. Se trata de un escaparate para el visitante que muestra la importancia de este personaje no sólo en la sociedad del momento, sino también se busca que esa importancia perdure en el tiempo.

Visitar hoy en día la tumba de Vestorius Priscus produce la misma sensación de admiración que produciría a los antiguos romanos.

Plurimam salutem!



*Las imágenes han sido extraídas de estos enlaces: