domingo, 5 de abril de 2026

ICTIOMANTES

Aunque no se trata de un tema específicamente culinario, hay un aspecto interesante que encontramos en el mundo grecorromano que es la ICTIOMANCIA, es decir, la adivinación por medio de los peces de los términos  ἰχθύς  (pez) y μαντεία: adivinación.



Pese a que la adivinación era muy empleada en el día a día, hay que reconocer que la ictiomancia no fue una de las prácticas más utilizadas en la búsqueda de presagios, pues no está tan documentada en las fuentes clásicas como el estudio del hígado de los animales.

Consistía en observar el movimiento y el comportamiento de los peces en el agua, principalmente en las aguas consideradas sagradas, pero también en intuir presagios cuando se estudiaban sus entrañas. 

Plinio, HN IX, 16 (22) narra una curiosidad: "Hay también, en esta parte de la naturaleza, augurios y hay también,en los peces, pronósticos: durante la guerra de Sicilia, mientras Augusto paseaba por la playa, un pez le saltó desde el mar a los pies. Ante esta señal los adivinos respondieron que, dado que Sexto Pompeyo había adoptado entonces a Neptuno como padre — tan grande era la gloria de sus batallas navales—, los que poseían en aquella época los mares habrían de estar bajo los pies del César"

Veamos qué nos cuentan las fuentes clásicas sobre esta práctica adivinatoria.

Sobre en qué lugares se empleaba esta técnica, sabemos que había dos lugares que han pasado a la historia como eran Licia y  Hierápolis, en los que había un manantial dedicado a Apolo y otro a Venus, respectivamente.

Eliano, Hª de los animales, VIII, 5: "Me he enterado también de que hay una aldea licia entre Mira y Felo, llamada Sura, en la que algunas personas se aplican a la observación de los peces para adivinar y conocer lo que indica el acudir y marcharse cuando se les llama, y qué quieren significar el no obedecer a la llamada o el acudir en gran número, y oirás estas proféticas manifestaciones a los sabios, cuando un pez salta y emerge de la profundidad y cuando acepta la comida o, por el contrario, la rehúsa"

En el libro Sobre la inteligencia de los animales, Moralia, IX, 23 Plutarco dice lo siguiente: "la raza de los acuáticos tampoco es ajena ni está desprovista de Las dotes adivinatorias que en tanta estima tienes. Como que he oído decir que en Sura, una aldea de Licia entre Felo y Mira, se sientan a observar los movimientos natatorios, las escapadas y persecuciones de los peces y por ese medio practican una adivinación con sus reglas y su sistema, como se hace con las aves"

Plinio, en Historia Natural 32.17 nos describe cómo era esta práctica: "Pero en Mira, en Licia, en el manantial de Apolo llamado Kourion, cuando se les llama tres veces con la flauta, los peces acuden para dar respuestas oraculares. Si los peces muerden la carne que se les arroja, es favorable para los que consultan, y si la rechazan con la cola, es desastroso. En Hierápolis, en Siria, los peces del estanque de Venus obedecen la voz de los ministros del templo"


Sobre cómo se realizaba

Se cree que la forma de observar a los peces consistía en lanzar al agua ofrendas de comida (carne asada o hervida y tortas de cebada o trigo) sujetas a un espetón de madera y según la reacción del animal interpretar el presagio. Si intentaba comer el alimento lanzado era un buen augurio. Si, por el contrario, lo desechaba con la cola, era malo.

Ateneo en su libro VIII, 333 e y ss trata sobre la ictiomancia: "Pero no voy a dejar de mencionar  tampoco a los «ictiomantes» de los que habla Policarmo en el libro segundo de su Historia de Licia [FGrH 770, fr. 1], escribiendo así: «En efecto, cuando cruzan en dirección al mar, junto a la costa, por donde está el bosque sagrado de Apolo en el que se halla el remolino, cerca de la playa, se topan quienes quieren consultar el oráculo con dos espetones de madera, cada uno de ellos con unos trozos de carne asada, en número de diez.el sacerdote se sienta junto al recinto sagrado en silencio, mientras que el consultante arroja los espetones al remolino y contempla lo que sucede. Tras el lanzamiento de los espetones, se llena de agua el remolino y aparece una multitud de peces tan grande y de tal clase, que causa asombro lo que se puede ver del fenómeno; por su tamaño hasta producen prevención. Y es cuando refiere las especies de los peces el intérprete cuando el consultante obtiene del sacerdote la respuesta del oráculo a lo que preguntó. Lo que aparecen son meros, glaucos, algunas veces incluso ballenas o peces sierra, pero también muchos peces raros y extraños a la vista». 

Artemidoro, por su parte, en el décimo libro de sus Escritos geográficos [121 Stiehle], afirma que la gente del lugar cuenta que brota una fuente de agua dulce en la que se producen remolinos, y que en el punto donde giran se crían también grandes peces. Quienes celebran sacrificios les arrojan primicias de las víctimas, clavando en espetones de madera carne hervida y asada, así como panes de cebada y de trigo. Reciben el puerto y el lugar en cuestión el nombre de Dino (Remolino)"

También habla sobre cómo reaccionan los peces sagrados de Mira y de Hierápolis en el libro XII, 1 y ss: "Hay una bahía en Mira de Licia que tiene una fuente, y hay allí un templo consagrado a Apolo. El sacerdote de este dios distribuye la carne de las vacas que le sacrifican, y acuden en tropel los «orfos»  y comen la carne como comensales invitados a un banquete. Los oferentes se alegran y consideran un buen augurio para ellos el banquete de los peces y dicen que el dios les es propicio porque los peces se sacian con su carne. Pero si con sus colas arrojan la carne a tierra, como despreciándola y considerándola corrupta, creen que esto significa la cólera del dios. Los peces reconocen la voz del sacerdote y se complacen en obedecer a aquellos por los cuales son llamados; mas si hacen lo contrarió; les causan dolor.

En la antigua Bambice, llamada Hierápolis desde que Seleuco le puso nombre, los peces son sagrados, nadan en compañías y tienen sus jefes, que son los primeros en comer el alimento que se les echa. Más que los otros peces mantienen entre sí relaciones cordiales y viven en paz, bien porque la diosa  les inspira la concordia o porque, saciados con el alimento que se les echa, se abstienen de devorarse unos a otros y ni siquiera conocen esta práctica"
 
Para terminar, sería interesante comentar que Heródoto hace referencia a los peces en ciertos pasajes de sus Historias, como portadores de presagios divinos. Así, en el episodio de Polícrates (Hª, III, 42), en el que aparece un anillo en el interior de un pez, signo interpretado como indicio del destino inexorable del tirano.
Asimismo, otros relatos de prodigios, como el de peces que “reviven” de manera extraordinaria (Hª. IX, 120), muestran que los fenómenos relacionados con los peces podían ser leídos en clave augural. 
Aunque estos testimonios no permiten hablar de ictiomancia en sentido estricto, sí evidencian que, para Heródoto, los peces podían actuar como mediadores de lo divino.

Podemos concluir que la ictiomancia no aparece en las fuentes clásicas como una práctica claramente definida. Algunos autores la citan de manera indirecta sin describir en detalle la técnica formal de adivinación mediante peces, pero dan testimonio de que los animales podían ser portadores de signos y presagios.  En este sentido, la ictiomancia nos muestra que lo natural y lo divino se entrelazaban.

Plurimam salutem!


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